Ignacio Ramonet, en Le monde Diplomatique, 213
Nos lo temíamos (1). Y tanto la literatura (1984, de George Orwell) como el cine de anticipación (Minority Report, de Steven Spielberg) nos habían avisado: con los progresos de las tecnologías de comunicación todos acabaríamos siendo vigilados. Claro, intuíamos que esa violación de nuestra privacidad la ejercería un Estado neototalitario. Ahí nos equivocamos. Porque las inauditas revelaciones efectuadas por el valeroso Edward Snowden sobre la vigilancia orwelliana de nuestras comunicaciones acusan directamente a Estados Unidos, país antaño considerado como “la patria de la libertad”. Al parecer, desde la promulgación en 2001 de la ley “Patriot Act” (2), eso se acabó. El propio presidente Barack Obama lo acaba de admitir: “No se puede tener un 100% de seguridad y un 100% de privacidad”. Bienvenidos pues a la era del ‘Gran Hermano’...
¿Qué revelaciones ha hecho Snowden? Este antiguo asistente técnico de la CIA, de 29 años, y que últimamente trabajaba para una empresa privada –la Booz Allen Hamilton (3)– subcontratada por la Agencia estadounidense de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), reveló mediante filtraciones a los diarios The Guardian y The Washington Post, la existencia de programas secretos que permiten la vigilancia de las comunicaciones de millones de ciudadanos por parte del Gobierno de Estados Unidos.
Un primer programa entró en vigor en 2006. Consiste en espiar todas las llamadas telefónicas que se efectuan, a través de la compañía Verizon, dentro de Estados Unidos, y las que se hacen desde allí hacia el extranjero. Otro programa, llamado PRISM, fue puesto en marcha en 2008. Supone la recolección de todos los datos enviados por Internet –correos electrónicos, fotos, vídeos, chats, redes sociales, tarjetas de crédito...– únicamente (en principio) por extranjeros que residen fuera del territorio norteamericano. Ambos programas han sido aprobados en secreto por el Congreso de Estados Unidos, al que se habría mantenido, según Barack Obama, “constantemente informado” sobre su desarrollo.
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EN PROPIEDAD
Etiquetas: propiedad | author: jose luis ochoa
Samuel, en 'Quilombo'
Fin de año agitado en Internet. Esta semana EEUU aprobó una regulación de la llamada "neutralidad de la red" y Francia una normativa que implanta lacensura administrativa con la excusa de la lucha contra la pornografía infantil y la pederastia. Mientras, España vivió una fuerte movilización ciudadana contra la inclusión de la disposición final segunda conocida como Ley Sinde en la Ley de Economía Sostenible. Como se sabe, la Ley fue aprobada sin la controvertida norma por falta de apoyos políticos.
La fallida disposición pretendía reforzar el ejercicio de los derechos de propiedad intelectual en España mediante la supervisión gubernamental de las páginas de enlaces P2P. El objetivo último es, pues, el mismo que el delACTA. En esta ocasión la polémica se centró en la falta de garantías judiciales a la hora de cerrar determinados sitios web, a iniciativa de la industria cultural, y en la indeterminación de los supuestos que justificaban esas medidas, que podía entrañar el sacrificio de libertades como la de expresión frente a la propiedad intelectual.
Fin de año agitado en Internet. Esta semana EEUU aprobó una regulación de la llamada "neutralidad de la red" y Francia una normativa que implanta lacensura administrativa con la excusa de la lucha contra la pornografía infantil y la pederastia. Mientras, España vivió una fuerte movilización ciudadana contra la inclusión de la disposición final segunda conocida como Ley Sinde en la Ley de Economía Sostenible. Como se sabe, la Ley fue aprobada sin la controvertida norma por falta de apoyos políticos.
La fallida disposición pretendía reforzar el ejercicio de los derechos de propiedad intelectual en España mediante la supervisión gubernamental de las páginas de enlaces P2P. El objetivo último es, pues, el mismo que el delACTA. En esta ocasión la polémica se centró en la falta de garantías judiciales a la hora de cerrar determinados sitios web, a iniciativa de la industria cultural, y en la indeterminación de los supuestos que justificaban esas medidas, que podía entrañar el sacrificio de libertades como la de expresión frente a la propiedad intelectual.
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