Se han roto los vínculos de confianza entre generaciones y el de solidaridad entre los favorecidos y los menos afortunados. En este escenario, toda elección es plebiscitaria y solo se puede elegir entre elitismo y populismo
JOSÉ LUIS PARDO, en El País
Toda vida es un proceso de demolición”, escribió F. S. Fitzgerald. Según él, los golpes espectaculares que llegan desde fuera no son tan importantes en este proceso como las pequeñas y continuadas quiebras internas, que pasan inadvertidas durante mucho tiempo y que, cuando llegan a la luz, ya son irreversibles. Yo siempre había creído que estas afirmaciones se referían a las consecuencias individuales del crashde 1929. Pero últimamente he comprendido que también tratan de nosotros.
La primera noticia de que se avecinaba una “mutación epocal” la recibí yo de boca de John Lennon en su mantra de 1970: el sueño ha terminado. Se anunciaba entonces todo lo que ahora se ha convertido en titular de actualidad: la muerte del libro, el final de los partidos políticos, el ocaso del Estado nación, el crepúsculo de la Universidad, la muerte del hombre, la decadencia de la familia y un largo etcétera. Pero nadie se preocupó demasiado: era una más de las “modas intelectuales” que periódicamente animaban el ambiente cultural sin mayores consecuencias. Hubo que esperar a la década siguiente para que aquella moda intelectual se convirtiese en programa: el “giro conservador” liderado por Thatcher y Reagan puso en marcha las políticas de privatización y desregulación que tanto desorientaron a la socialdemocracia (poniéndola en el camino de la “tercera vía” que buscaba Tony Blair) y que, impulsadas por la caída de la URSS y el nuevo mapa de amigos y enemigos internacionales (ante todo, el terrorismo “yihadista”), cristalizaron en esa coyuntura difusa e inaprensible que dimos en llamar “globalización”.
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19-J: INDIGNACIÓN MASIVA
Etiquetas: juventud, liderazgo, manifestacion, soluciones | author: jose luis ochoa
Josep Maria Antentas y Esther Vivas, en 'El País'
La indignación ha superado una vez más todos los cálculos, tomando masivamente las calles, y mostrando la brecha abierta entre malestar social y políticas en las instituciones. Del 15M al 19J, se han acumulado fuerzas y se han tejido complicidades, y no sólo en lo local (acampadas y barrios) sino con amplios sectores sociales que se han sentido identificados con esta crítica rotunda a la clase política y a un sistema bancario y financiero a quien se responsabiliza de la presente crisis. El lema “no somos mercancías en manos de políticos y banqueros” sintetiza ambas demandas.
Las y los indignados han señalado sin ambigüedades a aquellos que han claudicado frente a los “mercados” y que, exigiendo políticas de recortes, no se las han aplicado a si mismos. “Queremos políticos mileuristas” era una de las consignas fervientemente aplaudidas en la manifestación. La democracia actual ha resultado ser cada vez más vacía de contenido para una ciudadanía con voluntad de decisión y de control sobre sus propias vidas. Un voto cada cuatro años no es suficiente para quienes reivindican la política como el ejercicio cotidiano de sus derechos, en el día a día y de abajo arriba.
El cerco al movimiento, tras la acción al Parlamento catalán el 15J, no ha podido con una indignación social colectiva que supera a aquellos y aquellas que han estado en las acampadas. Quien crea que el movimiento es cosa de jóvenes, activistas… se equivoca. También lo hace quien lo considere un mero problema de orden público. Los de siempre han pasado a ser muchos. Dos años y nueve meses de crisis, pesan. El movimiento expresa una corriente profunda de malestar social que, finalmente, ha emergido a la luz pública y, como es habitual, de forma imprevista y con formas novedosas. No estamos ante un fenómeno coyuntural o pasajero, sino ante las primeras sacudidas de un nuevo ciclo de movilización, de las que el 15M y las acampadas han actuado de lanzadera.
La indignación ha superado una vez más todos los cálculos, tomando masivamente las calles, y mostrando la brecha abierta entre malestar social y políticas en las instituciones. Del 15M al 19J, se han acumulado fuerzas y se han tejido complicidades, y no sólo en lo local (acampadas y barrios) sino con amplios sectores sociales que se han sentido identificados con esta crítica rotunda a la clase política y a un sistema bancario y financiero a quien se responsabiliza de la presente crisis. El lema “no somos mercancías en manos de políticos y banqueros” sintetiza ambas demandas.
Las y los indignados han señalado sin ambigüedades a aquellos que han claudicado frente a los “mercados” y que, exigiendo políticas de recortes, no se las han aplicado a si mismos. “Queremos políticos mileuristas” era una de las consignas fervientemente aplaudidas en la manifestación. La democracia actual ha resultado ser cada vez más vacía de contenido para una ciudadanía con voluntad de decisión y de control sobre sus propias vidas. Un voto cada cuatro años no es suficiente para quienes reivindican la política como el ejercicio cotidiano de sus derechos, en el día a día y de abajo arriba.
El cerco al movimiento, tras la acción al Parlamento catalán el 15J, no ha podido con una indignación social colectiva que supera a aquellos y aquellas que han estado en las acampadas. Quien crea que el movimiento es cosa de jóvenes, activistas… se equivoca. También lo hace quien lo considere un mero problema de orden público. Los de siempre han pasado a ser muchos. Dos años y nueve meses de crisis, pesan. El movimiento expresa una corriente profunda de malestar social que, finalmente, ha emergido a la luz pública y, como es habitual, de forma imprevista y con formas novedosas. No estamos ante un fenómeno coyuntural o pasajero, sino ante las primeras sacudidas de un nuevo ciclo de movilización, de las que el 15M y las acampadas han actuado de lanzadera.
"INDIGNARSE NO ES SUFICIENTE: HAY QUE SER MÁS INTELIGENTE"
Etiquetas: democracia, entrevista, liderazgo | author: jose luis ochoa
Luis Amiguet entrevista a Daniel Innerarity, en 'La Vanguardia'
El fin de las élites
Es difícil creer que la democracia se esté extendiendo por el planeta, árabes incluidos, sólo porque es moralmente superior a otras formas de gobierno. Por eso resulta tan oportuna la cita de Innerarity –pensador sistémico– del teorema que demuestra su mayor eficacia como mecanismo de decisión frente a los gobiernos de élite o del puro y arcaico ordeno y mando. Hoy, en la sociedad del conocimiento, la democracia es simplemente la manera más eficaz de convertir la inteligencia colectiva en decisiones acertadas. En esta era de redes sociales y movilización permanente, más que de tener un gobierno de los mejores, se trata de gobernar mejor entre todos. Y con indignarse no basta.
¿Qué pasa?
La sociedad está dividida entre los que defienden sus valores sin tener en cuenta la realidad y los que gestionan la realidad sin tener valores.
Por ejemplo.
¿Usted es de derechas o de izquierdas?
Dígamelo usted.
En un atasco, los de derechas dicen: “Aquí falta un guardia”; y los de izquierdas: “¡Menudo atasco está causando el guardia!”.
¿Y la realidad de qué partido es?
Es postheroica: ya no requerimos grandes líderes clarividentes que nos dirijan...
Tampoco es que sobren.
Porque no hacen falta. La sociedad ya no tiene un centro de decisiones que requiera un hombre providencial al mando.
El fin de las élites
Es difícil creer que la democracia se esté extendiendo por el planeta, árabes incluidos, sólo porque es moralmente superior a otras formas de gobierno. Por eso resulta tan oportuna la cita de Innerarity –pensador sistémico– del teorema que demuestra su mayor eficacia como mecanismo de decisión frente a los gobiernos de élite o del puro y arcaico ordeno y mando. Hoy, en la sociedad del conocimiento, la democracia es simplemente la manera más eficaz de convertir la inteligencia colectiva en decisiones acertadas. En esta era de redes sociales y movilización permanente, más que de tener un gobierno de los mejores, se trata de gobernar mejor entre todos. Y con indignarse no basta.
¿Qué pasa?
La sociedad está dividida entre los que defienden sus valores sin tener en cuenta la realidad y los que gestionan la realidad sin tener valores.
Por ejemplo.
¿Usted es de derechas o de izquierdas?
Dígamelo usted.
En un atasco, los de derechas dicen: “Aquí falta un guardia”; y los de izquierdas: “¡Menudo atasco está causando el guardia!”.
¿Y la realidad de qué partido es?
Es postheroica: ya no requerimos grandes líderes clarividentes que nos dirijan...
Tampoco es que sobren.
Porque no hacen falta. La sociedad ya no tiene un centro de decisiones que requiera un hombre providencial al mando.
15-M: NO HAY DEMOCRACIA REAL SIN DEMOCRACIA ECONÓMICA
Etiquetas: 15-M, democracia, estafa, juan torres lopez, juventud, liderazgo | author: jose luis ochoa
Juan Torres López
“Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” (Artículo 128 de la Constitución española)
El movimiento del 15-M ha puesto sobre la mesa un debate que se ha querido hurtar a la ciudadanía española durante los últimos treinta años: el de la imperfecta democracia existente en nuestro país.
Miles de personas claman en nuestras calles para exigir democracia real porque entienden, con razón, que no se sienten representados por el régimen bipartidista de hecho que la ley electoral vigente instituyó, principalmente, con el objetivo de excluir a la izquierda menos colaboracionista del escenario político. Porque entienden que la democracia es incompatible con la presentación de docenas de imputados en las listas electorales, con la opacidad en la financiación de los partidos, con la falta de control del patrimonio de quienes dicen servir a los intereses públicos, empezando por el del Jefe del Estado, o con las vergonzosas imágenes de parlamentarios ausentes de sus escaños mientras otros hablan cansinamente al aire. Y también, porque creen, porque creemos, que tampoco se puede hablar de democracia cuando la propiedad de los medios de comunicación se concentra cada vez más en manos de grandes grupos financieros o incluso de fondos especulativos para evitar que se conviertan en espacios para el debate público y a la información objetiva.
“Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” (Artículo 128 de la Constitución española)
El movimiento del 15-M ha puesto sobre la mesa un debate que se ha querido hurtar a la ciudadanía española durante los últimos treinta años: el de la imperfecta democracia existente en nuestro país.
Miles de personas claman en nuestras calles para exigir democracia real porque entienden, con razón, que no se sienten representados por el régimen bipartidista de hecho que la ley electoral vigente instituyó, principalmente, con el objetivo de excluir a la izquierda menos colaboracionista del escenario político. Porque entienden que la democracia es incompatible con la presentación de docenas de imputados en las listas electorales, con la opacidad en la financiación de los partidos, con la falta de control del patrimonio de quienes dicen servir a los intereses públicos, empezando por el del Jefe del Estado, o con las vergonzosas imágenes de parlamentarios ausentes de sus escaños mientras otros hablan cansinamente al aire. Y también, porque creen, porque creemos, que tampoco se puede hablar de democracia cuando la propiedad de los medios de comunicación se concentra cada vez más en manos de grandes grupos financieros o incluso de fondos especulativos para evitar que se conviertan en espacios para el debate público y a la información objetiva.
LA ESPERANZA DE LA IZQUIERDA
Etiquetas: izquierda, juventud, liderazgo | author: jose luis ochoa
Ignacio Escolar
La última gran esperanza de la izquierda europea, el director gerente del FMI, fue arrestrado ayer en el sillón de primera clase de un avión cuando huía tras intentar violar a una trabajadora en una suite de lujo de un hotel de Nueva York. La huida y la violación aún no están probadas. Dominique Strauss-Kahn, el hombre que ya no derrotará a Sarkozy, es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Pero en los símbolos de esta truculenta historia se resume tan bien la debacle de la izquierda que, aunque el crimen fuera falso, la metáfora seguiría siendo dolorosamente verdadera.
¿Qué fue de la izquierda? ¿Dónde falló? Es sarcástico: la historia le dio la razón justo después de que ella misma se autoconvenciese de que el mundo era inexorablemente de derechas. Renunció a la utopía, a la igualdad, a la justicia social. Dejó de soñar con cambiar la realidad y se conformó con la caridad: con poner paños calientes a un sistema que no sólo es incapaz de reducir las desigualdades económicas y sociales, sino que las hace aún más profundas. Pasa en todo el mundo, de norte a sur, pero también en el norte y el sur de cada ciudad. El hijo del obrero llega a la universidad pero, mala suerte, ahora le hace falta un MBA.
La crisis económica no ha sido la oportunidad de la izquierda, sino su tumba. Y el debate en Francia, o en Dinamarca, o en Badalona, se mueve entre la xenofobia y el miedo, entre el cabreo y la resignación. Estamos en campaña, y el acto político más masivo no fue ayer ningún mitin, sino esas manifestaciones de miles de jóvenes en decenas de ciudades que clamaban por una democracia más real. Sin duda hay esperanza para la izquierda, pero tal vez deberíamos dejar de buscarla en un sillón de avión en primera, en una suite de lujo o en el despacho más amplio del FMI.
La última gran esperanza de la izquierda europea, el director gerente del FMI, fue arrestrado ayer en el sillón de primera clase de un avión cuando huía tras intentar violar a una trabajadora en una suite de lujo de un hotel de Nueva York. La huida y la violación aún no están probadas. Dominique Strauss-Kahn, el hombre que ya no derrotará a Sarkozy, es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Pero en los símbolos de esta truculenta historia se resume tan bien la debacle de la izquierda que, aunque el crimen fuera falso, la metáfora seguiría siendo dolorosamente verdadera.
¿Qué fue de la izquierda? ¿Dónde falló? Es sarcástico: la historia le dio la razón justo después de que ella misma se autoconvenciese de que el mundo era inexorablemente de derechas. Renunció a la utopía, a la igualdad, a la justicia social. Dejó de soñar con cambiar la realidad y se conformó con la caridad: con poner paños calientes a un sistema que no sólo es incapaz de reducir las desigualdades económicas y sociales, sino que las hace aún más profundas. Pasa en todo el mundo, de norte a sur, pero también en el norte y el sur de cada ciudad. El hijo del obrero llega a la universidad pero, mala suerte, ahora le hace falta un MBA.
La crisis económica no ha sido la oportunidad de la izquierda, sino su tumba. Y el debate en Francia, o en Dinamarca, o en Badalona, se mueve entre la xenofobia y el miedo, entre el cabreo y la resignación. Estamos en campaña, y el acto político más masivo no fue ayer ningún mitin, sino esas manifestaciones de miles de jóvenes en decenas de ciudades que clamaban por una democracia más real. Sin duda hay esperanza para la izquierda, pero tal vez deberíamos dejar de buscarla en un sillón de avión en primera, en una suite de lujo o en el despacho más amplio del FMI.
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