José Luis Trasobares, en 'El Periódico de Aragón'
Pues sí, está todo muy mal. Los políticos son corruptos, Los banqueros, ladrones. Los sindicalistas, unos burócratas interesados. Los empresarios, jetas. Los jueces, prevaricadores. Los curas, pederastas. Y los periodistas, falsarios y vendidos. La sombra de la culpa se extiende sobre las élites (sobre unas más que otras, eso sí) y envuelve particularmente a quienes más salen en los telediarios. Es ahí donde una opinión pública desorientada, empobrecida y agitada por los nuevos demagogos proyecta su frustración. Con muy buenas razones, sin duda; pero no con toda la razón. Justo en estas horas inciertas, pesan sobre todos nosotros los múltiples pecados de la sociedad española: el absentismo, la desorganización, ese dejar las cosas importantes en manos de otros, la falta de coraje, la burricie... Durante decenios hemos visto cómo las cosas mejoraban solas. Aumentaba la renta per cápita, crecía el PIB, se desarrollaban una sanidad y una educación de calidad, el estado de las libertades públicas parecía aceptable... Y la pregunta del millón es: ¿cuántas personas intervinieron directamente en la conquista de esos logros?, ¿cuántos de los beneficiados merecieron realmente lo que otros les estaban poniendo a huevo?
Muchos (que ponen a parir a políticos y sindicalistas) jamás se mojaron en nada. Derechos laborales, convenios y servicios sociales los tuvieron regalados. Por eso ahora, cuando pintan bastos, no son pocos los que, acobardados, renuncian a resistir y luchar. El personal quiere todo gratis: políticos honestos (que además sean gente muy preparada, cobren una mierda y curren a lomo caliente), justicia intachable, democracia e información crítica y fiable. Por supuesto.
No hace mucho las trabajadoras de la limpieza de los centros sanitarios aragoneses hicieron un larga y tensa huelga para defender su convenio. Les aseguro que si los demás tuviésemos sólo la cuarta parte del valor y la determinación que demostraron estas señoras, las cosas no estarían como están. Rajoy habría dimitido, Rubalcaba habría dejado paso a la renovación y los ladrones de alto vuelo estarían (todos) en la cárcel. Pero...
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TODO ESTO TAMBIÉN ES CULPA NUESTRA
Etiquetas: compromiso, cooperación, corrupción, democracia | author: jose luis ochoaESPAÑA ESTÁ SECUESTRADA
Etiquetas: compromiso, conciencia social, congreso diputados, desobediencia civil | author: jose luis ochoa
Juan Torres López, en 'ganas de escribir'
Supongo que la mejor expresión de la libertad de un país es la que efectivamente tienen sus ciudadanos. Y, desde ese punto de vista, creo que se puede decir que España no es libre. Al menos, desde mayo de 2010, cuando José Luis Rodríguez Zapatero cambió de política y puso a España a la orden de los capitales financieros y de sus representantes políticos mundiales.
Desde entonces, los españoles no disfrutamos de libertad. Hemos podido votar sin coacciones, bien es cierto (aunque sin entrar en la naturaleza de la ley electoral, del desigual acceso a los medios o a la financiación, o en los privilegios de los distintos partidos en contienda por el voto), pero también lo es que no podemos evitar que nuestros representantes elegidos tomen decisiones manifiesta y materialmente contrarias a los programas que votamos, o que hagan lo que se comprometieron a no hacer cuando nos pidieron el voto. Cambiaron la Constitución sin consultarnos y aplican políticas opuestas a las que constan en sus programas electorales sin que tengamos manera de impedirlo.
El propio presidente Rajoy reconoció en el Parlamento que ni él ni los españoles somos libres, y la práctica totalidad de los demás diputados y diputadas lo asumió sin rechistar, sin reaccionar y sin que se les cayera la cara de vergüenza por aceptar en silencio una auténtica condición de simples mariachis.
Supongo que la mejor expresión de la libertad de un país es la que efectivamente tienen sus ciudadanos. Y, desde ese punto de vista, creo que se puede decir que España no es libre. Al menos, desde mayo de 2010, cuando José Luis Rodríguez Zapatero cambió de política y puso a España a la orden de los capitales financieros y de sus representantes políticos mundiales.
Desde entonces, los españoles no disfrutamos de libertad. Hemos podido votar sin coacciones, bien es cierto (aunque sin entrar en la naturaleza de la ley electoral, del desigual acceso a los medios o a la financiación, o en los privilegios de los distintos partidos en contienda por el voto), pero también lo es que no podemos evitar que nuestros representantes elegidos tomen decisiones manifiesta y materialmente contrarias a los programas que votamos, o que hagan lo que se comprometieron a no hacer cuando nos pidieron el voto. Cambiaron la Constitución sin consultarnos y aplican políticas opuestas a las que constan en sus programas electorales sin que tengamos manera de impedirlo.
El propio presidente Rajoy reconoció en el Parlamento que ni él ni los españoles somos libres, y la práctica totalidad de los demás diputados y diputadas lo asumió sin rechistar, sin reaccionar y sin que se les cayera la cara de vergüenza por aceptar en silencio una auténtica condición de simples mariachis.
SI MANDASE MANDELA
Etiquetas: compromiso, poder, politicos, unidad | author: jose luis ochoa
¿Qué habría hecho el estadista sudafricano si hubiera estado en el lugar de Obama, Rajoy o Morsi? Ante todo, tratar de unificar a los pueblos, poniendo el interés común por encima de cualquier otro
John Carlin, en 'El País'
Qué haría Nelson Mandela en el lugar de Barack Obama en Estados Unidos, de Mariano Rajoy en España o, antes de su caída, de Mohamed Morsi en Egipto, por mencionar solo tres dirigentes que reflejan el descrédito en el que ha caído la clase política mundial? Existe una crisis de poder en el mundo hoy, espectacularmente escenificada en el golpe de Estado egipcio y en las protestas que hemos visto últimamente en Brasil y Turquía, y poco valor tiene hablar de la ejemplar figura de Mandela, ahora que agoniza, si nos limitamos a recordar con nostalgia su trayectoria histórica y no intentamos aplicar sus lecciones al mundo actual. Bill Keller, exdirector del New York Times,entró en el tema en una columna publicada en su diario el fin de semana pasado, comparando a Obama con Mandela. Su conclusión: que el primer presidente negro de Estados Unidos no estaba ni remotamente a la altura del primero de Suráfrica.
Menos aún lo ha estado Mohamed Morsi. Comparemos los cinco años que Mandela estuvo en el poder con los 12 meses que Morsi ejerció de presidente en Egipto. Ambos asumieron el poder en circunstancias similares. Uno tras la primavera árabe, el otro tras una primavera africana. Solo que Mandela supo prepararse para el invierno. Mandela entendió que la prioridad, en una época de transición y fragilidad institucional, era construir una nueva nación de arriba abajo y no frotarse las manos y pensar, “ahora les toca a los míos, ahora vamos a imponer nuestro concepto de país y los que no estén de acuerdo que aguanten y callen”. Como hemos visto esta semana en las calles de El Cairo, los que no han compartido su visión islamista ni se han aguantado ni se han callado. La lección egipcia es que las consecuencias de promover el divisionismo en un país en transición pueden ser catastróficas.
John Carlin, en 'El País'
Qué haría Nelson Mandela en el lugar de Barack Obama en Estados Unidos, de Mariano Rajoy en España o, antes de su caída, de Mohamed Morsi en Egipto, por mencionar solo tres dirigentes que reflejan el descrédito en el que ha caído la clase política mundial? Existe una crisis de poder en el mundo hoy, espectacularmente escenificada en el golpe de Estado egipcio y en las protestas que hemos visto últimamente en Brasil y Turquía, y poco valor tiene hablar de la ejemplar figura de Mandela, ahora que agoniza, si nos limitamos a recordar con nostalgia su trayectoria histórica y no intentamos aplicar sus lecciones al mundo actual. Bill Keller, exdirector del New York Times,entró en el tema en una columna publicada en su diario el fin de semana pasado, comparando a Obama con Mandela. Su conclusión: que el primer presidente negro de Estados Unidos no estaba ni remotamente a la altura del primero de Suráfrica.
Menos aún lo ha estado Mohamed Morsi. Comparemos los cinco años que Mandela estuvo en el poder con los 12 meses que Morsi ejerció de presidente en Egipto. Ambos asumieron el poder en circunstancias similares. Uno tras la primavera árabe, el otro tras una primavera africana. Solo que Mandela supo prepararse para el invierno. Mandela entendió que la prioridad, en una época de transición y fragilidad institucional, era construir una nueva nación de arriba abajo y no frotarse las manos y pensar, “ahora les toca a los míos, ahora vamos a imponer nuestro concepto de país y los que no estén de acuerdo que aguanten y callen”. Como hemos visto esta semana en las calles de El Cairo, los que no han compartido su visión islamista ni se han aguantado ni se han callado. La lección egipcia es que las consecuencias de promover el divisionismo en un país en transición pueden ser catastróficas.
CONCIENCIA SOCIAL Y COMPROMISO ECONÓMICO
Etiquetas: compromiso, conciencia social | author: jose luis ochoa
Andrés Esteban
Comienzo esta reflexión, realizando algunas constataciones sobre la situación actual: Si algo estamos aprendiendo en esta crisis sistémica y global (no hay que olvidar que una mayoría de la humanidad está en crisis desde hace tiempo) es que el poder financiero, siempre en la sombra, se ha hecho más visible, los focos mediáticos y sociales le han iluminado, pero su poder no ha mermado; al contrario, ha aumentado, se ha concentrado y se ha impuesto al poder político.
Otras de las evidencias es cómo ha calado la máxima capitalista de“ganar el máximo dinero en el menor tiempo posible” en el conjunto de la sociedad, llevándose por delante, cual tsunami, valores esenciales para la construcción de la sociedad.
También experimentamos cómo el dinero ha pasado de ser un instrumento al servicio de las personas y la comunidad a ser un fin en sí mismo; ayudado en gran medida, por otra condición que a veces olvidamos: a los bancos se les ha concedido el poder de crear dinero, dinero bancario, que ha sido el que se ha insuflado al sistema en los últimos años a gran escala, montando un auténtico casino de especulación financiera; desligando el dinero de la economía productiva.
Desde mi punto de vista, una de las máximas expresiones, en España, del poder financiero sobre el poder político la tenemos en la reforma de la constitución española, en 2011 con la modificación del artículo 135, estableciendo el concepto de "estabilidad presupuestaria" y la imposición de garantizar el déficit cero, con nefastas consecuencias.
Comienzo esta reflexión, realizando algunas constataciones sobre la situación actual: Si algo estamos aprendiendo en esta crisis sistémica y global (no hay que olvidar que una mayoría de la humanidad está en crisis desde hace tiempo) es que el poder financiero, siempre en la sombra, se ha hecho más visible, los focos mediáticos y sociales le han iluminado, pero su poder no ha mermado; al contrario, ha aumentado, se ha concentrado y se ha impuesto al poder político.
Otras de las evidencias es cómo ha calado la máxima capitalista de“ganar el máximo dinero en el menor tiempo posible” en el conjunto de la sociedad, llevándose por delante, cual tsunami, valores esenciales para la construcción de la sociedad.
También experimentamos cómo el dinero ha pasado de ser un instrumento al servicio de las personas y la comunidad a ser un fin en sí mismo; ayudado en gran medida, por otra condición que a veces olvidamos: a los bancos se les ha concedido el poder de crear dinero, dinero bancario, que ha sido el que se ha insuflado al sistema en los últimos años a gran escala, montando un auténtico casino de especulación financiera; desligando el dinero de la economía productiva.
Desde mi punto de vista, una de las máximas expresiones, en España, del poder financiero sobre el poder político la tenemos en la reforma de la constitución española, en 2011 con la modificación del artículo 135, estableciendo el concepto de "estabilidad presupuestaria" y la imposición de garantizar el déficit cero, con nefastas consecuencias.
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