SOCIALDEMÓCRATAS, MIRAD HACIA LONDRES

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Miliband propone una ‘predistribución’ que evite la intervención del Estado

Antonio Estella, en El País

El próximo mes de Mayo los ciudadanos de los 28 países que forman parte de la UE elegirán al nuevo Parlamento Europeo para el período 2014-2019. Una de las innovaciones fundamentales que se van a producir en estas elecciones es que el Partido de los Socialistas Europeos se presentará a las mismas con un candidato común a la Presidencia de la Comisión Europea, el alemán Martin Schulz. He defendido en otro lugar (Estella, 2009) la necesidad de esta reforma, que no implica, además, una modificación de los Tratados comunitarios, sino solamente un acuerdo entre los partidos nacionales que forman cada partido político en el nivel europeo. En este terreno, el PSE ha tomado además el liderazgo dando el primer paso, puesto que tras el movimiento del PSE, el Partido Popular Europeo también ha elegido a un candidato común a la presidencia de la Comisión Europea, el Luxemburgués Juncker. De esta manera, las elecciones al Parlamento Europeo dejarán de ser unas elecciones “ciegas” (en las que no se sabe muy bien a quien se está votando) y pasarán a convertirse en un proceso electoral con nombre, apellidos y cara.

El problema está en que las innovaciones de cara a estas elecciones acaban precisamente allí. No hay nada demasiado nuevo, en particular, en lo que se refiere a las políticas sustantivas que la socialdemocracia desarrollaría si ganara estas elecciones. Con respecto al PPE, en realidad su programa está ya escrito en los Tratados actuales, con lo que no merece la pena darle muchas más vueltas a la cuestión. Sin embargo, de los socialdemócratas sí que cabría esperar algo más. A pesar de ello, los documentos que hasta ahora se han publicado sobre Europa por parte del PSE (o de los propios partidos socialistas nacionales) en ningún caso ponen en cuestión el actual rumbo de las políticas comunitarias. Esta ausencia de propuestas novedosas y atractivas es si cabe más llamativa en materia de política económica.

Pues bien, a pesar de la existencia de un estado de opinión en nuestro país muy contrario a la forma en la que el Reino Unido tiene de entender sus relaciones con la Unión Europea (véase por ejemplo Torreblanca:“Brexit: ¿Y qué?” publicado en este mismo diario el 27 de Febrero de 2014), es del Reino Unido de donde están viniendo las propuestas más interesantes en materia de política económica desde la socialdemocracia. Por tanto, Reino Unido, y en particular los laboristas británicos, tienen mucho que aportar a este debate. Desde esta perspectiva, Brexit importaría, y mucho además.

Digámoslo de la manera más clara posible para enmarcar correctamente el debate que se está produciendo en el Reino Unido: la socialdemocracia no tiene ni idea de cómo generar una economía socialmente justa, o si queremos una etiqueta, de cómo hacer que la economía (y nos solamente la sociedad, o la política) sea, también ella, progresista. Lo único a lo que ha aspirado hasta ahora la socialdemocracia, después de la Segunda Guerra Mundial, ha sido a gestionar los fallos de mercado a través de la acción correctora del Estado. Pero por mucho que nos empeñemos en justificar esta posición en aras del pragmatismo, en realidad lo que ha hecho la socialdemocracia con ello ha sido renunciar a uno de sus principios más básicos, más fundamentales, y por los cuales ganó crédito a principios del siglo XX: el de que la economía, también ella, sería reformada. La socialdemocracia ha aceptado no solamente a los mercados, sino también al capitalismo (cuestiones que a menudo se confunden pero que son completamente distintas) y lo que ha hecho ha sido intentar corregir sus desmanes como ha podido. Hasta los años 80 esto más o menos funcionó. Pero desde los años 80, dejó de funcionar. La Gran Recesión solamente ha sido el punto final en este proceso de progresiva incapacidad del Estado para embridar al capitalismo, sobre todo, al financiero.

En este contexto, ¿qué propone el líder del laborismo británico, Ed Miliband? Lo que propone es volver a retomar ese tema –hagamos una economía progresista, y no solamente una sociedad progresista- bajo el concepto de “pre-distribución”. La pre-distribución trata, precisamente, de que sea la propia economía la que genere resultados socialmente justos, reduciendo por tanto la necesidad de que luego el Estado actúe ex post facto y con resultados que son completamente desalentadores sobre todo en el contexto de hipertrofia de los mercados financieros y de globalización que tenemos por delante. Hay muchas propuestas en las que esta idea de pre-distribución se concreta de manera muy específica: desde el establecimiento de un ratio entre sueldo medio y sueldo de los ejecutivos de las entidades financieras, hasta el establecimiento de un máximo de cuota de mercado que los bancos y las entidades financieras puedan acaparar, de tal manera que se evite la tendencia a las concentraciones quasi-monopolísticas que se produce en este ámbito, y con la consiguiente reducción de los riesgos derivados de la existencia de entidades financieras que son “too big to fail”.

La socialdemocracia europea tiene que mirar, por tanto, hacia el otro lado del estrecho. Al fin y al cabo, fue el Reino Unido uno de los principales lugares en los que, históricamente, la izquierda gestó y desarrolló el principio de que la economía, también ella, debía ser reformada y reorientada hacia resultados mucho más justos.

Antonio Estella es profesor de Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid.

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