Es preciso pasar del tratamiento penal a la innovación institucional
El Congreso de los Diputados está examinando las medidas anticorrupción del Gobierno: la Ley de Transparencia, la de Financiación de Partidos, el proyecto de Ley reguladora del ejercicio de altos cargos y la reforma del Código Penal. Para ello han comparecido distintos expertos, entre

Si el diagnóstico es demoledor la realidad lo es aún más: según el Consejo General del Poder Judicial en 2013 existían 1.661 causas abiertas por temas de corrupción con aproximadamente 500 personas imputadas (20 encarceladas), si bien


Sin embargo, y aún si dispusiéramos de un sistema preventivo eficiente, ¿por qué es tan difícil reducir la corrupción? Porque la prevención de peligros de corrupción mediante las medidas apuntadas por el Gobierno no es suficiente (en nuestro caso tampoco efectiva), puesto que la corrupción en España es estructural, no es algo casual ni incidental: es una forma de gestionar la cosa pública. Nos hallamos por tanto ante el reto de luchar contra la corrupción no sólo cómo peligro, reprimiendo la comisión de delitos y favoreciendo la prevención, sino también

Un aparato judicial eficiente está todavía lejos de darse
Así, además de los peligros de corrupción conocidos, nos enfrentamos a riesgos no por menos conocidos de menor envergadura: la captura del regulador, monedas virtuales, tráfico de datos

Sin embargo, el modelo planteado por el Gobierno pasa de largo ante estos factores e insiste en el tratamiento de la corrupción sólo como

Es preciso pasar de un tratamiento penal (necesario, no suficiente) hasta ahora ineficiente (como se ve) a un nuevo diseño institucional anticorrupción. Es necesario avanzar desde una perspectiva de prevención de peligros hasta una de gobernanza de riesgos. Es indispensable pasar de un Estado reactivo, obsoleto y carcomido por los aparatos de los partidos políticos en alianza con actores económicos meramente especulativos, a un Estado proactivo, moderno, capaz de ejecutar una clara innovación institucional, con democracia interna, listas abiertas y transparencia en la financiación de partidos, sindicatos y patronales, que permita situar la corrupción en niveles comprensibles aunque nunca aceptables. Frente al nepotismo hay que implantar la gestión del talento en el sector público, frente al clientelismo hay que favorecer la compra pública innovadora, frente a la información asimétrica que beneficia a unos pocos hay que generar la suficiente transparencia para favorecer la legítima competencia, frente a los oligopolios hay que extender el auténtico libre mercado. Para todo ello hay que evolucionar desde la prevención del peligro de corrupción hacia la gobernanza del riesgo de la misma.
Ramon-Jordi Moles i Plaza es director del Centre de Recerca en Governança del Risc (UAB) y ACAD (Iniciativa Académica Anticorrupción-ONU).
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