UN COSTE INACEPTABLE

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Cristina Narbona

Mientras escribo estas líneas, todavía se desconoce el resultado final del gravísimo accidente nuclear de Fukushima. Aunque se consiguiera interrumpir inmediatamente la fuga de radiactividad y evitar una catástrofe aún mayor, lo acaecido se considera ya, por parte de la mayoría de los expertos, de una gravedad sólo superada por Chernóbil. Y resulta intolerable el esfuerzo por minimizar las consecuencias de Fukushima por parte de quienes siguen insistiendo en la inevitabilidad del uso creciente de la energía nuclear.

Intolerable, ante todo, desde el punto de vista democrático: los ciudadanos tienen derecho a saber cuáles son los riesgos reales y cómo se gestionan por parte de empresas y gobiernos, así como quién asume responsabilidades y quién sufraga los costes en el caso de accidentes en las centrales nucleares. Fukushima es un trágico ejemplo de riesgos no adecuadamente contemplados y de costes, sin duda incalculables, que recaerán, sobre todo, sobre los contribuyentes japoneses. La empresa Tepco ha pedido ya ayuda estatal para financiar las actuaciones que está llevando a cabo en la planta en su intento de frenar los efectos del accidente. Una manifestación más del modelo económico aún imperante –“socialización de costes/privatización de beneficios”– con escasa o nula penalización de las decisiones empresariales de alto riesgo, bien evidente tras el estallido de la crisis financiera internacional.

EN LAS TRINCHERAS DE LA GLOBALIZACIÓN

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EL ÉXITO DE 'INSIDE JOB' PONE EL FOCO SOBRE UNA NUEVA OLA DE DOCUMENTALES VOLCADOS EN LA DESCRIPCIÓN DE UN MUNDO EN DESCOMPOSICIÓN

Carlos Prieto, en 'Público'

Influir sobre la realidad política es uno de los sueños húmedos de los documentalistas sociales. Charles Ferguson, director de Inside Job, puede presumir de haber resucitado el debate sobre la responsabilidad del crashfinanciero de 2008. Pero Inside Job, que puso en aprietos a algunos peces gordos de Wall Street, no es la única cinta con un enfoque novedoso sobre los numerosos frentes de la crisis global. De los bastidores del comercio mundial de mercancías a la gentrificación de los barrios, el documental contemporáneo se ha volcado en la descripción de un mundo en crisis.


Libre mercado
Premiada en Venecia y Gijón, 'The Forgotten Space' es una de las mejores descripciones hasta ahora sobre los efectos de la globalización capitalista. Sus directores, Noël Burch y Allan Sekula, se sumergen en las tripas de las rutas del transporte marítimo de mercancías para mostrar los costes sociales del libre comercio internacional. La crisis vista a través de los grandes cargueros de contenedores que pese a la creencia de que la globalización ha abolido las distancias siguen moviendo con lentitud el 90% de las mercancías mundiales. "Nuestra premisa es que el mar sigue siendo el espacio crucial de la globalización. En ningún otro lugar se hace tan patente la desorientación, violencia y alienación del capitalismo contemporáneo", dicen sus directores. (Trailer)

ISLANDIA ENJAULA A SUS BANQUEROS

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Claudi Pérez, en 'Negocios', El País

Se busca. Hombre, 48 años, 1,80 metros, 114 kilos. Calvo, ojos azules. La Interpol acompaña esa descripción de una foto en la que aparece un tipo bien afeitado embutido en uno de esos trajes oscuros de 2.000 euros y tocado con un impecable nudo de corbata. Se ve a la legua que se trata de un banquero: este no es uno de esos carteles del salvaje Oeste. La delincuencia ha cambiado mucho con la globalización financiera. Y sin embargo, esta historia tiene ribetes de western de Sam Peckinpah ambientado en el Ártico. Esto es Islandia, el lugar donde los bancos quiebran y sus directivos pueden ir a la cárcel sin que el cielo se desplome sobre nuestras cabezas; la isla donde apenas medio millar de personas armadas con peligrosas cacerolas pueden derrocar un Gobierno. Esto es Islandia, el pedazo de hielo y roca volcánica que un día fue el país más feliz del mundo (así, como suena) y donde ahora los taxistas lanzan las mismas miradas furibundas que en todas partes cuando se les pregunta si están más cabreados con los banqueros o con los políticos. En fin, Esto es Islandia: paraíso sobrenatural, reza el cartel que se divisa desde el avión, antes incluso de desembarcar.

El tipo de la foto se llama Sigurdur Einarsson. Era el presidente ejecutivo de uno de los grandes bancos de Islandia y el más temerario de todos ellos, Kaupthing (literalmente, "la plaza del mercado"; los islandeses tienen un extraño sentido del humor, además de una lengua milenaria e impenetrable). Einarsson ya no está en la lista de la Interpol. Fue detenido hace unos días en su mansión de Londres. Y es uno de los protagonistas del libro más leído de Islandia: nueve volúmenes y 2.400 páginas para una especie de saga delirante sobre los desmanes que puede llegar a perpetrar la industria financiera cuando está totalmente fuera de control.

ANTES DE LA POLÍTICA

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Javier Cercas, en el 'Semanal' de El País

Hace poco denunciaba Irene Lozano en este periódico la ola de antipolítica que amenaza con inundarnos, y sostenía que ese asco de la política era sobre todo visible en los medios de la derecha, pero no excluía a toda la fauna mediática e intelectual. Llevaba razón. Tras la penúltima explosión de corruptelas políticas, yo mismo publiqué en esta columna un desahogo titulado Yo me bajo en la próxima. Como todos los desahogos, estaba lleno de santa ira; como todas las santas iras, era pecaminoso, impresentable: no importa que sus premisas fueran correctas -la democracia española es una partitocracia integrada por clubes antidemocráticos donde se premia más la adulación que el talento, los partidos no tienen interés en atajar la corrupción, sino apenas en arrojársela a la cara, etc.-; la conclusión era equivocada: si nosotros nos bajamos de la política, quienes se suben a ella son Berlusconi, Laporta y otras joyas de parecidos quilates. Como viene a decir Lozano, el remedio contra la mala política no es menos política, sino más. "Las democracias más sanas", concluye, "son aquellas en las que los ciudadanos contemplan no como un derecho, sino como un deber cívico, el dedicar algunos años de su vida a la política".

MÁS DE 400 MILLONARIOS CON CUENTAS OPACAS EN SUIZA DESOBEDECEN A HACIENDA

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Visto en 'Cuartopoder.es'

Más de la mitad de los 659 evasores fiscales con cuentas millonarias en Suiza no han hecho caso a los requerimientos de la Agencia Tributaria y se sospecha que 151 de los 293 que han aceptado presentar declaraciones complementarias o extemporáneas han falseado los datos. Sin embargo Hacienda no ha iniciado ningún procedimiento penal contra ellos ni ha puesto los datos en manos de la Fiscalía, lo que facilita la prescripción de sus delitos.

No eran 3.000 los españoles con cuentas millonarias en Suiza sino 659, según los datos que facilitó la semana pasada la vicepresidenta Elena Salgado a los diputados del PPBaudilio Tomé y Ana María Madrazo. Salgado ya advirtió que se trataba de 3.000 cuentas pero algunas podían estar a nombre de una misma persona, como así resultó. En concreto, los titulares eran esos 659. Las cantidades que atesoraban no han sido reveladas con precisión pero oscilan entre 6.000 y 10.000 millones de euros, según explican las fuentes consultadas.

LA JUVENTUD INDIGNADA SE LEVANTA CONTRA EL 'NINISMO'

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Diego Barcala, en 'Público'

Primero reclamaron un trabajo fijo. Después, una vivienda digna. También una educación pública que no obedeciera al modelo empresarial. Con esas banderas llegaron a 2008 y la crisis arrasó sus ilusiones disparando el paro juvenil por encima del 40%, según la Encuesta de Población Activa del último trimestre de 2009. Nació entonces el perverso concepto de la generación nini (ni estudia ni trabaja) contra la que ahora se rebelan.

"Vengo de una entrevista de trabajo. Si tengo suerte y ellos también me contratarán para trabajar de becario por 300 euros", ejemplifica Pablo Padilla, estudiante de Antropología de 22 años que presentó ayer junto a un grupo de estudiantes apoyado por 15 asociaciones universitarias la plataforma Juventud sin futuro. El objetivo de estos estudiantes es tratar de demostrar que protestar "sí sirve". Por eso han escogido el siguiente lema: "Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo". El próximo 7 de abril se manifestarán en toda España para mostrar su descontento con la salida que el Gobierno ha escogido para salir de la crisis económica.

VIENTOS DE ESPERANZA

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 Jose L. García Ortega

Últimamente parece que el viento sólo trae malas noticias, envueltas en la imparable radiactividad que se dispersa desde Fukushima. Parece que no queda otra que hundirse en el desánimo, al comprobar las desastrosas consecuencias que provoca la energía más monstruosa.

Pero tenemos motivos para la esperanza, podemos levantar la cara al viento y comprobar que, gracias al viento, nuestro sistema energético puede cambiar. Está cambiando ya.

Esta semana se ha conocido la noticia de cómo, por primera vez, la energía eólica ha sido la que más electricidad ha aportado en España en todo un mes, superando a todas las demás (nuclear, gas, hidráulica...). De toda la electricidad que hemos consumido en el mes de marzo, el 21% se generó con el viento, sin quemar nada, sin fisionar nada. Tanta energía como la que consume un país como Portugal.

El cambio del sistema energético no está ocurriendo solo en España. De hecho nuestro país, que fue uno de los líderes mundiales del desarrollo de las energías renovables, ocupa ahora el octavo lugar entre los países del G-20 por inversiones realizadas en renovables en 2010. Es uno de los datos del interesante informe que acaba de publicar el prestigioso Pew Charitable Trusts, titulado: ¿Quién esta ganando la carrera de la energía limpia?

 

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