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UNA REFORMA PARA LA REGULACIÓN DEL SECTOR ELÉCTRICO

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Por Natalia Fabra y Jorge Fabra Utray, miembros de ECONOMISTAS FRENTE A LA CRISIS (del libro “No es economía, es ideología” Edt. DEUSTO/PLANETA)

El Sector Eléctrico ante un shock tecnológico

En las economías desarrolladas, la electricidad es un bien esencial cuyo suministro y consumo impregna todas las actividades de la sociedad. Sin embargo sigue resultando, para la mayoría, un asunto de difícil comprensión. ¿Quién no se ha frustrado alguna vez ante la dificultad de comprender o seguir el debate que se desarrolla en torno a la electricidad, desde la factura de la luz hasta el déficit tarifario, por poner sólo dos ejemplos?

La electricidad no es equiparable, en su naturaleza física, a ningún otro bien o servicio; tampoco lo es su gestión económica, legal e institucional. Un lenguaje críptico se ha apoderado de la electricidad contribuyendo a que sean aún mayores las barreras que se oponen a la comprensión de su gestión social y económica (y por tanto, a la participación de un número creciente de agentes). Pero la importancia creciente de la electricidad en las economías desarrolladas está provocando un vuelco de las preocupaciones de la sociedad hacia el modo en que está organizado su suministro.

Las características técnicas de la electricidad han propiciado la configuración corporativa del sector eléctrico sobre la base de organizaciones monopolistas verticalmente integradas y con implantaciones territoriales delimitadas, ligadas a la extensión de la red eléctrica. Durante decenios, el suministro de electricidad ha implicado actividades de difícil control social, con muy baja participación de agentes diferentes a los que, en un sentido estricto, componen el sector eléctrico.

LECCIONES DE FUKUSHIMA

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Raquel Montón, greenpeace

Hace ya casi un año que en Japón comenzó la pesadilla, un accidente nuclear en la central de Fukushima. En aquellos días, ni el Gobierno, ni la empresa propietaria, ni la agencia de seguridad nuclear contaban la verdad de lo que allí estaba ocurriendo.

Es necesario aprender de los errores, y en Fukushima se cometieron muchos, no sólo a partir del 11 de marzo, los más graves fueron los anteriores, esos son los que de verdad causaron la tragedia nuclear.

Greenpeace publica “Lecciones de Fukushima”, un informe que cuenta con la colaboración de expertos internacionales, y explica cómo el gobierno, los reguladores y la industria nuclear permitió que ocurriera esta catástrofe.

El informe explica que en Japón se han evacuado 150.000 personas, que tienen 28 millones de metros cúbicos de suelo contaminado por sustancias radiactivas, que el país tendrá que asumir un coste total del desastre de 520 a 650 mil millones de dólares, una cifra que se aproxima al coste de la crisis bancaria de las hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos; y que sólo mantienen 2 reactores nucleares operativos de los 54 que existen, en contra de las presiones del gobierno y la industria nuclear, sin que por ello sufran ningún problema de suministro.

EL "CORIO" DE FUKUSHIMA

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Edgar Mex

Solo unas cuantas horas después del tsunami, las barras de combustible de los reactores 1, 2 y 3 de la central nuclear de Fukushima, comenzaron a fundirse. Las pastillas de Uranio y de Plutonio se derritieron hasta llegar a los 3000° C, para dar nacimiento a una masa informe de magma incandescente llamada Corio (la peor pesadilla para el lobby nuclear).

Poco tiempo después, el Corio se desplomo e inició su descenso hacia el exterior de la vasija y del recinto, devorando y destruyendo todo a su paso, la espesa pared de acero de 17cm de la vasija principal, los 6cm de la vasija de confinamiento y los 8 metros de espesor de cemento de la base del recinto.

Cuando dentro de un reactor nuclear se rebasa el tan temido punto de no retorno, es decir, el momento en que las barras de combustible nuclear se funden y dan nacimiento a el Corio, ya nada se puede hacer. La tecnología desarrollada hasta hoy, no brinda una solución eficaz para controlar el magma incandescente. No existe ningún mecanismo o técnica probada que permita poner fin, de manera controlada y rápida, a su mortífera actividad.

NUCLEARES LIMPIAS Y SEGURAS

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Antonio Morales, Alcalde de Agüimes

La verdad es que con Antonio Morales, Alcalde de Agüimes, hay un filón informativo y bien documentado. Por la vigencia y la situación analizada, a continuación reproducimos de nuevo un artículo que no deja títere con cabeza.

Se las prometían muy felices, pero no contaban con los caprichos de la Naturaleza. Su estrategia se ha venido abajo, o acaso, iluso de mí, se ha ralentizado. De un momento para otro un planeta encabritado ha sacado a la luz las debilidades y las podredumbres de un sistema nuclear que los lobby de siempre, con el apoyo de los políticos de siempre, pretendían imponernos a cualquier precio.

Lo tenían todo muy bien planificado. Lo de la crisis del petróleo les vino al pelo. En primer lugar elaboraron una estrategia perfectamente diseñada para hacernos llegar el mensaje de que las renovables eran muy caras y elevaban el precio del recibo de la luz. Había que suprimir las primas y volver la vista al gas en el que las pobrecitas eléctricas habían realizado costosas inversiones, sin que nadie se las pidiera, por cierto.

Y lo consiguieron y así hemos visto estos días como todos los cómplices se han lanzado a hablar de las bonanzas de este fósil –el señor Soria lo incluye incluso entre las energías limpias- y hasta Sebastián ha venido a Canarias a darle un empujoncito a CC, que de esto de conchabos energéticos sabe un montón. Van hasta a pagarles cuando las plantas de gas y carbón estén paradas porque las renovables estén a pleno rendimiento.

EL 'CISNE NEGRO' NUCLEAR

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Marcel Coderch, en 'Decrecimiento.info'

Hasta bien entrado el siglo XVII, en Europa se utilizaba la expresión "cisne negro" cuando alguien quería referirse a una imposibilidad lógica o física, basándose en la creencia generalizada de que todos los cisnes eran blancos. En 1697, sin embargo, un explorador holandés descubrió que en Australia había cisnes negros y esta expresión, recientemente popularizada por el filósofo y financiero de origen libanés Nassim Nicholas Taleb, pasó a utilizarse para calificar cualquier idea o acontecimiento que durante mucho tiempo había sido tenido poco menos que por imposible pero que de repente un día se materializa. La teoría del cisne negro de Taleb se aplica pues a acontecimientos inesperados, que quedan fuera de las expectativas normales, ya sea en el ámbito científico, histórico, financiero o tecnológico, y que tienen un enorme impacto porque trastocan ideas básicas del tan admirado como discutible sentido común.

La tesis del libro de Taleb (El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable, Paidós, 2008) es que las consecuencias de estos acontecimientos muy poco probables son enormes; que por lo general están infravaloradas; y que, en realidad, no son tan improbables como pensamos, ya que al tratarse de acontecimientos poco comunes no disponemos de suficientes observaciones para estimar su probabilidad con cierta precisión. También nos explica Taleb que los humanos hemos desarrollado mecanismos psicológicos de defensa frente a la incertidumbre que sesgan nuestro raciocinio, haciendo que evitemos imaginar y prever aquello que no deseamos que ocurra. Todo ello nos aleja de la racionalidad a la hora de entender, prever y actuar en relación a estos fenómenos. Sería difícil encontrar un ejemplo actual más apropiado de lo que es un cisne negro que el del desastre nuclear de Fukushima.

UN COSTE INACEPTABLE

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Cristina Narbona

Mientras escribo estas líneas, todavía se desconoce el resultado final del gravísimo accidente nuclear de Fukushima. Aunque se consiguiera interrumpir inmediatamente la fuga de radiactividad y evitar una catástrofe aún mayor, lo acaecido se considera ya, por parte de la mayoría de los expertos, de una gravedad sólo superada por Chernóbil. Y resulta intolerable el esfuerzo por minimizar las consecuencias de Fukushima por parte de quienes siguen insistiendo en la inevitabilidad del uso creciente de la energía nuclear.

Intolerable, ante todo, desde el punto de vista democrático: los ciudadanos tienen derecho a saber cuáles son los riesgos reales y cómo se gestionan por parte de empresas y gobiernos, así como quién asume responsabilidades y quién sufraga los costes en el caso de accidentes en las centrales nucleares. Fukushima es un trágico ejemplo de riesgos no adecuadamente contemplados y de costes, sin duda incalculables, que recaerán, sobre todo, sobre los contribuyentes japoneses. La empresa Tepco ha pedido ya ayuda estatal para financiar las actuaciones que está llevando a cabo en la planta en su intento de frenar los efectos del accidente. Una manifestación más del modelo económico aún imperante –“socialización de costes/privatización de beneficios”– con escasa o nula penalización de las decisiones empresariales de alto riesgo, bien evidente tras el estallido de la crisis financiera internacional.

NUCLEARES, RIESGOS NO ASUMIBLES

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Jorge Calero

¿Por qué no nos podemos permitir utilizar la energía nuclear? La respuesta a esta pregunta, en mi opinión, no puede limitarse a señalar el riesgo de la tecnología nuclear. Ningún economista plantearía las decisiones relacionadas con el riesgo en términos absolutos: tanto en el nivel individual como en el social aceptamos constantemente riesgos asumibles en función de las ventajas que comporta cada actividad.

Un único accidente nuclear tiene consecuencias extraordinariamente desastrosas; puede acabar con la vida de decenas de miles de personas y afectar a las generaciones futuras de un modo impredecible. Aún así, al menos en teoría, podría ser aceptable incurrir en el riesgo. Todo dependerá de dos cosas: de los beneficios sociales que perciban los ciudadanos y de la probabilidad de que sucediera tal accidente. La cuestión esencial, entonces, no es que existe riesgo, sino si este es asumible. Y va creciendo la evidencia que apunta en un sentido negativo.

Después de descartar cualquier prejuicio antinuclear, sigue siendo inevitable prestar atención a cómo se acumulan factores que hacen que la probabilidad de accidente nunca sea suficientemente baja. Siempre se trata de circunstancias excepcionales: hoy es un terremoto de grado 9, ayer fue un error humano, mañana puede ser un ciclón o un ataque terrorista. Una excepcionalidad que no deja de subrayar en cada caso el lobby nuclear. Pero nuestras estructuras técnicas, institucionales y políticas no tienen, hasta la fecha, respuestas adecuadas ante tal excepcionalidad. Quizás en una sociedad diferente a las nuestras las respuestas existirían. Sin embargo, no parece que las diferentes formas de organización con las que hemos gestionado la energía nuclear den suficiente garantía. Los accidentes que todos recordamos, los más antiguos y los más modernos, han sido provocados por muy diferentes combinaciones de errores, atribuibles unos al exceso de burocracia, otros al exceso de mercado, todo ello combinado con rasgos humanos, en este caso no controlados, como la estupidez o la codicia. En este contexto puede que lo más juicioso sea empezar a asumir que los costes de la energía nuclear, aquí y ahora, son ampliamente mayores que sus beneficios.

Jorge Calero es catedrático de Economía Aplicada

CHINA LIDERA UNA NUEVA ENERGÍA NUCLEAR, LIMPIA Y BARATA, BASADA EN EL TORIO

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Marco Antonio Moreno, en 'El Blog Salmón'

El torio es uno de los elementos más abudantes en la corteza terrestre y el desarrollo de reactores en base a este metal podría liberar al mundo de la dependencia del petróleo en sólo cinco años. Una tonelada de torio puede producir la misma energía de 200 toneladas de uranio y de 4 millones de toneladas de carbón. Además, el torio es un combustible altamente eficiente que se aprovecha al 100% sin requerir mayor tratamiento y con residuos menos nocivos que el uranio. El uranio, además, debe ser altamente refinado para someterlo al uso de los reactores nucleares y con un riguroso tratamiento de sus residuos. ¿Por qué no se ha avanzado en el desarrollo del torio? Simplemente porque Estados Unidos ha optado por el uranio y hasta el momento este país es el que gobierna a nivel mundial el campo de la energía nuclear.

Pero todo esto está en via de cambio: China ya ha iniciado un proyecto de investigación y desarrollo en la tecnología de reactores de sales de torio fundido, como lo anunció laAcademia de Ciencias China (CAS) en su conferencia anual, el martes 25 de enero pasado. Un artículo en el Wenhui News continuó profundizando en el tema. Los investigadores chinos también anunciaron este desarrollo en el Foro de Discusión de Energía del Torio.

El torio es un mineral seis veces más abundante que el uranio, y tiene un potenial 200 veces mayor. Si se cavase una hectárea de roca y tierra hasta una profundidad de 30 centímetros, y luego se extrajesen todos los materiales radioactivos, se obtendrían 8,1 kg de uranio, 46,1 kg de torio, 7,7 kg de Potasio-40, y 0,0065 gramos de radio. Ver el sitio web: Radioactividad en la naturaleza, de la Universidad Estatal de Idaho, EEUU. Esto indica que si hubiera voluntad política para dar un giro en la producción energética con vistas al futuro, se podría abandonar la dependencia del petróleo en muy corto tiempo. Pero no ha habido voluntad política para hacerlo, justamente porque es un recurso abundante y barato que generaría poca rentabilidad.

Y no es sólo la abundancia y el menor costo del torio lo que hace deseable la tecnología de reactores de torio, sino que además el diseño de estos reactores los hace inherentemente seguros, libres de accidentes y escapes de radioactividad. Mientras que los reactores de uranio y/o plutonio se deben construir alejados de las ciudades, los reactores de torio pueden construirse dentro de las ciudades porque tienen menos riesgos e impacto ambiental que una panadería. La propuesta de China puede marcar una verdadera revolución para la energía nuclear de cara al futuro. Y tras el desastre de Fukushima, en la imagen, se requiere pensar en alternativas más seguras.

DIEZ FALSAS IDEAS QUE SE USAN PARA DEFENDER LA ENERGÍA NUCLEAR

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¿Qué sabemos de la energía nuclear?.AGENCIAS


M.J. Montesinos

Algunos de los argumentos que se usan para defender la necesidad de energía nuclear no han sido nunca ciertos, o han dejado de serlo. 
1.- No podemos prescindir de la energía que nos aportan las nucleares. En la actualidad, las nucleares aportan el 21% del la energía eléctrica española. En esta aportación hay que tener en cuenta que se encuentra privilegiada frente al resto de fuentes energéticas: cuando se da un pico en el suministro, Red Eléctrica hace parar a las centrales térmicas, parques eólicos, se desconectan las huertas las solares o se deja de soltar agua por las presas hidroeléctricas, pero no se apaga una central nuclear, porque es muy caro y conlleva riesgos. Su aportación por tanto está sobrevalorada. En muchas ocasiones, su aportación no sería necesaria y podría cubrirse con renovables.

En el mundo, la energía nuclear apenas supone un 6%. El planeta no depende pues, de la energía nuclear , aunque determinados países sí la tengan como fuente principal.

2.- Es más barata. La industria nuclear no es responsable en España de la gestión de sus residuos radioactivos, la gestión de esos residuos de lleva a cabo por ENRESA, empresa pública y su coste se carga a los presupuestos generales del Estado, los que pagamos entre todos los españoles con nuestros impuestos. Actualmente, mientras se construye un almacén temporal central (ATC) para el que actualmente el ministerio de industria busca ubicación, pagamos a Reino Unido y Francia, a quienes enviamos esos residuos. Este contrato sin embargo, expiraba este año 2011, ahora se ha prolongado porque aun no existe el ATC, por esa prórroga fuera de plazo estamos pagando a Francia, por ejemplo, 60.000 euros diarios.

DEBATE NUCLEAR, PERO SIN CARTAS MARCADAS

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Isaac Rosa, en 'Público'

Visto el desastre de Fukushima, y ya que el chapuzón tipo Palomares frente a la central accidentada tendrá que esperar, los pronucleares se resignan a abrir un debate. Eso sí, no un debate a tontas y a locas, sino uno responsable, científico, sin prejuicios ideológicos ni demagogia, como repiten estos días.

Traduzcamos: “responsable” quiere decir que no cuestione el modelo energético y de desarrollo actual; “científico” significa que opinen los expertos pronucleares habituales –también hay expertos antinucleares, pero se ve que no son tan científicos-; “sin prejuicios ideológicos” es una forma de cerrar el debate antes de empezarlo, es decir, discutamos de seguridad pero sólo de seguridad, partiendo de que la nuclear es irrenunciable; y “sin demagogia” nos está pidiendo que debatamos sin tener en cuenta lo sucedido.

En definitiva: nos dicen “vale, jugamos, pero yo pongo las reglas, y traigo mi baraja”. Pues no, oigan: así no jugamos. De entrada, sus reglas son tramposas: limitan el debate a la mejora de la seguridad en las centrales, y además reducen todo a un problema técnico, científico, como si la energía nuclear no fuese una decisión política sino sólo técnica.

Pero además, la baraja ya la conocemos, y tiene cartas marcadas. No tragamos con los mismos argumentos de siempre sobre que la atómica es muy segura (ya se ve en Japón), barata (nunca incluyen en el cálculo la eventualidad de una catástrofe ni los problemáticos residuos) y de riesgo mínimo (vista la dimensión del accidente, cualquier riesgo es máximo por mínimo que parezca).

Pero sobre todo, no queremos ver sobre la mesa la carta más tramposa, el comodín con que suelen ganar la partida: el que dice que la energía nuclear es insustituible, dando por hecho que tenemos unas necesidades energéticas naturales, intrínsecas al género humano, que sólo pueden crecer y nunca menguar.

Pues no, oigan: no queremos debatir sobre energía nuclear, no sólo. Queremos debatir sobre energía, sobre el modelo de desarrollo y sus insostenibles exigencias. La partida que queremos jugar es otra.

ANDREYEV: "EN LA INDUSTRIA NUCLEAR NO HAY ORGANISMOS INDEPENDIENTES"

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Rafael Poch, en 'La Vanguardia'

Pasó cinco años en Chernóbil. Fue vicedirector del Spetsatom, el organismo soviético de lucha contra accidentes nucleares y conoce a fondo la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA).
Yuli Andreyev (1938) es uno de los que más sabe en esa materia. Para Fukushima contempla cuatro escenarios de diversa gravedad, de leve a muy grave.

En 1991 todo se desmoronaba en Moscú. Con el sueldo de viceministro de energía atómica, el cargo que le ofrecieron a Andreyev, no alcanzaba para nada. La Academia de Ciencias de Austria le invitó para dar unas conferencias y acabó instalándose en Viena como asesor del ministro de medio ambiente, de universidades y de la propia AIEA.

Chernóbil continúa rodeado de mentiras, explica. El accidente no fue responsabilidad de los operadores de la central, como se dijo, sino un claro defecto de diseño de los reactores RMBK resultado de la economía de costes. Un diseño apropiado de aquellos reactores soviéticos exigía una gran cantidad de circonio, un metal raro, así como todo un laberinto de tubos, técnicas especiales para la soldadura de circonio, acero inoxidable y enormes cantidades de hormigón. Era un dineral, así que se decidió economizar, explica Andreyev.

Uno de los recursos del ahorro fue el de alimentar los reactores con uranio relativamente poco enriquecido, pues el enriquecimiento del uranio es un proceso complicado y costoso. Todo ello incrementó los riesgos y era contrario a las normas de seguridad, pero la supervisión nuclear en la URSS formaba parte del Ministerio de Energía Atómica. Algo parecido pasa hoy con la AIEA, pues la agencia de la ONU “depende de la industria nuclear”, dice Andreyev, según el cual las mentiras y secretos de Chernobyl son hoy plenamente actuales en Fukushima.

LA SEGURIDAD ES UN ESTADO MENTAL

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Ignacio Escolar, en 'Público'

Fukushima está perdida, y con el triple meltdown parcial de sus agonizantes reactores se está fundiendo también el núcleo del discurso pronuclear: el mito de la infalible seguridad de estas centrales. “Es el menor de los accidentes posibles”, decía hace apenas tres días María Teresa Domínguez, la presidenta del Foro Nuclear español, el lobby del millonario sector. “No ha habido fallo de tecnología y no ha faltado nada para hacer frente a la situación (…) La planta está limpia y no ha habido impacto en el exterior”, aseguraba sin despeinarse. Sólo faltaba un baño frente a la central, como el de Fraga en Palomares.

Fukushima no es Chernóbil, claro que no. Pero no sólo porque ni siquiera hoy, cuando la palabra “apocalipsis” entra en el debate político, lo sucedido haya alcanzado a superar esa catástrofe. Fukushima era una central protegida por un doble blindaje en uno de los países tecnológicamente más avanzados del planeta y ni siquiera eso ha bastado para evitar el desastre.

¿Es posible vivir sin nucleares? Alemania ha parado siete de sus centrales, las más antiguas, y la vida continúa. China también acaba de suspender temporalmente sus planes de construcción de nucleares y en su caso nadie podrá decir, como con Angela Merkel, que es una decisión “electoralista”. Sin embargo, los defensores de la energía nuclear tienen razón en una cosa: a corto plazo, Occidente no puede renunciar al átomo sin asumir el coste de una electricidad más cara y un menor consumo energético. Habrá que buscar alternativas y es un debate más amplio del que cabe en esta columna. Pero con Fukushima se extingue para siempre esa ilusión creada por la propaganda atómica: la de una energía infinita, segura y barata. Tampoco existen los unicornios.

EQUIDISTÁN

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Rosa María Artal

Equidistán es un país en el que todas las verdades son relativas. No hay absolutamente nada cierto. Al menos para un observador que contemple con cierta frialdad las opiniones vertidas. Todo es uno y su contrario. Yo no mido 178 centímetros y tengo los ojos marrón claro. De hecho, si alguien estima que no sobrepaso el metro cincuenta y mis pupilas son azul eléctrico, nadie le sacará de su convencimiento… erróneo.

Una amiga mía conservadora, y muy aficionada a hablar de política, tiene muy delimitadas las fronteras: la vida se ve según la ideología. Las manifestaciones de los contrarios a la suya, se etiquetan en un lado y se ponen en cuarentena cuando no se rechazan. Y ya está. Las cosas son como ella las ha pensado previamente. Al menos, admite como válida otra forma de verlas. Pero los hechos reales no existen como tales, todos han de ser interpretados.

Desde hace décadas la sociología ha estudiado la percepción selectiva –me fascinó su estudio-. Uno desbroza de la realidad lo que está de acuerdo con su idea y no ve el resto. En un corrillo de periodistas en Huesca el otro día, uno de ellos habló de informes concretos sobre este asunto: “Cuando les presentan los datos auténticos, los rechazan”. También lo he comprobado. Tratas de exprimir tus neuronas para aportar argumentos, cifras, comparaciones y al final te responden: “Ya, pero yo no creo que sea así”. La creencia se ha adueñado de nuestra sociedad. Nada que ver con el pensamiento crítico. Ni con el pensamiento a secas, claro.

 

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