LA TRAMPA DE LA AUSTERIDAD

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INFORME DE OXFAM - INTERMÓN  Ver informe completo aquí
 
RESUMEN
 
Europa suele considerarse a sí misma como un lugar donde el contrato social conjuga crecimiento y desarrollo. Un lugar donde los servicios públicos tienen el objetivo de garantizar que todas las personas tengan acceso a una educación de calidad y que nadie tema ponerse enfermo. Donde se respetan y apoyan los derechos de los trabajadores, especialmente de las mujeres. Donde la sociedad protege a sus miembros más débiles y pobres, y los mercados están al servicio de la sociedad, y no al revés.
 
Sin embargo, este modelo social idílico lleva tiempo en peligro; de hecho, la desigualdad de ingresos ya iba en aumento en muchos países antes del comienzo de la crisis financiera. Actualmente, el modelo europeo se ve amenazado por unas políticas de austeridad mal planteadas, que se presentan ante la ciudadanía como el precio que todos debemos pagar por recuperar un crecimiento económico estable.
A menos que se revisen, estas políticas debilitarán las conquistas sociales de Europa, creando divisiones dentro de los países y del continente, y perpetuando la pobreza durante una generación.
 
Es posible que el rescate sin precedentes de las instituciones financieras de la Unión Europea haya salvado su sistema bancario, pero también ha aumentado significativamente la deuda pública de los Estados miembros.
 
Los gobiernos europeos han dado por sentado que las políticas de austeridad, dirigidas sobre todo a equilibrar los presupuestos y reducir el déficit, servirían para recuperar la confianza de los mercados y, en último término, para crear empleo y renovar la economía. En la mayoría de los países no ha sido así. Después de casi tres años, las políticas de austeridad no sólo no han cumplido con sus objetivos, sino que continúan cobrándose un elevado coste social. La experiencia del Reino Unido, España, Portugal y Grecia muestra que, a mayor austeridad, mayor nivel de endeudamiento.
 
La apuesta por reducir la deuda por encima de todo ha obviado el hecho de que es posible crecer incluso con niveles de endeudamiento relativamente altos, y que la recuperación del crecimiento económico debe incluir y beneficiar a toda la población.
 
Los programas de austeridad que se han aplicado en toda Europa están basados en una fiscalidad regresiva y corta de miras, así como en el drástico recorte del gasto, especialmente en servicios públicos como la educación, la sanidad y la seguridad social. Estas medidas han debilitado los mecanismos que reducen la desigualdad y hacen posible un crecimiento equitativo. Las políticas de austeridad han perjudicado especialmente a las personas más pobres y vulnerables, sobre quienes se ha hecho recaer la responsabilidad de cargar con los excesos de las últimas décadas, a pesar de ser las menos culpables de ellos.
 
Recientemente, los principales defensores de la austeridad -como el Fondo Monetario Internacional (FMI)-, están empezando a reconocer que las duras medidas de austeridad no sólo no han dado los resultados esperados, sino que han sido nocivas tanto para el crecimiento como para la igualdad.
 
Europa se enfrenta a una década perdida debido al aumento de la desigualdad y la pobreza. 
Oxfam ya ha sido testigo de las consecuencias de las políticas de austeridad en otras ocasiones.
 
El paro juvenil y de larga duración han alcanzado un nivel sin precedentes en los países europeos, y toda una generación de jóvenes se enfrenta a años de desempleo. El valor real de los ingresos medios sigue cayendo en picado, sobre todo en los países que han aplicado agresivos recortes del gasto, de modo que incluso quienes tienen empleo se enfrentan a un futuro en el que serán bastante más pobres de lo que fueron sus padres. En la actualidad, casi uno de cada diez hogares en los que se desempeña alguna actividad laboral vive en la pobreza.
 
En 2011, 120 millones de personas en toda la Unión Europea vivían en la pobreza. Según los cálculos de Oxfam, si las medidas de austeridad se mantienen, esta cifra podría incrementarse entre 15y 25 millones
en 2025. Las mujeres serán las más perjudicadas. Entretanto, los más ricos han aumentado su participación en el total de ingresos, mientras que los más pobres están viendo cómo la suya disminuye. Si la tendencia actual continúa, los niveles de desigualdad de algunos países de Europa pronto se encontrarán entre los más elevados del mundo.
 
A lo largo de su historia, las campañas de Oxfam no sólo han tratado de poner de relieve la pobreza y el sufrimiento, sino también, con igual importancia, las políticas y medidas que los causan. Oxfam no puede permanecer impasible ante la pobreza y el sufrimiento que se están generando en Europa y que, debido al descenso de los presupuestos europeos de ayuda y la caída del consumo, están afectando también al resto del mundo.
 
Existen claras semejanzas entre la experiencia europea y las políticas de ajuste estructural impuestas en América Latina, el Este Asiático y África subsahariana en las décadas de 1980 y 1990. Los países de estas zonas recibieron rescates financieros del FMI y del Banco Mundial tras aceptar la adopción de una serie de medidas que incluían el recorte del gasto público, la nacionalización de la deuda privada, la reducción de los salarios y un modelo de gestión de la deuda en el que primaba el pago a los acreedores de la banca comercial sobre las medidas para garantizar la recuperación social y económica. Estas medidas fueron un fracaso; un tratamiento que pretendía curar la enfermedad matando al paciente.
 
Como parte de la sociedad civil mundial, Oxfam fue en aquel momento un firme detractor de estas políticas, que impusieron las cargas de la crisis económica a las personas con menor capacidad para afrontarlas.
 
En muchos países, las políticas de ajuste estructural tuvieron como resultado el estancamiento de los ingresos y el aumento de la pobreza, lo cual ha marcado a varias generaciones en todo el mundo. En
Indonesia, el nivel de pobreza tardó diez años en volver al nivel anterior a la crisis. En América Latina, el nivel de ingresos de un ciudadano medio era el mismo a mediados de la década de 1990 que en la de 1980. Los recortes o la privatización de servicios básicos como la educación y la salud excluyeron a las personas más pobres, y perjudicaron especialmente a las mujeres. Entretanto, los más ricos en cada sociedad vieron cómo su participación en el total de ingresos aumentaba rápidamente.
Si las medidas de austeridad continúan, en 2025 entre 15 y 25 millonesde europeos más podrían verse
sumidos en la pobreza.
 
A pesar de la moraleja que podemos extraer de esta historia, Europa sigue entregada a la austeridad, sin mostrar consideración alguna por lo aprendido en el pasado. Estas experiencias pasadas auguran un futuro sombrío para las personas más pobres de Europa, y nos previenen sobre los desastrosos efectos de la austeridad en el conjunto de la sociedad.

RESUMEN DE LAS RECOMENDACIONES
 
Las cosas no tienen por qué ser así. Existen alternativas claras a las actuales políticas de austeridad. En primer lugar, el problema de la deuda pública europea debe resolverse a través de un proceso de arbitraje transparente, que podría incluir la reestructuración o cancelación de la deuda. Por otro lado, también es necesario abordar los fallos estructurales del sistema financiero que la crisis económica ha dejado al descubierto.
 
Oxfam hace un llamamiento a los gobiernos europeos para que vayan más allá de un mero ajuste de las actuales políticas de austeridad.
 
Los gobiernos europeos deben:
 
1. Invertir en las personas y el crecimiento económico:
 
• dar prioridad a un programa de estímulo económico que fomente las inversiones y reactive el gasto de capital;
 
• centrarse en la creación de empleo;
 
• proteger los presupuestos de ayuda oficial al desarrollo, tanto de la Unión Europea como de sus Estados miembros.
 
2. Invertir en los servicios públicos:
 
• garantizar una educación pública, universal y de calidad para todas las personas;
 
• proteger la atención sanitaria pública, universal y de calidad, y desarrollar sistemas de protección social que permitan a los más vulnerables vivir con dignidad y salir de la pobreza.
 
3. Fortalecer la democracia institucional:
 
• fomentar una mayor participación de todos los actores en los procesos democráticos;
 
• garantizar una mayor transparencia y rendición de cuentas en los procesos políticos;
 
• fortalecer la democracia en el ámbito laboral, mejorando la representación de los trabajadores y generando oportunidades que permitan la propiedad compartida de las empresas.

4. Desarrollar sistemas fiscales justos:
 
• llevar a cabo reformas fiscales progresivas, que incluyan impuestos a la acumulación de riqueza y una
Tasa sobre las Transacciones Financieras;
 
• hacer frente a la evasión y elusión fiscal, mejorando la transparencia y el intercambio de información financiera y desarrollando nuevas leyes internacionales sobre fiscalidad que incluyan los paraísos fiscales.
 
Europa no puede permitirse el lujo de continuar por la senda de la austeridad, y debe tomar medidas para aplicar estas recomendaciones lo antes posible. Mantener el rumbo actual conduciría a una década de
incremento de la desigualdad, con el riesgo de que se produzcan más crisis económicas y aumente el descontento social. Dadas las circunstancias, los argumentos económicos, éticos y financieros no
podrían ser más sólidos. Si no los tenemos en cuenta, Europa podría enfrentarse a una década perdida. Necesitamos un nuevo modelo económico y social que invierta en las personas, fortalezca las instituciones democráticas y desarrolle un sistema fiscal justo y progresivo, adaptado al siglo XXI. Oxfam se enorgullece de formar parte de una sociedad civil que apuesta por un nuevo modelo basado en la justicia social y la sostenibilidad medioambiental.
 

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