LA GRAN CRISIS DE LAS PENSIONES (PRIVADAS)

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Pere Rusiñol

La crisis de las pensiones ha dejado de ser una hipótesis discutible para dentro de 25 años y se ha convertido en una dolorosa y empírica realidad. Pero no para el sistema público, que en España sigue con holgado superávit, sino para los fondos privados, que se hundieron en todo el mundo con el crash y que ahora luchan por mantener las prestaciones prometidas o incluso por evitar el colapso.

La crisis privada tiene una gran repercusión pública: economistas de amplio espectro desde la crítica Miren Etxezarreta, catedrática emérita de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), hasta el liberal Alejandro Inurrieta, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles detectan una relación entre el hundimiento de los fondos privados que manejan en los mercados mundiales 12,7 billones de euros, el equivalente a 12 veces el PIB de España y el 27% del PIB mundial y la renovada presión de los mercados en favor de recortes en los sistemas públicos de pensiones.

La conexión entre los fondos privados y los recortes públicos viene de lejos. A mediados de la década de 1990 ya proliferaron los estudios que auguraban la quiebra de los sistemas públicos de pensiones y exigían recortes inmediatos o privatizar las pensiones. Los lanzaron simultánemente instituciones internacionales, como el Banco Mundial (1994), y los servicios de estudios de las entidades financieras, las principales interesadas en el desarrollo de los fondos privados.

En todos los casos se advertía de que el envejecimiento de la población llevaría a la quiebra del sistema público. En consecuencia, se aconsejaba pasar de un sistema de reparto, en el que todos los trabajadores están obligados a cotizar para pagar las pensiones de los jubilados actuales, a otro de capitalización, en el que cada cual ahorra para su propia pensión futura a través de una entidad bancaria.

El boom’ de los 90

Entre 1995 y 2000, coincidiendo con esta primera concatenación de informes, los fondos privados vivieron un auge excepcional: pasaron de gestionar 4,9 billones de euros a 11,5 billones en sólo cinco años. En España, donde la catarata de estudios partió del Círculo de Empresarios y tuvo aportaciones de los servicios de estudios de las principales instituciones financieras, pasaron en el mismo periodo de 13.000 a 38.000 millones de euros.

Entonces, el horizonte de quiebra solía situarse ya en el año 2000, pero el derrumbe no llegó. Al contrario: desde entonces todos los ejercicios de la Seguridad Social se han cerrado con superávit.

Pese a los errores, las instituciones insisten periódicamente con nuevos informes equivalentes. El Círculo de Empresarios, por ejemplo, lanzó el último en junio de 2009, sin mencionar que en 1996 pronosticaba que el sistema público español acumularía hoy un déficit equivalente al 10,74% del PIBcuando en realidad hay una hucha de ahorro que equivale al 6% del PIB.

En cambio, la amenaza de quiebra sí planea sobre los fondos privados de capitalización, que, al estar mayoritariamente vinculados a la evolución de la bolsa, se han hundido como consecuencia del colapso financiero de 2008.

"La crisis financiera ha mostrado el punto débil de los fondos privados. Y muchos gobiernos que habían pensado en una privatización parcial se lo han pensado mejor", apunta Vicenç Navarro, catedrático de la Universitat Pompeu Fabra (UPF). Los nuevos nichos de negocio previstos se han cerrado justo cuando eran más necesarios para el sector.

Las cifras son demoledoras: en 2008, los fondos privados en el mundo perdieron el 18,3% de su valor, según Inverco, patronal de la inversión colectiva en España. Y la caída fue generalizada: del 37% en Reino Unido, que sigue por debajo del nivel de 2000, el 27% en Canadá, el 20% en EEUU, el 9% en España...

En EEUU, que reúne fondos privados cuyo patrimonio supera los siete billones, más de la mitad de los activos mundiales, la crisis ya ha estallado. De forma virulenta y con presencia en los principales medios de comunicación.

Illinois es el Estado más amenazado. Su agujero es tan grande que, según cálculos del economista Joshua Rauh, incluso en el caso de que sus fondos privados lograran retornos del 8% anual una cifra que hoy parece quimérica sólo podría aguantar como mucho hasta 2018.

CalSTRS, el fondo de los profesores de California y séptimo del mundo, tiene un agujero de 43.000 millones. Y, según Rauh, hay un mínimo de 31 Estados en EEUU amenazados de quedarse pronto sin dinero para pagar las pensiones prometidas por su sistema privado de capitalización.

Sólo el 25% cotiza

"Vamos hacia una crisis de proporciones monumentales", ha advertido el economista, que ha calculado que un rescate público para salvar los fondos de pensiones amenazados exigiría al menos un billón de dólares. Rauh estima que en el sistema estadounidense sólo el 25% de los trabajadores cotizan en la Seguridad Social. El resto opta por capitalizar de forma privada su ahorro.

En Europa, la situación no es mucho mejor. El año pasado, al calor de la mejora financiera, se recuperó parte del valor perdido. Pero se multiplican los indicios de que la crisis es muy de fondo.

Un informe de la OCDE del pasado julio, Pension Market in Focus, mostraba "preocupación" por "los resultados a largo plazo" de estos fondos. Y advertía de que deberían lidiar con "nuevos retos", más allá de la crisis: "la retirada de la generación del baby-boom, incertidumbre sobre la fortaleza de la recuperación, la debilidad del mercado de bonos y posibles cambios en la regulación de los mercados financieros".

Los últimos datos en España son también significativos porque el negocio, tras recuperarse en parte en 2009, vuelve a caer en 2010: según Inverco, en el primer trimestre se evaporaron 2.696 millones de euros de los fondos

Y Holanda, una de las potencias europeas del sector, lanzó un SOS la semana pasada: los cinco principales fondos del país incluido ABP, que con un patrimonio de 229.000 millones es el tercero del mundo anunciaron que se ven obligados a recortar las pensiones prometidas a sus jubilados.

El informe de la OCDE se publicó en julio, coincidiendo con el lanzamiento por parte de la Unión Europea de su enésima exigencia para que los Estados miembros aplacen la edad de jubilación, ahora en forma de Libro Verde.

"El escenario que se promueve es el anglosajón, donde se fueron reduciendo las pensiones públicas para hacer inevitable el complemento privado", subraya Etxezarreta. "La crisis de los fondos privados es tan fuerte que sus lobbies presionan ahora muchísimo", recalca Inurrieta.

Sistemas mixtos

Descartada a corto plazo la sustitución de un sistema de reparto por uno de capitalización como reclamaban los papers de los años 90, la industria presiona para avanzar al menos hacia este sistema mixto que apunta Etxezarreta. Lo deja claro el reciente informe de la patronal española, Inverco, El impacto de la crisis económica y financiera en la inversión colectiva y en el ahorro-previsión, elaborado por Analistas Financieros Internacionales.

El informe pide que los trabajadores tengan la opción "de llevarse una parte prefijada de las cotizaciones pagadas al sistema público a un esquema obligatorio de pensiones privadas de capitalización". Y deja muy claro y de forma reiterada que el sector no crecerá mientras el sistema público siga siendo tan bueno: "El que las pensiones públicas sustituyan en porcentajes muy elevados a los salarios previos a la jubilación implica que hay poco margen para la expansión de las pensiones privadas", lamentan sus autores.

UN CANTO A LA LIBERTAD

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José Antonio Labordeta ha muerto esta madrugada.
Se va el Abuelo con la mochila repleta de libros, poemas, canciones, amigos y asomándole las cuatro esquinas de Aragón por el macuto, camino de la libertad después de una vida de melancólica ironía y lucha para regar, labrar y cosechar esta tierra con orgullo en el corazón de los demás. Levantamos la vista y observamos con nitidez, respeto y admiración la figura de un hombre, un privilegio que muy pocas veces se puede contemplar.









CANTO A LA LIBERTAD

Habrá un día en que todos
Al levantar la vista 
Veremos una tierra 
Que ponga libertad (bis)

Hermano aquí mi mano 
Será tuya mi frente
Y tu gesto de siempre
Caerá sin levantar

Huracanes de miedo
Ante la libertad
Haremos el camino 
En un mismo trazado

Uniendo nuestros hombros
Para así levantar
A aquellos que cayeron
Gritando libertad

Sonarán las campanas 
Desde los campanarios 
Y los campos desiertos 
Volverán a granar 

Unas espigas altas 
Dispuestas para el pan
Para un pan que en los siglos 
Nunca fue repartido 

Entre todos aquellos 
Que hicieron lo posible 
Para empujar la historia 
Hacia la libertad

También será posible 
Que esa hermosa mañana 
Ni tú, ni yo, ni el otro 
La lleguemos a ver 

Pero habrá que empujarla 
Para que pueda ser
Que sea como un viento 
Que arranque los matojos 

Surgiendo la verdad 
Y limpie los caminos 
De siglos de destrozos
Contra la libertad.



LA VICTORIA DEL HIJO ÚNICO

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Vicente Verdú, en 'El País' 

Es cosa de tontos, sean o no economistas, sostener que esta gran crisis es de carácter financiero o, principalmente, de esa condición. Tanto en las causas como en las consecuencias la envergadura de este crash enseña que se trata de un trastorno profundo que no solo cambiará la regulación de los mercados y los coeficientes de caja de los bancos, sino incluso la idea del amor, de la pareja y la paternidad.

El hijo único, por ejemplo. Hace cuatro o cinco meses publicó la revista Time un reportaje sobre el significado tanto psicológico como social del hijo único. ¿Fue una desgracia en el pasado no poder tener más que un hijo? ¿Son los hijos únicos unos seres malcriados, egoístas y arrogantes respecto a los otros?
Una larga tradición, derivada de considerar a la familia numerosa como un bien y a la familia reducida como índice de mezquindad, ha enfatizado tanto la gloria de tener muchos hermanos como ha ensombrecido la figura del hijo único al que le faltaba con quien reír y jugar. Muchos estudios posteriores, sin embargo, han venido demostrando desde los años sesenta que con extraordinaria frecuencia el hijo único era más listo que el mismo primogénito aventajado del hogar vecino y que su fama de caprichoso, mimado o petulante, se correspondía más con una leyenda religiosa que con la realidad objetiva.

Ciertamente, un hijo único recibe a menudo enseñanzas complementarias, los padres pueden financiar mejor sus estudios en centros seleccionados y pueden, en general, ofrecerles más que una casa con más descendencia y un presupuesto similar. Pero, por añadidura, ese hijo único que, a veces, se consideró una limitación biológica vino a ser el motivo de una mayor felicidad. Muchas parejas, decía un estudio de la Universidad de Pensilvania de 2007, se han propuesto ir a por un segundo hijo no como efecto de las alegrías recibidas del primero, sino, por el contrario, tratando de resolver los males que la pareja había visto aparecer. Dos hijos pues no serían el doble de dicha sino, en el mejor de los casos, la dicha dividida por dos.

Con todo, la regla histórica establecía que las sociedades se hacían menos prolíficas en proporción inversa a su nivel material. Los pobres emigrantes de países menos desarrollados siguen siendo los protagonistas de las tasas más altas de natalidad en los países de acogida. Aunque cada vez menos: la crisis, el desempleo y el empobrecimiento general ha inaugurado una tendencia que va del más a menos. De dos o tres hijos a uno y, en ocasiones, a un aplazamiento indefinido de la paternidad.

Como consecuencia de todo este crash, la estampa, supuestamente feliz, de una clase media con su parejita vira hacia el forzado canon chino que autoriza a tener un hijo y no dos. Allí y aquí, al margen de las políticas demográficas oficiales, las dificultades económicas inauguran otro modelo de relación familiar dentro y fuera de la unidad doméstica. Menos niños son menos hermanos pero también menos primos y menor red consanguínea. Un 64% de las mujeres entrevistadas en 2009 por el Guttmacher Institute, confirmaron haber postergado su maternidad y un 44% admitían haber rebajado los planes para tener más hijos.

El mismo fenómeno se detectó en los años siguientes a la Gran Depresión de 1929 y ya nunca, a despecho de la prosperidad de los cincuenta, la familia fue jamás lo que había sido. Para ser exactos, la familia nunca es lo que se cree católicamente que debiera ser. Los hijos norteamericanos conversan hoy una media de 30 minutos semanales con los padres y los contactos no ocupan más del 10% del tiempo en casa. Hace 100 años, con los hijos convertidos en "esclavos" de sus padres, la temporalidad del contacto diurno rozaba el 100 por 100.

Los hijos aman a sus padres pero cada vez menos. Los hermanos juegan con los hermanos pero día a día la partida se simplifica. La familia, en fin, es todavía de lo mejor que afectivamente nos queda, pero nunca se ha tenido mayor conciencia del conflicto, sus desacuerdos, sus desapegos y el tránsito hacia su valor funcional. ¿Nos odiamos más? ¿Nos ignoramos? Cualquiera que haya seguido las películas de Elia Kazan, las novelas de Balzac o los escritos de Dostoyevski evitará el tópico de un futuro sin valores. Los valores no desaparecen nunca, solo se transforman. Son como el ADN de la humanidad, exactos pero no los mismos. Ni la estatura de los hijos, sus lenguajes y sus libérrimas copulaciones lo son.

AUSTERIDAD O ESTÍMULO FRENTE A LA CRISIS: LA PRUEBA DE FUEGO

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Juan Torres López

Mientras que en Estados Unidos se está discutiendo la necesidad de poner en marcha nuevas medidas de ajuste y unas decenas de eminentes economistas, entre los que se encuentran varios premios Nobel, han firmado un manifiesto reclamando más estímulo gubernamental y créditos fiscales para "poner a América a trabajar de nuevo" (enhttp://bit.ly/9q9vOE), en Europa se vuelve al fundamentalismo de la estabilidad presupuestaria.

En ambas zonas se percibió hace unos meses que las tasas de crecimiento del PIB se recuperaban y más o menos al mismo tiempo los bancos y las grandes empresas volvieron no solo a tener altos beneficios sino a recobrar la influencia política y el poder de decisión de los tiempos anteriores al estallido de la crisis. La emisión de la deuda pública en mercados muy especulativos y oligopolizados en donde la banca y los grandes financieros tienen la última palabra les dio aún mucha más fuerza y así han podido imponer a los gobiernos medidas de ajuste con la excusa del efecto negativo de la deuda sobre el crecimiento.

Es una razón falsa para encubrir lo que ya se ha hecho en otros momentos y latitudes: utilizar la esclavitud de la deuda (ahora, como casi siempre, generada como resultado de una crisis que ha provocado la banca) para imponer medidas de ajuste que refuercen el poder de los bancos y grandes empresas y que creen mejores condiciones para la rentabilidad del capital.

Sabemos que con ellas no se va conseguir que la economía mejore porque se ha comprobado infinidad de veces que siempre que se han adoptado medidas de este tipo lo que ha ocurrido sin excepción es que la producción y el consumo se resienten y no que crezcan. Y así ocurrirá ahora con más razón porque ni siquiera es cierto que la economía se haya recuperado lo suficiente como para que el estímulo sea ya innecesario.

La prueba es que quienes la proponen no están en condiciones de ofrecer ni una sola razón consistente que justifique su bondad a medio y largo plazo. Las palabras del ministro alemán de Finanzas Wolfgang Schäuble para justificar un nuevo recorte del 80.000 millones de euros que supondrá nuevas pérdidas de salario y derechos sociales son patéticas y expresivas de su falta de argumentos serios: "En Alemania uno de los obstáculos más grandes para el crecimiento económico es la creciente incertidumbre de la gente en cuanto al déficit".

Para entender la naturaleza y las consecuencias que van a tener estos recortes (incluido, por supuesto, el español) hay que en cuenta algunas consideraciones elementales.

Primero, que no es cierto que las economías europeas hayan entrado en fase de recuperación porque las tasas positivas de crecimiento del PIB son bajas y solo el resultado del estímulo exógeno producido por el incremento anterior del gasto. En cuanto su efecto vaya despareciendo como consecuencia del recorte, la actividad comenzará a venirse de nuevo abajo.

Segundo que, incluso aunque siguiera creciendo notablemente el PIB (como ahora ha ocurrido en Alemania) durante dos o tres trimestres, no se puede identificar eso con una recuperación efectiva y que vaya a poder ser sostenida porque ésta no se podrá dar mientras no se produzcan cambios mucho más profundos en el modelo de crecimiento. La mayor parte del incremento de actividad que se ha producido como consecuencia del estímulo ha estado vinculada a sectores y actividades que reproducen la tónica anterior del crecimiento y que ha sido concausante de la crisis. Su pervivencia, unida a la ausencia de reforma financiera alguna, suponen, por el contrario, una amenaza bastante segura de que vuelvan a darse nuevos episodios de crisis a corto y medio plazo.

En concreto, mientras no se consolide la lógica productiva que finalmente vaya a imponerse no se podrá producir una recuperación efectiva y potente del empleo porque las empresas se enfrentan a una gran incertidumbre. Y ésta no tiene que ver nada con el déficit, como dice arteramente el ministro alemán, sino con la demanda y con las posibilidades efectivas de financiación. La enorme presión ejercida este verano por los constructores españoles para lograr que el gobierno limitara el recorte de gasto que les afecta (y, por tanto, completamente ajenos al mayor déficit que eso pudiera producir) es buena prueba de que ese ministro, y quienes defienden lo mismo que él, o no entienden nada de economía o no tienen reparos en engañar a la gente de la forma más descarada.

Tercero, que aún no se ha recuperado el flujo de financiación que requiere la actividad empresarial y el consumo, lo que significa que disminuir el gasto, cuando no hay empleo suficiente, cuando el beneficio de las grandes empresas no va a la inversión productiva sino que se utiliza para concentrar capital y controlar mercados o para alimentar la especulación financiera, y cuando hay déficit de capital social muy importante, no puede provocar sino que caiga de nuevo la actividad o que no se recupere a los niveles anteriores.

Finalmente, la actitud de los diferentes gobiernos europeos que ahora imponen recortes de gasto es equivocada porque no tienen en cuenta que si hay un prerrequisito fundamental de la recuperación es la adopción de medidas coordinadas a escala global. Actuar con diferente orientación y velocidad, sin marcar un orden de escuadra apropiado es lo peor que se puede hacer si se quiere dar solución efectiva a los problemas propios y a los generales. Con el ajuste que llevan a cabo estos gobiernos para someterse a los intereses del capital más poderoso se están situando en la dirección contraria a la del resto de las potencias económicas y Europa va a pagar por ello un precio muy alto económica, social y políticamente. Van a garantizar beneficios a los bancos y a las grandes empresas pero a costa de reducir el mercado interno y de producir un empobrecimiento generalizado, no solo dentro de Europa sino en todo el Planeta.

Además, pisar el freno del gasto cuando la economía justamente carece de demanda suficiente es reforzar la dinámica del ciclo, en lugar de contrarrestarlo, y sabemos perfectamente que esas medidas de ajuste aplicadas con carácter pro-cíclico tienen un efecto negativo aún peor, como se ha podido comprobar recientemente en Lituania o Irlanda.

Las políticas de austeridad que vuelven a imponer los fundamentalistas (los “austerianos”, como los denomina Paul Krugman) no son, pues, verdaderas respuestas a la crisis como se quiere hacer creer a la ciudadanía sino todo lo contrario, son un programa de ajuste más como los que en otras ocasiones se aplicaron en América Latina, África o Asía y que siempre provocaron menos crecimiento, más desigualdad y atraso económico.

Me gustaría equivocarme pero lo que va a ocurrir si los gobiernos europeos, y concretamente el español, siguen con estos recortes es que la actividad se va a resentir ya en este segundo semestre del año, que va a perderse más tejido productivo, que va a aumentar de nuevo el desempleo y la desigualdad y que va a producirse otro retroceso social sin otras contrapartidas que las que reciben la banca y la gran empresa.

A PROPÓSITO DE LA HUELGA

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DE LO QUE NO SE HABLA SOBRE LA CRISIS

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Vicenç Navarro

De todas las explicaciones del origen de la crisis mundial actual, la más generalizada es la que la atribuye a la crisis financiera que ha creado una enorme inestabilidad del sistema financiero, en la que los mercados financieros, extremadamente cautelosos por el temor de salir quemados, no están ofreciendo crédito o no compran deuda externa. En parte, esto es cierto. Pero esta situación es un síntoma de un problema mayor, no la causa. Ésta es la enorme concentración y polarización de las rentas, un tema tabú que no se discute y que no aparece en los medios. Pero, a no ser que se actúe en corregirla, poco se adelantará en la resolución de la crisis. Veamos los datos.

En el año 1928, el año en que se inició la Gran Depresión en EEUU, un 1% de la población estadounidense recibía el 24% de toda la renta nacional. En 2007, año en el que se inicio la crisis en EEUU, el 1% de la población recibía también un 24% de toda la renta nacional. Este porcentaje descendió marcadamente con las reformas del New Deal, que fueron continuadas con las reformas realizadas después de la II Guerra Mundial, y con las reformas de la Great Society, alcanzando un 9% en los años setenta. A partir de entonces se inició la respuesta del capital (que había estado a la defensiva durante todo aquel periodo) a través de las políticas neoliberales del Presidente Reagan. Tales políticas (que fueron seguidas por Bush senior, Clinton y Bush hijo) revertieron aquella concentración alcanzando, de nuevo, un 24% en 2007. ¿Por qué esta concentración es un problema?

El hecho de que haya tal concentración de las rentas implica que disminuye el porcentaje de la renta que va a la mayoría de la población (clase trabajadora y clases medias) y ello como consecuencia de que el crecimiento de la productividad no se distribuye equitativamente. En lugar de repercutir en mejorar los salarios, tanto individuales como colectivos (es decir, el gasto en protección social y estado del bienestar), tal incremento de la productividad beneficia primordialmente a las rentas del capital que crecen en una proporción, sin precedentes. Del 1980 al 2005, el 80% del incremento de la renta en EEUU se desplazó al 1% de la población. Ello creó las condiciones para las crisis. La disminución de las rentas del trabajo significó el empobrecimiento de la gran mayoría de la población, creando un grave problema de demanda. La población no tenía la suficiente capacidad adquisitiva que le permitiera comprar y, con ello, estimular la economía. Esta pérdida de la capacidad adquisitiva se resolvió temporalmente mediante el crédito y de ahí el enorme endeudamiento, también facilitado por los bajos intereses del capital, necesario para mantener la demanda.

Pero llegó un momento (año 2007) en que aquella manera de mantener la demanda se interrumpió. ¿Por qué? Ahí está la otra cara de la moneda, es decir, de la enorme concentración de las rentas y de la riqueza. Cuando esta concentración ocurre se dan las bases que se creen burbujas especulativas. Si la gente puede ir comprando sus viviendas, sin requerir grandes endeudamientos, las casas se irán construyendo en la medida que haya demanda para tales viviendas. Pero, cuando hay un desfase entre la productividad y la distribución de las ganancias de este aumento de productividad, el capital, que encuentra mayor rentabilidad en actividades especulativas que en las actividades de la economía productiva (consecuencia de la baja demanda de productos y servicios), invertirá en actividades especulativas, como las inmobiliarias, bajando a su vez los intereses bancarios para estimular la demanda de viviendas. Pero así se alcanza un desequilibrio entre la cantidad de viviendas y su precio (enormemente inflado) por una parte, y la capacidad de compra por la otra, que explica que llegue un momento en que la burbuja explota. ¿Y por qué explotó en 2007? Pues, porque la banca, que había estado invirtiendo, además de en actividades inmobiliarias, en otros instrumentos especulativos, se vio que había alcanzado sus límites especulativos. No podía continuar un sistema basado primordialmente en especulación, facilitado por unas políticas desreguladoras de la banca que le permitió hacer lo que quería. Y así se colapsó, afectando a todo el sistema financiero.

El sistema bancario europeo, centrado en la banca alemana, tuvo, y continúa teniendo, un problema gravísimo. Además de estar contaminada con productos tóxicos derivados de su conexión con la banca estadounidense, ha prestado mucho dinero a los bancos españoles y griegos, habiendo también comprado mucha deuda pública de éstos y otros países, que ahora no pueden recuperar. De ahí que la banca de los países centrales (Alemania y Francia principalmente) dejaran de prestar dinero, con lo que se creó el colapso del sistema financiero, originando un gravísimo problema. No sólo debido a la falta de crédito (que también) sino porque las burbujas crean una riqueza artificial (es decir el país se cree más rico de lo que es) y cuando explotan crean un problema enorme de demanda. Las personas están súper-endeudadas y no pueden pagar sus hipotecas.

Y por otra parte, los precios de la vivienda siguen tan elevados –un 30% por encima de lo que deberían estar- que la gente no puede comprar. A no ser que bajen para ubicarse en una situación más acorde a los salarios, no veremos una solución. Y esto es lo que ocurre también en España. Existe en nuestro país un excesivo desfase entre salarios y precios del consumo, que explica el enorme endeudamiento. Los países más desiguales en la UE-15 (los PIGS: Portugal, Irlanda, Grecia y Spain) son los que están más endeudados (tanto privada como públicamente). Y ello se debe precisamente a lo bajos que son los salarios tanto los individuales como los colectivos (es decir, el estado del bienestar). No es de extrañar, pues, que sean los países más afectados por la crisis.

La solución es fácil de ver. Una gran redistribución de la riqueza (con recuperación de las políticas fiscales progresistas) y un gran aumento del gasto público que permita sustituir la demanda que se ha perdido y así estimular la economía y crear empleo en áreas como los servicios públicos del estado del bienestar, que están subfinanciadas. Que sea fácil de ver no quiere decir que se haga, ya que la enorme concentración de las rentas y de la propiedad determina una enorme influencia política que condiciona el comportamiento de los gobiernos, y muy en particular de los países, como España, en que las desigualdades son enormes y la influencia del poder económico en las instituciones políticas es desmesurada. Véase la resistencia del gobierno Zapatero, que no se atreve a recuperar la progresividad fiscal, subiendo los impuestos a los ricos. No tienen el valor político de tomar medidas impopulares entre los que más tienen. Y ahí está parte del problema.

ESPECULAR CON EL HAMBRE

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El mundo, ante la próxima crisis alimentaria

Michael R. Krätke, en 'Rebelión'

Comerciar con el hambre: los inversores apuestan por la subida de las materias primas en las bolsas a futuros. La apuesta tiene consecuencias: el mundo se enfrenta a la próxima crisis de alimentos.

La historia algunos ya la conocen: un ambicioso joven dramaturgo quiere escribir una obra sobre los codiciosos héroes del mundo de las finanzas. El escritor quiere entender qué es lo que motiva a su héroe. Pero nadie puede explicarle qué es lo que decide el curso de los parqués bursátiles. La bolsa de cereales de Chicago se demuestra como algo incomprensible, cada razón presentada es una "montaña de grano" a través de la cual no se consigue ver ni tan siquiera a los propios actores implicados. El autor, Bertolt Brecht, se dio por vencido; y comenzó a estudiar a Marx. Entonces fue cuando, en sus propias palabras, comprendió de verdad su propia obra. Todo ello ocurre en 1928, el año inmediatamente anterior al comienzo de la Gran Depresión.

Los negocios en bolsa pueden llevar a la muerte. Porque en el mercado de valores se comercia también con alimentos y se determina el precio de los mismos para miles de millones de personas.

En nuestras latitudes la pobreza no equivale a morirse literalmente de hambre. Pero para más de mil millones de personas la malnutrición es algo muy real. Igual de real que la enorme cantidad de alimentos que se producen anualmente, suficientes para alimentar a mucha más gente de la que existe en la población mundial actual. A pesar de todo ello se adivina en el horizonte que la próxima crisis mundial será de otro tipo: una crisis de alimentos.

Una vez más

Una vez más. Hace unos pocos días miles de personas protestaron en la capital mozambiqueña de Maputo contra el aumento del precio del pan y de la energía. La policía disparó contra los manifestantes. Hubo al menos diez muertos. Ya en el 2007 y en el 2008 aumentaron dramáticamente los precios de los alimentos. Se duplicaron y triplicaron para el trigo, el arroz y el maíz, que alcanzaron, en parte, su precio más alto desde hacía 30 años. El precio del arroz, por ejemplo, aumentó casi un 180% en menos de dos años. Todos prestan atención a la crisis financiera y bancaria mientras entre bastidores da comienzo una crisis de alimentos de una dureza inimaginable. Al menos 120 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza. Gracias a la globalización muchos países del Sur han dejado de exportar alimentos y deben importarlos. La hambruna hace estallar los motines: ya se han registrado revueltas en más de 30 Estados.

Mientras en Alemania se jura y perjura que la economía se recupera, los precios del café, el cacao, el azúcar y los productos lácteos se disparan al alza en todo el mundo. Lo mismo vale para los mercados futuros de cereales, soja y arroz. Los principales centros comerciales se encuentran en Nueva York (NYMEX/COMEX) y en Chicago, donde opera la Cámara de Comercio de Chicago (CBOT, por sus siglas inglesas) fundada en 1848, y la Chicago Mercantile Exchange (CME), fundada en 1898. En Europa los alimentos y materias primas se comercian en las bolsas de futuros de Londres, París (Matif), Ámsterdam y Frankfurt am Main (Eurex), también en Mannheim y, desde 1998, incluso en Hannover. Por doquiera se comercia con productos agrarios, pero no de manera presente y al natural, sino a mucha distancia y en unidades estandarizadas. Los contratos de compraventa se fijan para una fecha determinada en el futuro y reciben justamente ese nombre: "futuros". Así se puede, por ejemplo, comerciar con cereales antes de que se cosechen: un negocio especulativo con los ingresos y precios de los productos agrícolas de los próximos meses.

El precio del pan

A finales de 2007 los principales actores de los mercados financieros (no solamente de los hedge fonds) huyeron en estampida de los desequilibrios causados por la crisis financiera y los títulos tóxicos sin ningún valor para adentrarse en la especulación con alimentos y materias primas. Las bolsas de mercancías a futuros se vieron de súbito abarrotadas y la consecuencia fue una explosión del precio de las materias primas y del petróleo. Inevitablemente, aumentaron los precios de todas las mercancías con las que se comercia en las bolsas de valores normales. Fondos como los creados por los bancos se llevaron otro potosí a pesar de la crisis. En Alemania el Deutsche Bank se publicitaba a los inversores anunciando brillantes prospectivas de ganancias gracias a los precios al alza de los productos agrícolas.

La ministra alemana de agricultura, Ilse Aigner (CSU), ha anunciado recientemente que quiere poner en marcha una campaña contra la especulación abusiva en los mercados agrarios en la cumbre agraria en enero de 2011 en Berlín y también en la cumbre del G-20 en junio de 2011. Pero Aigner traiciona sus propias promesas rápidamente, pues hasta la fecha no cuenta ni con propuestas ni con conceptos. El tema es para ella «muy complejo». Y uno quisiera añadir: y el gobierno federal se lo toma más bien con calma. Porque en septiembre de 2010 se disipó nuevamente el pánico a una amenazadora bancarrota estatal en Grecia, España o Portugal, de modo que el precio tanto de los empréstitos del Estado como del interés bajó en picado. Pero incluso así los especuladores, tras tomar sus botines a los cada vez más endeudados Estados, retornaron a las bolsas de futuros para sobrevivir a base de comerciar con alimentos y materias primas. Los chinos o los brasileños experimentan pequeños milagros económicos en sus respectivos países. Una buena y abundante comida es un símbolo importante de estatus social, mucho más importante aún que el automóvil. Una razón más para ver lucrativas posibilidades de inversión que sobre todo que proporcionen ganancias rápidas: los agrofuturos satisfacen plenamente este objetivo.

El júbilo de los especuladores

En 2007 y 2008 hubo malas cosechas de cereales en Australia, uno de los mayores exportadores de grano del mundo. En 2010 hubo una sequía catastrófica en Rusia. Las pérdidas de cosechas han disparado el precio el pan más del 20% en Rusia. Si el gobierno en Moscú restringirá o no el comercio –el primer ministro Vladimir Putin prolongó de inmediato la prohibición de exportación de grano–, es algo que preocupa a los especuladores en júbilo. No se comercia con todos los alimentos en las bolsas a futuro, pero sí con los más importantes para la nutrición de la población mundial, como el trigo, el arroz, la soja y el maíz.

Las autoridades reguladores de la Commodity Futures Trade Comission (CFTC), que centran su atención en las bolsas de futuros de los EE.UU., han constatado repetidamente que la determinación del precio en los agrofuturos ya no tiene nada que ver con la oferta y la demanda ni las estimaciones de cosecha y ventas. Las manías de los mercados hacen fluctuar los precios radicalmente. Aunque la producción de alimentos apenas crezca o se estanque, las cifras de los agrofuturos se multiplican y se multiplican. Si hace un par de años se comerciaba todavía con unas 30.000 acciones de futuros en trigo al día en Chicago, hoy han subido ya a más de 250.000.

Obviamente especulan con ellas los grandes señores del capital como el Deutsche Bank o el BN Paribas, pero no, claro está, con su propio nombre, sino a través de fondos especiales creados a tal efecto, que especulan con todo un paquete de productos agrarios. Sus resultados se han incrementado meteóricamente en los dos últimos años. Cuantos más especuladores se encaminan a los parqués, más demoledores son los efectos de su actividad en los precios de los alimentos. Sólo el dos por ciento de los agrofuturos negociados conducen a una transacción real de las mercancías –esto es: a la entrega de la mercancía a cambio de dinero antes de que expire la fecha del contrato-. Todo lo demás es pura especulación –con el incremento o la caída de precios –y sólo sirve al enriquecimiento.

La danza de San Vito de las bolsas

El índice de precios de los alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas inglesas) ha calculado una cesta con los alimentos más importantes del planeta Tierra, de los cuales –aunque no todos se comercian en las bolsas– aumentan sus precios sin tocar aparentemente techo. Así, en los países más pobres aumentaron del 2007 al 2009 los precios de los alimentos entre un 30 y un 37% y en el 2008 de nuevo entre el 37 y el 40%. Le sigue una cierta recuperación en el verano de 2009, pero desde diciembre de 2009 la tendencia del índice de la FAO apunta nuevamente hacia un incremento.

Los expertos de la FAO advierten cifras en mano del estallido de la próxima crisis de hambre, a la que apenas se podrá poner freno. Porque la especulación prácticamente sin riesgos en las bolsas de futuros es un negocio multimillonario para el que se necesita todavía menos capital neto que en el comercio de acciones. El negocio corrompe la existencia de una producción sostenible, porque en todo el mundo los campesinos intentan seguir el baile de San Vito de las bolsas para poder conseguir al menos los restos. Malas noticias, pues, para los pobres de este mundo: ellos pagan la cuenta del rally en las bolsas a futuros. Y lo hacen con millones de hambrientos, con decenas de miles de muertos.

Michael R. Krätke, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es profesor de política económica y derecho fiscal en la Universidad de Ámsterdam, investigador asociado al Instituto Internacional de Historia Social de esa misma ciudad y catedrático de economía política y director del Instituto de Estudios Superiores de la Universidad de Lancaster en el Reino Unido.

 

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