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LOS PARAÍSOS FISCALES SE RIEN DEL G-20

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Andreu Missé, en 'El País'

Mientras se suceden las solemnes declaraciones proclamando la lucha contra los paraísos fiscales en de reuniones del G-20, (Londres, abril 2009; Toronto, junio 2010 y Los Cabos, junio 2012) la realidad es que estos centros donde se refugia el dinero de la corrupción y evasión fiscal campan a sus anchas. Eurostat, la oficina estadística de la UE divulgó el pasado día 13, tal como informó este diario, los datos de inversiones finacieras de la UE en paraísos fiscales. Resulta que estas inversiones registraron un fuerte ascenso en 2011 en que ascendieron a 58.900 millones de euros, diez veces más que los 5.300 millones de 2010. En 2009 los flujos de capital europeo a los centros Offshore habían superado los 103.000 millones. Así pues el repliegue de 2010 resultó ser una falsa ilusión.

Los paraísos fiscales son los centros que impiden que los avances en la regulación financiera sean efectivos y por lo tanto acabar con la inestabilidad de los mercados y facilitan la fuga de recursos vitales de los países en desarrollo condenándolos a la pobreza de por vida.

Los flujos de capitales ilícitos, la mayor parte canalizados a través de paraísos fiscales, ascendieron a 903.000 millones de dólares en 2009, según Global Financial Integrity. Durante el periodo 2000 - 2009, estas transferencias de fondos ascendieron a 8,4 billones de dólares. La mayor parte de estos fondos proceden de Asia (44,9%) y de África (22,3%).

LA TASA TOBIN SE INSTALA EN EL LIMBO

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La defensa de un impuesto financiero global abandona la utopía, pero se queda estancada en los discursos de líderes políticos - El G-20 no logra el consenso internacional suficiente

Amanda Mars

La mano invisible, esa que Adam Smith creía capaz de mover con diligencia al mercado, no debería convertirse en "un puño". El antiguo modelo de globalización, que sacó de la pobreza a millones de personas, tenía, al cabo, una cara oculta: un creciente abismo entre ricos y pobres. La mundialización financiera ha aumentado las desigualdades. Es hora de una globalización más justa.

Quien se despachó así hace un par de semanas en una universidad de Washington no era portavoz de ningún movimiento anti-globalización, ni de una ONG. Era ni más ni menos que el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, quien, dicho sea de paso, se perfila como uno de los posibles candidatos socialistas y rival de Nicolas Sarkozy en las elecciones presidenciales francesas que se juegan de 2012, aunque aún no ha dado el paso.

Strauss-Kahn, claves políticas al margen, defendió la implantación de un impuesto a las actividades financieras para obligar a la banca a absorber parte de los costes sociales de su comportamiento de vértigo, germen de la tormenta financiera. Reclamó la mejora de la supervisión mundial y un marco macroeconómico para un "nuevo mundo". Y con este, dijo, "el péndulo se desplazará -por lo menos un poco- del mercado hacia el Estado". Más Estado y menos mercado, binomio sacrílego antes de esta crisis. El patrón del FMI dando por amortizado el consenso de Washington y, con él, sus grandes mantras. A saber: que desregulación y privatización generan prosperidad per se, que nada como el propio mercado se supervisa y corrige mejor a sí mismo...

HAY QUE PONER A LOS BANCOS BAJO TUTELA Susan George

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Zineb Dryef y Pascal Riché entrevistan a Susan George

La activista alter-globalización es partidaria de defender el legado de la Ilustración y de la toma de control del sistema financiero y bancario por parte del Estado.
Los Sabios rebeldes de nuestra República son esas voces que nos despiertan porque mezclan el agua y el fuego, la experiencia y la pasión. Entre ellos Stephane Hessel, de 93 años, Albert Jacquard, de 85, y Edgar Morin, de 89 años. Pero también Susan George, de 75: presidenta de honor de Attac y autora de numerosos libros, la franco-estadounidense lleva años luchando por un mundo menos injusto en relación con el Sur y contra el sistema económico neoliberal.

La conversación ha comenzado justamente con el éxito del pequeño folleto “¡Indignaos!” de Hessel, un hombre al que describe como “impecable desde el punto de vista moral, que practica lo que predica.”

Llamar a la indignación, un término que se queda en el terreno moral, ¿es el mejor enfoque para cambiar las cosas? ¿No sería más eficaz un “¡razone!” o un “¡rebélese!” ?

Hessel se mueve en el plano de los valores, no en el del análisis de las cuestiones económicas o geopolíticas. Él llama a la indignación como un preludio a la acción. Dice: únete a algo. Y se dirige especialmente a los jóvenes. Orgulloso de su pasado, es cierto, no quiere resignarse. Pero lo que yo siento muy especialmente es el ataque que se está realizando contra la Ilustración. Y me entristece: tanto filosóficamente como en términos de acción, creo que es un logro muy grande de la humanidad. El liberalismo político -como se entendía en el siglo XVIII, ese movimiento europeo que se inicia con Locke y continúa con los enciclopedistas franceses- es el fundamento de la Constitución de EE.UU., es el fundamento de las libertades -políticas, religiosas, de prensa, de opinión… Muchas personas dieron la vida por eso y la democracia viene de esa época. Bueno, creo que esta Ilustración está siendo objeto de un grandísimo ataque ideológico. Yo intento seguir esa tradición, que vale la pena defender.

Las generaciones más jóvenes ¿no se resignan de antemano ante este ataque?

EL FANTASMA DEL DÉFICIT FISCAL RINDE AL G-20

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Alejandro Nadal

El G-20 de Toronto pasará a la historia. No por la represión contra los manifestantes, eso ya es costumbre y nada nuevo. Será recordado por el compromiso de sus integrantes para convertir la crisis en una réplica de la gran depresión. El comunicado final del G-20 explícitamente le pone cifras a este pacto retrógrado: reducir en 50 por ciento los déficit fiscales para 2013. Una medida que en la fase actual de la crisis, con una demanda deprimida y altas tasas de desempleo, equivale a un suicidio colectivo.

Es la respuesta a la histeria del déficit fiscal que en Europa y en Estados Unidos comienza a desdibujar una recuperación muy frágil. Parlamentos y congresos de legisladores parecen conejos asustados en un corral que dice a la entrada equilibrio fiscal.

En Europa la austeridad fiscal domina, porque se le ve como la herramienta para rescatar no sólo al euro, sino a un proyecto macroeconómico fundado en la estupidez neoliberal. Ese salvamento pasa ahora por la destrucción de lo último que queda del pacto social del Estado de bienestar. Poco importa que con los desajustes en la UE y los altos niveles de desempleo, los recortes fiscales profundicen esta dolorosa recesión y hundan a Europa por muchos años.

En el Congreso de Estados Unidos hay dos corrientes. Los ingenuos piensan que el estímulo fiscal ya cumplió su misión y que es tiempo de devolverle la estafeta al sector privado para mantener el crecimiento. La corriente perversa sostiene que el paquete fracasó, que ya se agotaron sus efectos y que no hay que repetir esa receta. Con estas visiones es claro que la administración Obama no conseguirá otro paquete de estímulo, y la economía estadunidense regresará a la recesión en 2011, si no es que antes.

Un análisis más cuidadoso sobre los efectos del paquete de estímulo fiscal en Estados Unidos confirma esta conclusión. En febrero de 2009 el Congreso estadunidense aprobó el paquete de estímulo fiscal promovido por Obama, que incluyó reducciones fiscales por 288 mil millones de dólares (mmdd), un gasto en programas de educación, salud y beneficios por desempleo por otros 224 mmdd y préstamos y concesiones federales por 275 mmdd. Con sus 787 mmdd es el ejemplo más importante de política contracíclica en la historia fiscal de aquel país.

Cuando se aprobó el estímulo el PIB estadunidense se desplomaba en caída libre: el primer trimestre de 2009 cayó 6,4 por ciento. No hay duda de que el paquete ayudó a revertir esa tendencia y para el tercer trimestre de 2009 se tenía un crecimiento positivo. Desgraciadamente el efecto sobre el empleo no fue tan importante y la tasa de desocupación se mantiene en alrededor de 10 por ciento.

Los efectos de este estímulo no han sido lo que quería la Casa Blanca, en parte por la naturaleza misma de la crisis y su entorno deflacionario. Los consumidores han usado la ayuda para descargar deudas, y en el contexto de gran capacidad ociosa existente las empresas no han invertido. Ahora que se está agotando el efecto del estímulo (para fines de este verano ya se habrá ejercido casi todo el paquete fiscal), el horizonte se oscurece. Si no hay otro impulso, la economía de Estados Unidos se hundirá en el estancamiento durante años.

Se insiste en reducir el déficit fiscal vía la eliminación del paquete de ayuda, por la creencia de que dicho déficit genera aumentos en la tasa de interés. Esa es la razón que esgrime Robert Samuelson (el no-economista del Washington Post). Pero ¿nadie le ha dicho que en Estados Unidos la tasa de interés ya es cero y que precisamente por eso la política monetaria no tiene tracción para impulsar a la economía?

Las otras razones caen por su propio peso. Se habla de que Estados Unidos ya llegó al tope en su capacidad de endeudamiento (la relación deuda pública PIB ya llegó al 90 por ciento). Pero la crisis no deja mucho espacio de maniobra y, por otro lado, los niveles de endeudamiento de una economía capitalista son un tema controvertido (en Japón la deuda pública es de 200 por ciento del PIB y no hay síntomas de inflación). Si como decía Keynes, el dinero es un vínculo entre el presente y el futuro, este endeudamiento es un préstamo que se hace la sociedad a sí misma.

En plena crisis, con desempleo galopante, lo increíble es que en Estados Unidos y Europa la batalla de la austeridad fiscal la están ganando los neoliberales. Por eso en Toronto todos en el G-20 olvidaron que la mejor manera de cerrar un déficit fiscal y enfrentar el endeudamiento es con altas tasas de crecimiento estable. Y eso es precisamente lo que no se va a lograr con la famosa austeridad.

El G-20 también será recordado por la sumisión de Obama a las ínfulas de una Alemania que ha podido imponer sus prioridades en Europa. La visión de austeridad fiscal de la señora Merkel era algo que Obama no tenía por qué comprar si hubiera tenido un poco más de claridad en sus convicciones. Pero bueno, ya estaba visto que en la Casa Blanca no hay convicciones que duren más allá de la hora del almuerzo.

CUMBRE DEL G-20 Y LOS DESENCADENANTES DE LA CRISIS

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Reproducimos a continuación, por su interés, un extracto del artículo que el economista Santiago Niño Becerra escribó en 'La carta de la Bolsa':

"(Marte y Venus, ¿se acuerdan?: USA era Marte y Europa Venus. ¿Eran, o lo siguen siendo?. USA dice que hay que continuar estimulando la economía, hasta el 2013, Europa que hay que consolidar. USA está con que el déficit no importa ahora porque si se frena la máquina se podría colapsar la recuperación, Europa con que si no se corta el déficit la confianza en el euro irá a mucho menos. USA dice que, apoyada en esos estímulos ya está recuperándose; Europa arguye que hacen falta reformas profundas para crecer, exportando, claro.

El problema de USA, pienso, es continuar creyendo que las cosas van a seguir siendo como han sido: que los demás le van a financiar su economía como, de una u otra manera, han estado haciendo desde el fin de la II Guerra Mundial (porque a esos demás también les ha convenido, evidentemente), y eso ya no va a ser así, ¿el motivo?, la deuda.

En el fondo todo es capacidad de endeudamiento, todo es crédito, todo es deuda, y la capacidad de endeudamiento de todos con respecto a todo está agotada, y las posibilidades de dar y de obtener más crédito no existen (en el estado en que se hallan las entidades financieras …), y la deuda ya no puede aumentar más.

USA dice que sí porque quiere creer que las cosas continuarán igual que siempre, Europa sabe que el muelle ya no da más de sí. En el fondo USA sabe que no tiene otra alternativa: su modelo interno se ha basado en esa forma de hacer y no sabe de otra; y Europa quiere creer que estrechándose el cinturón y empobreciéndose va a poder superar el atracón que se ha estado dando. Pienso que no, que de-lo-que-ya-estamos no se sale con ‘más madera’, tampoco con una ‘dieta de hambre’: los procedimientos han de ser otros: ‘Lo necesario es lo importante’, ya saben, pero algo así tiene consecuencias.

Algunas/os de Uds. me han preguntado cuál podría ser el desencadenante de la crisis, aquello que los libros de Historia apunten como el momento cero de la crisis sistémica en la que a efectos prácticos ya hemos entrado, pienso que ese desencadenante bien podría ser la puesta en fase de una serie de factores: el desencuentro inarreglable al que se va a llegar en Toronto, las filtraciones sobre profundos problemas por los que ya estarían pasando varias entidades financieras, el malestar de las poblaciones derivado de la pérdida en su poder adquisitivo que ya se está produciendo, los anuncios de disminuciones en la oferta de commodities (¿0,8 millones de barriles menos por la fuga del Golfo de México?), las consecuencias de las tensiones varias que pueden derivarse de hechos como el lanzamiento del nuevo satélite espía israelí, … Pienso que nos hallamos en el momento idóneo para que se inicie algo, por ejemplo … una crisis sistémica. Esta, por ejemplo)".

¿EL SUR LE DEBE AL NORTE?

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Esther Vivas

El pago de la deuda externa de los países del Sur es uno de los principales instrumentos de sometimiento de éstos a la globalización neoliberal en manos de las elites políticas y económicas globales y nacionales. Se trata de un lastre que condena a la pobreza a centenares de miles de personas que ven como los bienes y los recursos naturales de sus países son expoliados, privatizados, exportados... en aras de pagar una deuda que para nada repercute en el bienestar de la población.

Un monto que aumenta día a día. Si sumamos el dinero transferido por parte de estos países desde los años 80 hasta la actualidad, observamos como la suma inicial de la deuda ha sido pagada con creces, diez veces más, pero, paradójicamente, estos países están cinco veces más endeudados. Es lo que el movimiento contra la deuda externa ha llamado “la espiral de la deuda”, una lógica de dependencia Sur-Norte que reporta importantes beneficios tanto a instituciones internacionales como nacionales. En el año 2005, por ejemplo, los países del Sur transfirieron al Norte en concepto del pago de la deuda casi 551 mil millones de dólares, cinco veces lo que los países del Norte les prestaron como Ayuda Oficial al Desarrollo, unos cien mil millones de dólares.

El aniversario, estos días, de los diez años de la organización de la Consulta Social por la Abolición de la Deuda Externa, que tuvo lugar el 12 de marzo del 2000, y que movilizó a miles de personas en el Estado español recogiendo un millón de votos contra el pago de la deuda, nos recuerda que hoy, como antes, es necesario seguir exigiendo la anulación incondicional de esta deuda ilegítima. Así como reivindicar el fin de las condicionalidades impuestas por las Instituciones Financieras Internacionales y plantear el pago de una deuda ecológica, social e histórica que los países del Norte deben al Sur fruto de siglos de expolio y explotación de sus recursos naturales.

El movimiento contra la deuda externa lleva más de diez años denunciando el impacto del pago de esta deuda en las poblaciones más desfavorecidas de los países del Sur y desde sus orígenes hasta hoy ha conseguido mucho y muy poco a la vez. En el terreno de lo simbólico se han hecho avances importantes: deslegitimar a las instituciones internacionales e identificarlas, junto con los países miembros del G8, como los máximos responsables de la situación de endeudamiento actual; situar la cuestión de la deuda en la agenda política; y sensibilizar a amplias capas de la población sobre su impacto en los pueblos del Sur.

En lo que se refiere a logros concretos, el balance es mucho más exiguo. A pesar de las declaraciones de buenas intenciones realizadas en distintas cumbres internacionales, los países del G8 prácticamente no han realizado acciones concretas de condonación. En la cumbre de Colonia, en junio de 1999, los jefes de estado de los países más ricos del planeta se comprometieron a anular el 90% de la deuda bilateral y multilateral de los 42 países más endeudados. Pero, a pesar de estas afirmaciones, las cifras del comunicado del G7, setenta mil millones de dólares, equivaldrían tan solo a un 3% de la deuda total de los países del Sur. En reuniones anteriores, los líderes del G8 ya habían realizado promesas en la misma dirección: en la cumbre de Nápoles, en 1994, prometieron la anulación del 67% de la deuda; en la cumbre de Lyon, en 1996, del 80%; y, posteriormente, en la cumbre de Gleneagles (Escocia), en 2005, llegaron a prometer la cancelación del 100% de la misma. Pero las cifras hablan por sí solas: desde 1999 la deuda global de los 42 Países Pobres Altamente Endeudados lejos de reducirse ha seguido aumentando.

Esta contradicción, entre promesas y realidad, pone de relieve el interés de los países del G8 para seguir siendo acreedores de esta deuda y mantener un mecanismo permanente de transferencia de riqueza del Sur a los capitalistas del Norte. Los países que ocupen una posición geoestratégica relevante o que se muestren más dóciles seguirán recibiendo medidas de reducción de la deuda, pero que no les servirán de nada para liberarse del yugo neoliberal. La deuda es un claro ejemplo de la dominación Norte-Sur y las elites políticas y económicas no renunciarán fácilmente a ella.

Pero se han abierto oportunidades políticas para el movimiento contra la deuda. En América Latina, gobiernos como el de Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador han llevado a cabo unas políticas de ruptura parcial con el imperialismo y el neoliberalismo, devolviendo al Estado un mayor papel de regulador social y con un aumento del control público sobre los recursos naturales, recuperando el concepto de soberanía nacional. En concreto, los pasos dados por gobiernos como Correa en Ecuador son ejemplos de que es posible decir “no” al pago de la deuda, como hizo en su momento Argentina después de la crisis del 2001. La denuncia de las deudas odiosas e ilegítimas y la suspensión del pago de las mismas es un acto legítimo que todo gobierno soberano debería estar dispuesto a realizar en favor de sus pueblos.

Esther Vivas, autora de En pie contra la deuda externa (El Viejo topo, 2008).



En El Triangle, traducido al castellano en Anticapitalistas.org

LA TASA SOBRE LAS TRANSACCIONES FINANCIERAS GOBERNANDO SOBRE EL MERCADO GLOBAL

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 Ramón Jáuregui

Después de que Lord Turner, Presidente de la Financial Services Authority, la mayor autoridad financiera del Reino Unido, comentara en Agosto de 2009 sobre el carácter "socialmente inútil" que habían adquirido los mercados financieros internacionales en su explosión de la última década y propusiera la creación de una tasa tipo Tobin sobre las trasacciones de capital, el debate sobre la posible aplicación de una tasa sobre las transacciones financieras internacionales de capital (FTT) ha vuelto a la primera línea del debate.

A nivel Europeo, tras la invitación que le hiciera el Consejo Europeo de octubre de 2009, la Comisión Europea está estudiando "formas de financiación innovadoras" que puedan implantarse a nivel global. Ese estudio, que se publicará en las próximas semanas, ofrecerá una visión de los principales beneficios y riesgos de los diversos instrumentos que sean posibles, incluida la tasa sobre transacciones financieras.

En las próximas semanas el FMI, a petición del G-20 en la cumbre de Pittsburgh, también publicará un estudio sobre la posible aplicación de una pequeña tasa temporal sobre todos los movimientos de capital para que el sector financiero haga una contribución justa y sustancial al pago de las cargas que se han derivado de las intervenciones públicas destinadas a la recuperación del sistema bancario. El Parlamento Europeo esta semana en Estrasburgo se ha sumado al creciente consenso internacional aprobando una resolución en favor de la aplicación de una tasa de este tipo. Si finalmente la iniciativa saliera adelante, la FTT contribuíria a devolverle racionalidad a los mercados, repartiendo al mismo tiempo la carga de la crisis de una forma más justa entre los contribuyentes y el mundo de Wall Street.

PARA QUE LA ESPECULACIÓN PAGUE

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Tomás Lukin

En el G-20 algunos líderes plantearon la posibilidad de un impuesto al movimiento de capitales. Sin mucha voluntad política, indicaron que el FMI sería el encargado de cobrar ese tributo. Más firme, Joseph Stiglitz reclamó la fijación de ese impuesto.

La aparente estabilización del descalabro global que difunde el Fondo Monetario consiguió postergar las reformas estructurales de la arquitectura financiera a las que se habían comprometido los miembros del G-20. Así, las propuestas de cambio quedaron reducidas a una materia de estudio, como la creación de un impuesto a las transacciones financieras global. Ayer, el economista Joseph Stiglitz se sumó al grupo de especialistas que en las últimas semanas reactivaron la propuesta para instalar un tributo que desestimule las operaciones especulativas con divisas y otros instrumentos financieros. La idea está presente desde 1972 y se la conoce como tasa Tobin. El establishment financiero global se opone firmemente a la instalación de este tipo de impuestos a escala global que complicarían algunos negocios muy rentables.

La propuesta de Stiglitz se suma a las declaraciones en ese sentido que ya hicieron la mandataria alemana, Angela Merkel; el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, y el primer ministro inglés, Gordon Brown. Frente a la postergación en las reformas regulatorias, la reaparición de la tasa Tobin como herramienta para disminuir el grado de volatilidad en las operaciones financieras transnacionales parece, por ahora, más un atajo discursivo que una declaración de intencionalidad política.

Los países centrales invirtieron alrededor de 4 billones de dólares para rescatar a sus entidades financieras del colapso y el argumento de Stiglitz para impulsar la aplicación del gravamen en este momento en que la crisis la tienen que pagar los responsables: “El sector financiero contaminó la economía global con activos tóxicos y ahora deben limpiarla”, sostuvo el profesor de la Universidad de Columbia. La propuesta de Stiglitz es aplicar una tasa marginal a todas las operaciones financieras transnacionales y la recaudación podría destinarse a “ayudar” a los países pobres. “Los gobiernos dieron a los bancos dinero cuando ellos realizaron préstamos malos. Esa es la razón por la que hay un consenso amplio de que debería imponérseles tributaciones.” Según estimó el economista, esa medida generaría de 60 mil a 70 mil millones de dólares anuales. Los cálculos varían según el monto de la alícuota.

Especialistas como Dani Rodik reconocen el limitado alcance que tendría la imposición de un impuesto frente a la magnitud de los desbalances globales, pero remarcan que es un “buen punto de partida” o, como sostuvo el creador del impuesto, James Tobin, “un grano de arena en el engranaje financiero”. Sus defensores sostienen que una tasa marginal a las operaciones financieras transfronterizas desestimularía las operaciones especulativas de corto plazo.

La propuesta de Tobin, declarado defensor del libre comercio, surgió en 1972, meses después de que Estados Unidos decretara el fin del sistema de tipos de cambio fijos instalado en Bretton Woods. El objetivo del economista era lograr que los tipos de cambio flotantes no fueran tan volátiles. En 1971 sólo once bancos de Wall Street operaban en los mercados de divisas, hoy con la desregularización y liberalización el número ronda las 200. Según el Banco Internacional de Pagos (BIS, por sus siglas en inglés), entre 1992 y 2001, el promedio diario de operaciones en el mercado de divisas pasó de 776 mil millones de dólares a 1,17 billón de dólares. Esas operaciones superan en más de 50 veces el comercio diario de bienes y servicios.

Los mandatarios que incluyen en su discurso la posibilidad de instalar este tipo de impuesto postulan al revitalizado FMI como ente global de aplicación. Sin embargo, el mismo titular del Fondo, Dominique Strauss-Kahn, desestimó la posibilidad de avanzar sobre la tasa Tobin: “No creo que una idea tan simplista funcione por muchas razones, pero sobre todo por motivos técnicos, porque sería muy difícil de implementar”, apuntó. Más sincera fue la respuesta que el propio Tobin dio en 2001 al diario alemán Der Spiegel. “No hay ninguna oportunidad, me temo. La gente que decide en el mundo financiero internacional está en contra”, sostuvo el economist.

¿HARÁ CASO OBAMA A LAS IDEAS DE SUSAN GEORGE?

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El blog salmón.



Con una propuesta de Estados Unidos para reducir su enorme déficit, aumentar su tasa de ahorro y reorientar su economía financiera, terminó la cumbre de Pittsburgh. Habrá que verlo. Lo cierto es que el plan para reorientar una economía mundial que se sacude en las catacumbas, necesita más que bonitas palabras al cierre.

El aumento de la tasa de ahorro para Estados Unidos implica disminuir el enorme déficit comercial que tiene con China, tarea que requerirá aplicar políticas proteccionistas con respecto a este país como las que
comienzan a aplicarse hoy con las importaciones de acero y neumáticos, castigadas con impuestos del 31% y 35% respectivamente.

Esta medida extrema resulta ser una de las condiciones necesarias (ya vendrán otras) para estabilizar una economia mundial que se ha escapado de caer precipicio gracias a la urgente, aunque tardía, medida de los gobiernos para aplicar medidas de rescate. El costo de esta operación está significando elevar el endeudamiento público desde los 19 billones de dólares del año 1999, a los 45 billones de dólares al año 2011. Vale decir que la deuda de cada hombre, mujer o niño del planeta llegará a la suma de 7.000 dólares. Curioso dato para una situación en la cual el 40% de la población mundial vive con menos de 2 dólares diarios. Una vez más esta crisis ha significado enormes beneficios para un puñado, los verdaderos dueños del mundo. Ni siquiera se han salvado aquellos que tienen sólo un par de millones de dólares en sus cuentas bancarias.

Los líderes del G-20 se centraron en temas como las remuneraciones de los ejecutivos bancarios, pero no dieron el salto en tomar medidas para mejorar la equidad, pese a que el FMI ha reconocido el gran flagelo que está implicando la actual crisis para los países más pobres, y como la desigualdad se ha convertido el principal lastre de la crisis.

Tampoco se estabecieron políticas concretas frente al cambio climático en términos de establecer fechas y límites a las emisiones.

Los puntos más relevantes, rescatados por el presidente Obama, apuntan a una mayor regulación del sistema financiero, en la cual no se excluye la aplicación de la Tasa Tobín, un impuesto a las transacciones financieras meramente especulativas, sobre las cuales cae gran parte de la culpa de la actual crisis.

 

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