¿QUÉ PASA CON LUIS DE GUINDOS?

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Ernesto Ekaizer, en El Pais

El ministro de Economía, Luis de Guindos, ha participado el fin de semana en la reunión de ministros de Finanzas del G-20, en Sidney, Australia, y visitará otros países en un largo periplo de alrededor de dos semanas, que le impedirá, en principio, si no median cambios, participar en el debate sobre el Estado de la Nación.

En este contexto proliferan noticias, rumores y presuntas informaciones sobre su eventual salida del gobierno de Mariano Rajoy. Parecería que sus adversarios, que haberlos haylos, han decidido ocupar terreno en las últimas semanas, al compás del abandono de su número dos, el secretario de Estado de Economía, Fernándo Jiménez Latorre, para asumir un puesto en el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Estos conciliábulos en circulos gubernamentales y del Partido Popular se enmarcaban hasta hace poco en la posibilidad de que Luis de Guindos fuera el candidato para asumir a tiempo completo el puesto de presidente del Eurogrupo, la entidad que reune a los países de la Eurozona.

Existe el acuerdo de que en cierto momento, por determinar, se haga cargo de estas funciones un profesional a tiempo completo. Hasta ahora ejercía la función uno de los ministros de Finanzas de los países miembros. Ahora mismo, preside las reuniones mensuales del Eurogrupo, el ministro holandés, Jeroen Dijsselbloem, desde enero de 2013.

¿Será un español el próximo presidente del Eurogrupo? En tal caso, ¿recaerá en Luis de Guindos la designación?

La relación entre Luis de Guindos y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, no era buena antes de la victoria de Rajoy, ni ha mejorado especialmente en estos dos años largos de gobierno. Más bien, lo contrario.

Durante la última legislatura de Zapatero, Rajoy tenía dos "ministros" responsables del área económica en su gabinete en la sombra, para usar una terminología británica (shadow cabinet) y un asesor más personal. De Guindos y Montoro, y Álvaro Nadal, respectivamente.

Las misiones extranjeras en Madrid, que se multiplicaron a lo largo de 2010 y 2011, durante la Gran Crisis Financiera, y especialmente aquellas enviadas por la Reserva Federal (banco central) y el Tesoro de Estados Unidos, siempre eran orientadas por Rajoy, entonces líder de la oposición, al despacho de Luis de Guindos, su hombre de confianza.

Rajoy decidió, al formar gobierno, que sería él quien ejercería las funciones de vicepresidente segundo o económico. En realidad, ello era el resultado de un arbitraje. Rajoy se colocaba, junto con su asesor Nadal, por encima de Montoro y De Guindos. El papel de Nadal ha ido creciendo de tamaño, convirtiéndose en una especie de superministro sin cartera del área económica.

Las discrepancias, por supuesto, existen en este como en todo gobierno. Y empezaron desde los primeros días, tras la formación del gabinete, en diciembre de 2011.

En relación al IRPF, al IVA, al sector eléctrico, a la presentación del proyecto de presupuesto después de las elecciones autonómicas de Andalucía y Asturias, el 25 de marzo de 2012, y muchos otros temas.

También se refieren a la estrategia de comunicación. A la venta de la recuperación en términos de mercadotecnia que hace Montoro, el ministro de Economía ha opuesto una explicación sistemática de que estamos ante una recuperación frágil y tenue de la economía española.

Pero no ha sido hasta los últimos días que De Guindos se ha sentido más libre para decir algunas cosas. En especial, están referidas a la Eurozona.

Claudi Pérez, corresponsal de EL PAÍS en Bruselas, lo ha explicado en un despacho hace pocos días.

El ministro español de Economía, Luis de Guindos, ha cargado (lunes 17 de febrero) contra los bandazos en la gestión de la política económica de la eurozona: “Normalmente, en materia de política económica se piden dos características: coherencia y previsibilidad. Y creo que al menos en política fiscal, la eurozona no ha sido coherente ni predecible”, ha explicado en la presentación de un estudio de la OCDE en Bruselas ante la atenta mirada del presidente del Eurogrupo, Dijsselbloem, y en presencia del director general de la organización de países más ricos, el mejicano Ángel Gurría.

Pero De Guindos ha ido todavía más allá.

De facto, mientras el PP ha hecho una caricatura de lo que se ha convenido en llamar la crisis más devastadora desde la Gran Depresión de los años treinta del siglo XX, el ministro describe ahora la realidad más cruda de de lo que ha sido y sigue siendo la política económica en la Eurozona.

"La principal recomendación para España en 2007 y 2008 era expandir la política fiscal. Teníamos un superávit del 2% y se nos recomendó ser keynesianos", ha denunciado el ministro de Economía. El resultado fue -ha añadido- que dos años más tarde España tenía un déficit superior al 11% y el paro subió del 8% al 21%. En efecto, el déficit llegó al 11,2% del PIB en 2009.

"Se nos recomendó". Es decir: se nos dijo, desde el exterior, lo que había que hacer.

En efecto, tanto el G-20 como la Comisión Europea y el FMI acordaron en aquellos días de 2008 y 2009, cuando los sistemas financieros, tras la caída de Lehman Brothers, se hundían, una política de estímulo, orientada primero a salvar a los bancos y detener, al tiempo, la amenaza de una nueva Gran Depresión.

Y es oportuno recordar, como ha hecho De Guindos, que la Gran Crisis en España no deriva del descontrol del déficit público (las cuentas públicas gozaban de superávit). No lo dijo el ministro pero resulta útil también apuntar que la deuda pública española se situaba, en 2007, entre la más bajas de la Eurozona, desde luego casi la mitad de la de Alemania o Francia.

Ese año, el endeudamiento de las Administraciones Públicas suponía el 36,2% del PIB mientras que la deuda del sector privado (familias, bancos y empresas) ascendía ya al entorno del 200 del PIB. Los datos de octubre del pasado año indican que el desapalancamiento ha llevado esa deuda del sector privado a los 1,8 billones de euros (alrededor de 800.000 millones de euros en el caso de los hogares y más de 1 billón la de las empresas) o un 180% del PIB.

A 31 de diciembre de 2013, la deuda pública ha cerrado en el 94,03%. Esto es: se ha multiplicado por casi tres desde 2007.

Pero la breve descripción de De Guindos choca (o se aparta) con el guión Rajoy-Montoro-PP sobre la genésis de la Depresión española.


Después de la crisis de Grecia, en 2010, siguió analizando el ministro, la Eurozona "dio marcha atrás y la consolidación fiscal se convirtió en el primer rasgo de nuestra política fiscal".

Añadió: "Teníamos que reducir dramáticamente y rápidamente los déficit públicos". La tercera fase en esa evolución, que a su juicio es la "correcta" y la que ha permitido recuperar la confianza de los mercados, ha sido reducir el déficit pero a un ritmo más adecuado.

En realidad, lo que De Guindos no desarrolla, pero a buen entendedor pocas palabras, es muy evidente: la consolidación a ultranza ha fracasado. No se ha podido cumplir. Y la Comisión Europea ha aceptado los incumplimientos, dando marcha atrás en sus exigencias originales. Y, además, las cosas se han tenido que poner peor -peligro de desintegración del euro en 2012- para que el BCE decidiera aparecer, por fin, como préstamista de última instancia con el compromiso de adquirir bonos públicos en plazos de 1 a 3 años de los países miembros que aceptaran someterse a programas de ajuste.

Y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid (aunque no tanto) hay un hecho a subrayar: la violación sucesiva de las exigencias y compromisos asumidos por el Gobierno con la Comisión Europea sobre el déficit en 2012 y 2013 (haciendo sitio a brotes keynesianos vergonzantes cuando se le vieron las orejas al lobo de la Depresión) ha facilitado mayor gasto público, lo que junto con un avance de las exportaciones, hasta el 30 de junio de 2013, comportamiento que venía de atrás, pavimentó el terreno para salir, reptando eso sí, de la recesión.

Y, en este contexto, el endeudamiento público no deja de crecer. A pesar del ajuste y del saneamiento del déficit exterior. La agencia Moody's, que ha subido un escalón el rating del Reino de España, con perspectiva positiva, augura que la deuda pública puede elevarse al 102% del PIB en 2016. Esto supondría un crecimiento superior a seis puntos porcentuales en tres años.

El resultado: una frágil y tenue recuperación, para usar palabras del ministro De Guindos, de la economía.

Una recuperación invisible para los ciudadanos. Pero machaconamente "comercializada" por el Gobierno.

"Normalmente, en la eurozona exploramos todas las alternativas antes de adoptar la correcta", ha ironizado el ministro de Economía.

La diferencia entre la recuperación en EE.UU, el Reino Unido y Europa ha sido objeto de su valoración.

“Va con retraso con respecto a EE UU y Reino Unido”, que han aplicado estímulos monetarios mucho más potentes y retiraron los fiscales con menos prisas. El ministro español ha sugerido que ni siquiera ahora el mix de políticas económicas es el adecuado.

“Las reformas son vitales”, ha afirmado, “pero tras el duro ajuste en la periferia hay que preguntarse cómo volverá a crecer la eurozona: para ello no bastan las reformas, hay que hacer política fiscal y política monetaria”.

"Para ello no bastan las reformas". ¡Quién te ha visto y quien te ve Bernabé!

En Sidney, en la reunión del G-20, el presidente del BCE, Mario Draghi, ha explicado el domingo, día 23 de febrero, en relación a la posibilidad de adoptar estímulos monetarios, que la reunión mensual de los primeros días de marzo de la entidad será importante.

"Para entonces tendremos la información completa que necesitamos para decidir si actuamos o no", explicó. Las presiones deflacionistas no parecen ceder.

Las reflexiones más "libres" de Luis de Guindos, ¿tienen algo que ver con sus posibilidades de hacerse con la presidencia del Eurogrupo?

¿O con la pérdida de esa posibilidad?

¿Cuál es la fuente de esta libertad que ahora ejercita Luis de Guindos?

¿Quizá el enrarecido clima del Gobierno de Mariano Rajoy?

Sus adversarios internos tratan de ganarle terreno.

Mediático, en primer lugar.

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