COOPERATIVAS DE CRÉDITO: LA OTRA BANCA

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Esteban Sánchez Pajares, en El País

La crisis financiera y la naturaleza cuasi sistémica de muchas de nuestras entidades han provocado que la atención de los supervisores y los mercados (y los clientes) se haya centrado en los bancos y cajas de ahorros. No obstante, estos dos subsistemas no son los únicos que pueblan nuestro sector bancario. El tercer grupo es el de cooperativas de crédito; por su menor tamaño agregado, no tan conocido como los anteriores para la inmensa mayoría de los clientes bancarios. Dentro de éste se distinguen las cooperativas constituidas por colectivos de profesionales (Ingenieros, Abogados o Arquitectos), las de empleo (Caja Laboral Ipar Kutxa) y las de carácter local o territorial, que se presentan bajo la denominación de Cajas Rurales.

En cualquier caso, un grupo de entidades que comparte con los otros dos mencionados las mismas funciones y actividades. Tampoco presentan ninguna limitación en su operativa bancaria diferenciándose únicamente en su particular naturaleza jurídica, empresa de carácter cooperativo.

El modelo de cooperativas de crédito, bancos cooperativos o "mutual banking", se encuentra presente tanto en los países de nuestro entorno financiero (en la Unión Europea o Estados Unidos) como en aquellos en desarrollo. Con desiguales cuotas de mercado, en una horquilla que va desde el 5% al 25%, la aportación de las cooperativas de crédito al desarrollo económico y la integración financiera de los territorios en los que operan supera con creces la aritmética de su presencia. En esta línea, el Dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre «Cooperativas y reestructuración» reconoce la mayor capacidad de resistencia de las cooperativas de crédito europeas a la crisis actual, ya que ningún banco cooperativo ha sufrido un concurso de acreedores en la UE.

Tras el proceso de concentración del sector bancario español, al que este subsector no ha sido ajeno, se reparten por todo el territorio nacional unas 40 cooperativas de crédito o grupos de cooperativas, con un elevado compromiso con los territorios en los que desarrollan su actividad. Salvo Cajamar (la mayor de estas entidades) que presenta una orientación nacional, el resto opera en un ámbito de trabajo exclusivamente local o regional.

En función del criterio que tomemos, la cuota de mercado en España agregada de este grupo de entidades de crédito se situaría entre el 5% y el 12%.


Sin embargo, su relevancia en claves de resistencia a la crisis y posición de partida para contribuir a un eventual despegue económico la podemos retratar mediante el análisis de unos pocos indicadores sintéticos que son descriptivos de su fortaleza financiera: las cooperativas financian con 85 euros de depósitos de clientes cada 100 euros que conceden de inversión crediticia, presentan 6,8 euros de recursos propios por cada 100 euros de activo (en el pasado ya vimos en este blog la importancia de esta ratio) e invierten 51,2 euros por cada 100 de ingresos que generan. Por otro lado, aunque el Banco de España ya no presenta series diferenciadas, la morosidad soportada por el subsector se encontraría claramente por debajo de los otros dos agregados. Por todo ello, las cooperativas de crédito se situarían en términos ponderados a la cabeza de las ratios de gestión del sector bancario.



Pero es en la contribución al empleo y en la gestión de clientes donde se pone de manifiesto la vinculación con el territorio y las aportaciones al desarrollo económico local. Mientras que bancos y cajas de ahorros dedican menos de 8 empleados por cada 100 millones de euros de volumen gestionado, las cooperativas de crédito involucran a casi 12 empleados en la gestión de este mismo volumen de negocio, lo que se traduce en un elevado conocimiento de las condiciones y problemática financiera de sus mercados. Un análisis financiero clásico concluiría que esta relación pone de manifiesto un déficit de productividad frente a sus principales competidores; y algo de esto se produce y es necesario corregirlo. Pero desde un punto de vista competitivo la existencia de socios que no exigen retornos de mercado por sus aportaciones al capital y fomentan decididamente el modelo cooperativo de gestión permite que las cooperativas de crédito dediquen más profesionales a la gestión de clientes y alcancen zonas que otras entidades no abordan, lo que retroalimenta su modelo y su valor de franquicia local.

La transformación inteligente de este capital relacional en capital reputacional y una inversión del 65% de sus beneficios en el propio mercado hacen de las cooperativas de crédito la banca de referencia en sus ámbitos naturales de actuación.

Fuente de los gráficos: Afi a partir de datos Banco de España, UNAAC, AEB y CECA
No obstante, no le son también ajenos los retos. Entre los de corto plazo, el fortalecimiento de la eficiencia que, quizá debido a una excesiva atomización, no es fácil alcanzar o la adaptación a los próximos requisitos de buen gobierno corporativo y profesionalización de sus órganos de gobierno. Ambos a incorporar de manera que no se desvirtúe la cercanía y la sensibilidad frente al territorio o se desnaturalice el modelo de gestión cooperativa. Un modelo productivo a su manera, valioso y diferente.

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