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LAS REVOLUCIONES NO VIOLENTAS HAN TENIDO MÁS PORCENTAJES DE ÉXITO

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ENTREVISTA A JESÚS CASTAÑAR, AUTOR DE ‘TEORÍA E HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN NOVIOLENTA’

Manuel Tabernas, en El Diagonal


¿Por qué tiene tan buena fama la violencia para solucionar conflictos?

La violencia es una forma de acción, política o social, que aparentemente tiene una gran efectividad en los niveles de acción instrumental, comunicativo o de negociación, que se puede ejercer con poca capacidad organizacional y sin plantear cuestiones incómodas sobre la propia naturaleza del conflicto. La efectividad instrumental de la violencia es sólo aparente porque una lucha de resistencia debe enfrentarse asimétricamente a la violencia del oponente, que dispondrá de infinidad de medios violentos con mayor capacidad de destrucción.

La acción violenta atrae a los que buscan una respuesta rápida y enérgica contra la injusticia, pero cual­quier respuesta, para que sea realmente duradera, tiene que ser meditada y consensuada por la sociedad. No hay otra forma, pues de otra manera necesitará de más violencia para perpetuarse.

Dicen los clásicos que una revolución violenta engendrará una sociedad violenta. ¿Pero es realmente posible una revolución noviolenta?

No sólo es posible una revolución noviolenta, sino que históricamente han tenido mayores porcentajes de éxito. Según las estadísticas de las investigadoras Maria Stephan y Erika Chenoweth, durante el siglo XX las revoluciones noviolentas han triunfado en un 60% y las revoluciones violentas tan sólo en un 30%.

LA LIBERTAD DE TODOS AMENAZADA POR LA GRAN RIQUEZA DE 2.170

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Daniel Raventós, en Sin Permiso

No ha habido ningún autor mínimamente serio que haya sido un defensor de lo que para simplificar podríamos llamar igualdad total. Si "igualdad total" son palabras con algún sentido preciso. Efectivamente, somos muy diferentes. Unas personas son jóvenes y otras casi centenarias, unas gozan de buena salud y otras la tienen muy precaria, unas son muy inteligentes y otras no tanto, unas prefieren la televisión a todas horas y otras lecturas de biología evolutiva, a unas les chifla leer prensa deportiva y a otras estudiar a Aristóteles, unas desean escalar montañas y otras atiborrarse de pornografía o de discursos papales, etc. Constatar estas evidencias resultaría innecesario si no fuera porque en ocasiones estas grandes diversidades en las preferencias y en la constitución natural se utilizan para intentar defender situaciones sociales que no son producto de desigualdades más o menos neutras sino completamente inicuas. Hay desigualdades que no afectan a la libertad de la mayoría, pero hay otras que la comprometen cuando no la impiden.

SIETE FRASES DE MANDELA PARA RAJOY

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Iker Armentia, en eldiarionorte.es

Estimado Mariano Rajoy Brey:

He conocido por la prensa que acude usted hoy al funeral de Nelson Mandela en Johannesburgo. He leído además que es un gran admirador de Mandela al que considera un "ejemplo de lucha por la igualdad". Y he subrayado un artículo de prensa que escribió usted el pasado fin de semana en el que afirma que Mandela es "una guía inigualable para asumir los desafíos que todos tenemos por delante". Permítame decirle que no se le nota mucho (lo de que Mandela sea una guía para los desafíos que, en este caso, usted tiene por delante), por lo que me ofrezco de forma desinteresada a acercarle la figura de Mandela a través de algunas de sus frases más conocidas, y a ver si se le pega algo. Con todo el respeto del mundo y tal.

1. "La pobreza no es natural, es creada por el hombre y puede superarse y erradicarse mediante acciones de los seres humanos. Y erradicar la pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia".

Señor presidente del Gobierno, según Eurostat más de trece millones de españoles viven amenazados por la pobreza o la exclusión. Somos el cuarto país de la Unión Europea con más personas en riesgo de quedarse sin nada. El último informe del Observatorio de la Realidad Social que elabora Cáritas revela que en España hay ya tres millones de personas que viven con menos de 307 euros al mes, el doble de ciudadanos que antes del comienzo de la crisis.

NELSON MANDELA

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Julián Casanova Ruiz

Nelson Mandela Cuando muere un personaje tan extraordinario, los historiadores solemos recordar que las biografías no son de una sola pieza. Muchos de los que suben a Mandela ahora a los altares, no hicieron nada contra el Apartheid, que duró de forma extraordinaria hasta comienzos de los años noventa. 

Por supuesto, no fue un referente para los políticos de la transición española y sus ideas y prácticas revolucionarias, con una defensa de la violencia frente a la segregación, nada tienen que ver con el almíbar con que ahora lo envuelven muchos medios de comunicación y demócratas de toda la vida. Porque el Congreso Nacional Africano, establecido en 1923, estuvo durante más de dos décadas dominado por cristianos negros, cultos y bien formados, que esperaban que la elite política blanca disminuyera los efectos de la segregación racial a través de la negociación. Cuando, desde finales de los años cuarenta, se introdujeron las leyes raciales y el nacionalismo Afrikaner se radicalizó, esa estrategia moderada demostró su inutilidad. 

Y fue entonces cuando una nueva generación de jóvenes negros, con Mandela (nacido en 1918) y Oliver Tambo a la cabeza, se dieron cuenta que la igualdad no la conseguirían a través de la caridad de los blancos, sino por medio de la presión/fuerza de los negros. Como consecuencia de la masacre de Shaperville (marzo de 1960, con 69 manifestantes muertos por la policía), Mandela comenzó a dirigir la rama armada de la ANC. Fue encarcelado en 1962 y sentenciado dos años más tarde a cadena perpetua. 

Liberado por el presidente De Klerk (11 de febrero de 1990), renunció a la violencia tras una reunión con él y abrió negociaciones para el final del Apartheid. 

Pero era 1990 y en los años ochenta tanto Thatcher como Reagan se creyeron siempre la descripción que de él hacían los gobiernos sudafricanos como peligroso terrorista. 

En suma, guste o no, y al margen de las valoraciones sobre su vida privada, Mandela fue un revolucionario, cuyo cordón umbilical no está unido a gente que hoy hace el paripé llorando su figura. 

Tras 27 años en la cárcel, fue el primer presidente negro de Sudáfrica a los 77, un personaje clave en la transición desde un régimen represivo y racista a otro democrático y sin discriminación legal. Pero en los años ochenta, de tanto desarrollo y neoliberalismo, se estaba pudriendo todavía en la cárcel.

TRES TENDENCIAS GLOBALES CRECIENTES. ¿CUÁL SE IMPONDRÁ?

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Jose Eizaguirre, en Cristianisme i Justitia

Siempre es aventurado hablar de “tendencias globales”, sobre las que se vierten ríos de tinta y de bytes. ¿Hacia dónde se encamina el mundo en su conjunto? Es difícil hacer pronósticos. Con humildad –y consciente de que esto no es más que un brevísimo apunte– presento tres tendencias que percibo con claridad.

1. La creciente concentración de riqueza -y por tanto de poder- cada vez en menos manos, mientras la gran mayoría se empobrece, no solo en recursos materiales sino también en derechos civiles. Los que tienen, tienen cada vez más mientras que a los que no tienen se les quita hasta lo que tienen. Por encima del poder de los políticos, de las multinacionales y de los bancos, vislumbramos unas élites económicas que llevan tiempo acaparando el poder y controlando cada vez más los recursos naturales y asistenciales que satisfacen las necesidades humanas: los medios de comunicación, la alimentación, el acaparamiento de tierras y de agua, la sanidad… y, sobre todo, el dinero, despojando a las personas de medios y de libertad.

LA DEMOCRACIA COMO REVOLUCIÓN

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SE PRECISA UNA REVUELTA CONSERVADORA, QUE RECUPERE IDEALES BÁSICOS, Y ROMPEDORA: DESDE LOS MOLDES DE HOY NO HAY CAMBIO POSIBLE

Joan Subirats, en 'El País'

Está llegando el momento en que reivindicar que nuestra vida política sea democrática va a convertirse en un acto insurreccional, en un acto revolucionario. Volveremos así a la época en que un demócrata era un peligroso activista al que se tenía que controlar y vigilar de cerca. La degradación del funcionamiento del sistema (el cajero del partido del gobierno con millones en Suiza certifica un comportamiento prevaricador sistemático de ese partido; el principal partido de la oposición con los ERE en Andalucía), el hartazgo colectivo sobre como funciona la cosa pública (distancia sideral entre promesas y realidad; uso compulsivo de la mentira; no reconocimiento de los errores propios) y la sensación general de agotamiento del modelo está conduciendo a un callejón sin salida.

¿Podemos imaginar un proceso de regeneración desde dentro? No percibo catarsis alguna en los partidos centrales del sistema. Más bien, tratan de seguir siendo centrales, atacándose entre ellos, para así sostenerse mutuamente. ¿Es posible que desde Europa se nos obligue a ello? No creo que el modelo de construcción europea, alejado de las complejidades internas de cada miembro del club e interesado solo en que el mercado funcione, ofrezca esperanza de redención. ¿Qué nos queda? La revolución.

UNIDAD CIUDADANA

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Juan Torres López, en Público.es 

Hace ya cinco años que la crisis empezó a mostrarse con todo su vigor y que los economistas más críticos comenzamos a advertir de lo que se venía encima. Desde entonces hemos venido analizándola, haciendo propuestas constantes y señalando sus peligros y las circunstancias más favorables que había que tratar de crear para poder hacerle frente mejorando en la mayor medida de lo posible el bienestar de las personas. En un artículo que publiqué el 10 de septiembre de 2007 exponía la que me parecía que la verdadera naturaleza de la crisis y decía que había alternativas pero que no podrían llevarse a cabo “si los ciudadanos no son capaces de negar el estado de cosas actual, de imponer su voluntad sobre la de los mercados en donde gobiernan los poderosos y para ello es preciso no solo que sean conscientes de la naturaleza real de estos problemas económicos sino que tengan el poder suficiente para convertir sus intereses en voluntades sociales y éstas en decisiones políticas” (Diez ideas para entender la crisis financiera, sus causas, sus responsables y sus posibles soluciones). Mensajes parecidos, si no idénticos, divulgaron otros economistas, asociaciones, sindicatos y organizaciones de todo tipo.

Pero a pesar de saber desde el principio lo que iba a suceder y de disponer de suficiente información y de conocer las alternativas, lo cierto es que no se ha conseguido articular la fuerza social y política suficiente para frenar los recortes sociales y el desmantelamiento de la democracia.

STOP DESAHUCIOS HA DISPARADO AL CORAZÓN DEL CAPITAL

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Pablo Iglesias en 'publico.es'

Decía Sieyès en sus escritos políticos sobre la Revolución, que los no propietarios no son más que una muchedumbre sin libertad ni moralidad. Con la única excepción de la Revolución haitiana, todas las tradiciones revolucionarias ilustradas sobre las que se construyeron los edificios constitucionales liberales y social-liberales, se asentaron sobre la propiedad privada como eje jurídico vertebrador de las relaciones entre economía y política. La democracia estadounidense de los padres fundadores se basaba, de hecho, en la protección de los intereses de los propietarios de tierras y de esclavos y es que, como escribió John Adams, desde el momento en el que se instala la idea de que la propiedad no es tan sagrada como las leyes de Dios, comienzan la anarquía y la tiranía. La Revolución francesa que en su digna etapa jacobina, proclamó la igualdad como principio unido a la libertad y la fraternidad, vio como el desarrollo de los acontecimientos terminó convirtiendo la igualdad en un derecho puramente formal, al tiempo que constitucionalizaba las relaciones materiales derivadas de la propiedad privada. Nuestros queridos ilustrados identificaron al hombre político con el hombre propietario y sólo así se explica la criminal exclusión de los revolucionarios haitianos, esos jacobinos negros que pusieron de rodillas a las potencias coloniales de la época, de la tradición “democrática” del pensamiento occidental.

 

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