LA IZQUIERDA Y LAS ELECCIONES EUROPEAS

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Tiene que haber una sola lista de la izquierda real. Si no, dará igual que la culpa sea de uno o de otros. Será de todos

Juan Manuel Aragüés, en El Periódico de Aragón

Hacía semanas que había decidido escribir un artículo sobre la izquierda y las elecciones europeas. La óptica del mismo debía ser la que viene presidiendo mi planteamiento político en las páginas de EL PERIÓDICO desde hace más de tres años: la necesidad de una convergencia entre la izquierda real que, en este caso, desembocara en un única candidatura en todo el país. Entendía, y sigo entendiendo, que las especiales características de las europeas las convertían en un laboratorio ideal en el ámbito electoral de lo que se reclama desde una parte de la sociedad: la unidad de la izquierda real para hacer frente a los que nos roban y maltratan.

Sin embargo, el anuncio hace escasas fechas de Pablo Iglesias Turrión, estrella mediática de esa izquierda real, de que iba a presentarse a las mismas, suponía un cambio de escenario. No, desde luego, en cuanto al objetivo, que sigue siendo el mismo, una única candidatura, pero sí en cuanto a cómo llegar a él. Antes de la iniciática de Pablo Iglesias iba a escribir intentando espolear a IU para que se creyera de verdad esa política de convergencia de la que hablan sus papeles y, de ese modo, encabezara, de manera generosa y decidida, un proceso de construcción de un bloque electoral unitario. Tras la iniciativa de Pablo Iglesias, que se da a conocer como Podemos, escribo desde un sentimiento de inquietud esperanzada. Inquietud porque la inesperada iniciativa de Podemos puede generar enroques en IU y otras organizaciones, ante la aparición de lo que pueden entender como un competidor. Esperanza porque quizá la iniciativa de Podemos pueda servir de catalizador para desbloquear las inercias que se observan en los partidos tradicionales, atentos a sus debates internos y cuotas de poder. En el peor de los casos, podríamos encontrarnos con el enfrentamiento entre estructuras partidarias tradicionales poco dispuestas a atender cualquier dinámica externa y una apuesta personalista. En el mejor, con un revulsivo que encauce el proceso hacia esa unidad que muchísimos anhelamos.

PORQUE si hace dos años, aquí en Aragón, algunos nos dirigimos a CHA e IU para pedirles que hicieran el favor de ponerse de acuerdo, dos años después lo que decimos es que estamos hasta las narices de avanzar tan despacio, caso de que se avance. Que es impresentable que mientras el capital hace frente común para expoliarnos, para echarnos de nuestras casas, para alimentar a sus tiburones, para violentar nuestros cuerpos, para esclavizarnos laboralmente, nosotros y nosotras sigamos viéndolas venir y decidiendo si es menganita o zutanito el que debe encabezar una lista, cuántos coloca en la lista tal o cual tendencia, o subrayando nuestras esencias frente a otros. Ya estamos hartos. Nos da igual el nombre, nos dan igual las siglas, nos da igual quién encabece: lo que queremos es una opción política en la que nos reconozcamos como mayoría social y que nos permita derrotar a esta élite mafiosa que nos dirige. Porque si no lo hacemos pronto, acabarán con nosotros.

Estamos en una coyuntura histórica. No hago retórica. Nos estamos jugando el futuro, el nuestro y el de nuestros hijos e hijas. ¿Acaso queremos legarles la sociedad de esclavitud, miseria y opresión que diseña el capital? Pues si no lo queremos, manos a la obra. Y eso pasa por buscar denodadamente el encuentro. Y por olvidarnos de gilipolleces. Para las elecciones europeas, tiene que haber una sola lista de la izquierda real. Si no la hay, me dará igual que la culpa sea de uno o de otros. La culpa será de todos. Y será un verdadero desastre.

Profesor de Filosofía. Universidad de Zaragoza

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