Juan Martínez Alier, en El Triangle
El decrecimiento sostenible es una teoría que liga economía y medio ambiente y surge de una necesidad. Cada vez somos más humanos en el planeta y cada vez hay menos recursos naturales. Hablamos de ello con Juan Martínez Alier.
¿Cómo evoluciona esta teoría? ¿Arraiga?
La teoría del decrecimiento está creciendo. En septiembre se hará un congreso a Leipzig y se esperan unas 3.000 personas. En el año 1972, André Gorz ya hablaba de ello en Francia. Incluso, un presidente holandés de la Comisión Europea, Sicco Mansholt, lo hizo después de leer un informe del Club de Roma que hablaba del decrecimiento y se sumó a él. No duró ni seis meses. En el año 1979 se publicó en Francia un libro que se titulaba Mañana el decrecimiento, de un economista que vivía en Estados Unidos, Nicholas Georgescu-Roegen.
Esto sería la prehistoria del movimiento. Socialmente, se empezó a hablar de él hacia 2002. Había gente como el antropólogo y economista Serge Latouche que se posicionaba contra la idea del desarrollo como seguimiento obligado delamerican way of life. Les parecía que había una pérdida de cultura, que el mercado lo absorbía todo y se que perdían los sistemas económicos basados en la reciprocidad. Hubo una coincidencia entre economistas ecológicos y otros que vienen de la antropología. Y confluyeron en la idea del crecimiento social sostenible. Ahora hay una crisis brutal, en la cual se reparten muy mal sus costes. El decrecimiento tiene que ser planificado e igualitario, y se tiene que hacer en los países ricos, no en los países pobres.
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"LA GENTE TENDRÍA QUE TRABAJAR EN AQUELLO QUE LE GUSTA Y RECIBIR UNA RENTA CIUDADANA"
Etiquetas: decrecimiento, renta, renta básica, trabajo | author: jose luis ochoaINFORME FOESSA: LAS DIEZ CLAVES DE LA POBREZA Y LA EXCLUSIÓN EN ESPAÑA
Etiquetas: herencia recibida, pobreza, renta | author: jose luis ochoa
en Fronterad, revista digital
La sociología tiene esa misión: analizar la sociedad, denunciar desequilibrios y proponer soluciones. Desde hace años lo lleva haciendo a la perfección la Fundación Foessa, un centro de estudios vinculado a Cáritas. Francisco Lorenzo, su responsable, fue invitado uno de los invitados de José Félix Tezanos a unas jornadas organizadas por la UNED hace alrededor de un año. Alertó sobre el crecimiento de la pobreza y de los riesgos de exclusión. Pero denunció también que esta deriva de los últimos años esté invisibilizando a los pobres de siempre. Lo malo es que los nuevos pobres, los que han surgido por la crisis económica y la adopción de las políticas equivocadas, corren el peligro de quedarse para siempre en el escalón más bajo de esta sociedad estratificada. Porque la exclusión social no es un fenómeno coyuntural, sino estructural, inseparable de un sistema económico concreto, el capitalismo, al que cada vez se somete a menos correcciones democráticas y redistributivas.
Buceamos ahora en las razones, en las evidencias, que le hacen pensar así. Hacemos un extracto, pues, del informe de Análisis y Perspectivas de Foessa que este año lleva el título “Precariedad y cohesión social”. Se acaba de publicar hace unos días y el Gobierno lo ha desacreditado con infinita torpeza, porque, si bien no pone en cuestión que los datos macro de España estén empezando a mejorar o que se pueda crear empleo con tasas de crecimiento del PIB inferiores a las exigidas en el pasado para comenzar a ver reducciones en el paro, afirma que la mejora económica no será suficiente para reducir la pobreza y la exclusión a la que se ve condenado un creciente porcentaje de la población española. Para lograr que la recuperación de las cifras macro lo sea también de la micro, hay que recuperar los derechos que se han ido perdiendo en los últimos años. Dar la vuelta, en definitiva, a las siguientes claves que explican el desastre español:
La sociología tiene esa misión: analizar la sociedad, denunciar desequilibrios y proponer soluciones. Desde hace años lo lleva haciendo a la perfección la Fundación Foessa, un centro de estudios vinculado a Cáritas. Francisco Lorenzo, su responsable, fue invitado uno de los invitados de José Félix Tezanos a unas jornadas organizadas por la UNED hace alrededor de un año. Alertó sobre el crecimiento de la pobreza y de los riesgos de exclusión. Pero denunció también que esta deriva de los últimos años esté invisibilizando a los pobres de siempre. Lo malo es que los nuevos pobres, los que han surgido por la crisis económica y la adopción de las políticas equivocadas, corren el peligro de quedarse para siempre en el escalón más bajo de esta sociedad estratificada. Porque la exclusión social no es un fenómeno coyuntural, sino estructural, inseparable de un sistema económico concreto, el capitalismo, al que cada vez se somete a menos correcciones democráticas y redistributivas.
Buceamos ahora en las razones, en las evidencias, que le hacen pensar así. Hacemos un extracto, pues, del informe de Análisis y Perspectivas de Foessa que este año lleva el título “Precariedad y cohesión social”. Se acaba de publicar hace unos días y el Gobierno lo ha desacreditado con infinita torpeza, porque, si bien no pone en cuestión que los datos macro de España estén empezando a mejorar o que se pueda crear empleo con tasas de crecimiento del PIB inferiores a las exigidas en el pasado para comenzar a ver reducciones en el paro, afirma que la mejora económica no será suficiente para reducir la pobreza y la exclusión a la que se ve condenado un creciente porcentaje de la población española. Para lograr que la recuperación de las cifras macro lo sea también de la micro, hay que recuperar los derechos que se han ido perdiendo en los últimos años. Dar la vuelta, en definitiva, a las siguientes claves que explican el desastre español:
LA RECUPERACIÓN DE LOS RICOS
Etiquetas: renta, rescate, ricos y pobres | author: jose luis ochoa
Bill de Blasio, candidato a alcalde de Nueva York, en campaña. / Timothy Clary (Afp)
Mientras la gran mayoría vive aún en una economía deprimida, los ricos han recuperado sus pérdidas
Paul Krugmanen, en El Pais
Hace unos días, The New York Times publicaba un reportaje sobre una sociedad cuyos cimientos estaban siendo socavados por la desigualdad extrema. Esta sociedad proclama que recompensa a los mejores y más brillantes, independientemente de cuáles sean sus antecedentes familiares. En la práctica, sin embargo, los hijos de los ricos se benefician de oportunidades y relaciones inaccesibles para las criaturas de las clases media y trabajadora. Del artículo se desprende que la brecha entre la ideología meritocrática de la sociedad y su realidad cada vez más oligárquica está teniendo un efecto profundamente desmoralizador.
El reportaje explicaba, en pocas palabras, por qué la desigualdad extrema es destructiva, por qué suena hueca la afirmación de que las desigualdades no son importantes siempre que haya igualdad de oportunidades. Si la diferencia entre los ricos y el resto de la gente es tal que los primeros viven en un universo social y material diferente, con esto basta para vaciar de sentido cualquier noción de igualdad de oportunidades.
Por cierto, ¿de qué sociedad estamos hablando? La respuesta es: de la Escuela de Negocios de Harvard, una institución de élite actualmente caracterizada por una profunda división interna entre los alumnos corrientes y una especie de aristocracia de hijos de familias adineradas.
Mientras la gran mayoría vive aún en una economía deprimida, los ricos han recuperado sus pérdidas
Paul Krugmanen, en El Pais
Hace unos días, The New York Times publicaba un reportaje sobre una sociedad cuyos cimientos estaban siendo socavados por la desigualdad extrema. Esta sociedad proclama que recompensa a los mejores y más brillantes, independientemente de cuáles sean sus antecedentes familiares. En la práctica, sin embargo, los hijos de los ricos se benefician de oportunidades y relaciones inaccesibles para las criaturas de las clases media y trabajadora. Del artículo se desprende que la brecha entre la ideología meritocrática de la sociedad y su realidad cada vez más oligárquica está teniendo un efecto profundamente desmoralizador.
El reportaje explicaba, en pocas palabras, por qué la desigualdad extrema es destructiva, por qué suena hueca la afirmación de que las desigualdades no son importantes siempre que haya igualdad de oportunidades. Si la diferencia entre los ricos y el resto de la gente es tal que los primeros viven en un universo social y material diferente, con esto basta para vaciar de sentido cualquier noción de igualdad de oportunidades.
Por cierto, ¿de qué sociedad estamos hablando? La respuesta es: de la Escuela de Negocios de Harvard, una institución de élite actualmente caracterizada por una profunda división interna entre los alumnos corrientes y una especie de aristocracia de hijos de familias adineradas.
POR QUÉ LA AUSTERIDAD CON JUSTICIA SOCIAL PUEDE REACTIVAR LA ECONOMÍA
Etiquetas: dinero, renta | author: jose luis ochoa
Andy Robinson, en 'La Vanguardia'
Por si políticos de izquierdas como Alex Tsipras (Syriza), Emile Roemer (SP holandés) o Pease Doherty (Sinn Féin) no resultan convincentes en su defensa de la redistribución radical de la renta como salida de la crisis, se puede consultar la obra de los dos premios Nobel, Paul Krugman y Joe Stiglitz, o del exsecretario del Tesoro estadounidense Larry Summers, o del catedrático de Berkeley Brad de Long, o del respetado economista de la Universidad de Oxford Simon Wren Lewis. O de muchos otros economistas de corte keynesiano.
Todos estos defienden la idea del llamado balanced budget multiplier (multiplicador de presupuesto equilibrado). Esto plantea que un presupuesto (como en la propuesta de Sinn Féin) que mantiene los mismos objetivos presupuestarios pero que redistribuya la renta en favor de los de rentas mas bajas, impulsará el crecimiento, con consecuencias muy favorables para el reto de bajar el déficit. ¿Por qué?
Por dos motivos. Los ciudadanos de renta más baja gastan un porcentaje muy superior de cualquier aumento de su renta frente a los contribuyentes de rentas altas que consumen relativamente poco. Por lo tanto, el simple hecho de redistribuir la renta tiene un impacto positivo sobre la demanda y el crecimiento. Segundo, un aumento de impuestos a las rentas altas puede facilitar una mayor inversión pública, y esto tendrá un impacto positivo en la economía ya que una subida de impuestos para rentas altas se limita a incidir en el ahorro y no el consumo mientras que la inversión pública siempre desencadena un fuerte efecto multiplicador conforme crea empleo para trabajadores que, a su vez, gastan sus salarios y generan negocio para otras empresas, etcétera.
Por si políticos de izquierdas como Alex Tsipras (Syriza), Emile Roemer (SP holandés) o Pease Doherty (Sinn Féin) no resultan convincentes en su defensa de la redistribución radical de la renta como salida de la crisis, se puede consultar la obra de los dos premios Nobel, Paul Krugman y Joe Stiglitz, o del exsecretario del Tesoro estadounidense Larry Summers, o del catedrático de Berkeley Brad de Long, o del respetado economista de la Universidad de Oxford Simon Wren Lewis. O de muchos otros economistas de corte keynesiano.
Todos estos defienden la idea del llamado balanced budget multiplier (multiplicador de presupuesto equilibrado). Esto plantea que un presupuesto (como en la propuesta de Sinn Féin) que mantiene los mismos objetivos presupuestarios pero que redistribuya la renta en favor de los de rentas mas bajas, impulsará el crecimiento, con consecuencias muy favorables para el reto de bajar el déficit. ¿Por qué?
Por dos motivos. Los ciudadanos de renta más baja gastan un porcentaje muy superior de cualquier aumento de su renta frente a los contribuyentes de rentas altas que consumen relativamente poco. Por lo tanto, el simple hecho de redistribuir la renta tiene un impacto positivo sobre la demanda y el crecimiento. Segundo, un aumento de impuestos a las rentas altas puede facilitar una mayor inversión pública, y esto tendrá un impacto positivo en la economía ya que una subida de impuestos para rentas altas se limita a incidir en el ahorro y no el consumo mientras que la inversión pública siempre desencadena un fuerte efecto multiplicador conforme crea empleo para trabajadores que, a su vez, gastan sus salarios y generan negocio para otras empresas, etcétera.
LA ZONA FANTASMA ¿Para qué servimos?
Etiquetas: impuestos, recortes, renta, tributos | author: jose luis ochoa
Julián Marías, en 'El País Semanal'
En una reciente rueda de prensa, y ante una pregunta sobre el porvenir de nuestras educación y cultura, me salió un improvisado alegato que algunos medios recogieron parcialmente. Como uno se expresa mejor por escrito, acaso no esté de más insistir aquí sobre el asunto. Siempre he sido partidario de pagar sin rechistar los impuestos, por mal que nos parezca que se emplean e injustos y abusivos que nos resulten a veces. Como todo el mundo al llegar estas fechas, me llevo un sobresalto cuando me comunican la suma que debo ingresar a Hacienda, y durante veinticuatro horas me duele un poco el bolsillo. Pero en seguida recapacito y a continuación logro olvidarme del desembolso. Los impuestos son una redistribución de la riqueza y permiten la ayuda a los más necesitados, además, claro está, del funcionamiento del Estado. Eso no quita para que uno se irrite en ocasiones, al ver lo mal, lo arbitraria y frívolamente que nuestros diferentes Gobiernos manejan lo que les entregamos, y esa irritación la plasmé por lo menos en dos viejos artículos de 2000 y 2002, titulados respectivamente “Para qué trabajamos” y “Qué diablos se hace con nuestro dinero”. Pero hasta ahora no había habido irritación ni fastidio que hubieran hecho variar mi opinión: el pago de impuestos es necesario (amén de obligatorio), justo y beneficioso. No sólo no debemos quejarnos, sino que hemos de abonar lo que nos corresponda -pese a todo- con conformidad como mínimo.
En una reciente rueda de prensa, y ante una pregunta sobre el porvenir de nuestras educación y cultura, me salió un improvisado alegato que algunos medios recogieron parcialmente. Como uno se expresa mejor por escrito, acaso no esté de más insistir aquí sobre el asunto. Siempre he sido partidario de pagar sin rechistar los impuestos, por mal que nos parezca que se emplean e injustos y abusivos que nos resulten a veces. Como todo el mundo al llegar estas fechas, me llevo un sobresalto cuando me comunican la suma que debo ingresar a Hacienda, y durante veinticuatro horas me duele un poco el bolsillo. Pero en seguida recapacito y a continuación logro olvidarme del desembolso. Los impuestos son una redistribución de la riqueza y permiten la ayuda a los más necesitados, además, claro está, del funcionamiento del Estado. Eso no quita para que uno se irrite en ocasiones, al ver lo mal, lo arbitraria y frívolamente que nuestros diferentes Gobiernos manejan lo que les entregamos, y esa irritación la plasmé por lo menos en dos viejos artículos de 2000 y 2002, titulados respectivamente “Para qué trabajamos” y “Qué diablos se hace con nuestro dinero”. Pero hasta ahora no había habido irritación ni fastidio que hubieran hecho variar mi opinión: el pago de impuestos es necesario (amén de obligatorio), justo y beneficioso. No sólo no debemos quejarnos, sino que hemos de abonar lo que nos corresponda -pese a todo- con conformidad como mínimo.
¿TRIBUTAMOS COMO LOS SUECOS?
Etiquetas: renta, tributos | author: jose luis ochoa
Vicenç Navarro, en 'Público'
Apartir de la propuesta de aumentar los impuestos del IRPF que ha hecho el Gobierno del PP, se ha generado un gran número de reportajes en los medios de información que han comparado lo que pagan los ciudadanos de este país en impuestos sobre la renta personal con lo que pagan los ciudadanos de otros países. Y una observación muy generalizada es que, con el incremento nada menos que de siete puntos en la carga impositiva de las personas con mayores rentas, el tipo nominal superior (52%) ya es casi lo que pagan sus homólogos, los ricos, en Suecia. Con este entendimiento se concluye que, aun cuando estamos pagando impuestos como los suecos, nuestros beneficios y servicios públicos del Estado del bienestar están mucho menos desarrollados que los de aquel país, lo cual se atribuye erróneamente a un supuesto despilfarro del gasto público social. La prensa ha estado llena estos días de denuncias de cómo España no ha estado gastando bien su erario público social, como justificación para realizar recortes sustanciales en tal gasto.
En este argumento, sin embargo, se olvidan varios hechos, siendo el más importante el que los ingresos al Estado son mucho más bajos en España (32% del PIB) que en Suecia (54%) debido, precisamente, a que los españoles (y sobre todo las rentas superiores) pagan muchos menos impuestos que los suecos. Es cierto que la escala nominal en las gravaciones del IRPF nos acerca ya ahora al nivel sueco. Ahora bien, hay que aclarar inmediatamente que este aumento impositivo, aún siendo positivo por generar mayores recursos al Estado, será dramáticamente insuficiente para corregir el enorme déficit de ingresos al Estado. España es el país de la UE-15 que tiene menos ingresos al Estado debido, en parte, a la baja carga impositiva real de las rentas superiores.
Apartir de la propuesta de aumentar los impuestos del IRPF que ha hecho el Gobierno del PP, se ha generado un gran número de reportajes en los medios de información que han comparado lo que pagan los ciudadanos de este país en impuestos sobre la renta personal con lo que pagan los ciudadanos de otros países. Y una observación muy generalizada es que, con el incremento nada menos que de siete puntos en la carga impositiva de las personas con mayores rentas, el tipo nominal superior (52%) ya es casi lo que pagan sus homólogos, los ricos, en Suecia. Con este entendimiento se concluye que, aun cuando estamos pagando impuestos como los suecos, nuestros beneficios y servicios públicos del Estado del bienestar están mucho menos desarrollados que los de aquel país, lo cual se atribuye erróneamente a un supuesto despilfarro del gasto público social. La prensa ha estado llena estos días de denuncias de cómo España no ha estado gastando bien su erario público social, como justificación para realizar recortes sustanciales en tal gasto.
En este argumento, sin embargo, se olvidan varios hechos, siendo el más importante el que los ingresos al Estado son mucho más bajos en España (32% del PIB) que en Suecia (54%) debido, precisamente, a que los españoles (y sobre todo las rentas superiores) pagan muchos menos impuestos que los suecos. Es cierto que la escala nominal en las gravaciones del IRPF nos acerca ya ahora al nivel sueco. Ahora bien, hay que aclarar inmediatamente que este aumento impositivo, aún siendo positivo por generar mayores recursos al Estado, será dramáticamente insuficiente para corregir el enorme déficit de ingresos al Estado. España es el país de la UE-15 que tiene menos ingresos al Estado debido, en parte, a la baja carga impositiva real de las rentas superiores.
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