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¿Y AHORA, QUÉ?

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Julio Anguita, en andaluces.es

Desde la puerta del Ministerio de Agricultura he visto, emocionado y expectante, la entrada en Madrid de miríadas de personas, de ciudadanos y ciudadanas que en columnas de marcha han dado en la capital de España el ejemplo que la mayoría de damnificados por este régimen de corrupción, injustica y violación de Derechos Humanos necesita: la unidad en la lucha.

Ante mis ojos han pasado banderas, símbolos clásicos y habituales en estas concentraciones pero también, y en número incontable, personas de edad avanzada portando carteles alusivos a la injusticia de las pensiones, el fraude de las preferentes, los desahucios, los despidos improcedentes, la permanente estafa de las eléctricas, el cáncer de la banca o la pérdida de futuro para sus familiares más jóvenes. Oyendo a unos y a otros he sabido de manifestantes que desde los rincones más alejados de España han llegado para participar, por primera vez en su vida, en esta grandiosa concentración que ha desbordado todas las previsiones.

Cientos y cientos de miles de personas han sido testigos de su propia fuerza; han constatado que existen y además que existen en la acción que los une, los acerca y los multiplica en su decisión de acabar con la indecencia moral que gobierna. Pero también contra el poder económico que está detrás de este andamiaje vacío, seco e inútil. Los que ayer nos manifestamos en Madrid nos constituimos en voluntad de construir el contrapoder que acabe con el robo, el cinismo, la indigencia moral y la permanente conculcación de la Ley y el llamado Estado de Derecho. Los que ayer nos manifestamos en Madrid lo hicimos en nombre de unos DDHH que ellos son incapaces de llevar a la realidad cotidiana de ciudadanos y ciudadanas. Los que ayer nos manifestamos en Madrid dejamos constancia de que aspiramos a una soberanía popular y nacional en todos los terrenos: económico y monetario, social, político y cívico.

UN MUNDO QUE NACE Y OTRO QUE AGONIZA

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Javier Gallego, en eldiario.es

Ha querido la casualidad que coincida la muerte de Adolfo Suárez con la gigantesca Marcha de la Dignidad que el sábado rebosó Madrid, una coincidencia que es metáfora de este momento indeciso en el que lo viejo no termina de morir y lo nuevo lucha por abrirse paso. Allá va el cortejo fúnebre de la Transición con sus luces, sus claroscuros y sus pantanosas sombras. Aquí viene la marea ciudadana con su proceso constituyente bajo el brazo pidiendo a gritos que la vieja guardia se retire y deje vía libre.

Este fin de semana ambas columnas se han cruzado y una vez más hemos podido comprobar que los que cuentan que antes corrían delante de la policía (algunos más que otros), ahorase escudan detrás de los maderos, los que antes luchaban por el cambio ahora se resisten a cambiar. Hemos podido comprobar también que las instituciones, políticas y mediáticas, aún van en el cortejo mortuorio. Ni una palabra del bipartidismo sobre los cientos de miles de manifestantes de la marcha de la dignidad que en la prensa han quedado sepultados bajo el ataúd de Suárez. El viejo régimen homenajea a sus muertos, mientras entierra a sus vivos.

22M: CANTO A LA LIBERTAD CON DISPAROS DE FONDO

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La manifestación tenía permiso hasta las nueve de la noche, pero los agentes no esperaron a que terminara para provocar su disolución.

Olga Rodríguez, en eldiario.es

El carácter heterogéneo de las Marchas de la Dignidad, así como la ausencia de un gran aparato detrás en su organización, son características que hacen de este movimiento algo nuevo e imprevisible. En ellas confluyen personas de diversos colectivos y procedencias, coordinadas de forma transversal, de abajo arriba, con ganas de participar.

Lo que están reivindicando son derechos fundamentales y el empoderamiento de la gente que se ha quedado sin lugar en esta sociedad. De eso se habló ayer en las marchas.

Se pidió trabajo y techo, el pan y las rosas, el derecho a decidir de todos, la unidad de la gente afectada por esto que algunos llaman crisis, y una democracia real, con una economía al servicio de las personas.

Hubo emoción, poesía, música y mucha dignidad. "Esto ha sido un éxito, tenemos que repetirlo de vez en cuando", decía un representante de uno de los colectivos organizadores.

EL 15M CIERRA EL AÑO CON OCHO VICTORIAS FRENTE A CRISTINA CIFUENTES

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Alejandro Torrús, en 'cuartopoder.es'

El 15M ha ganado hasta la fecha todas las batallas legales frente a la Delegación del Gobierno de Madrid. De las ocho resoluciones judiciales por desórdenes y desobediencia en las diferentes manifestaciones celebradas desde mayo de 2011, los tribunales han dado la razón en cinco ocasiones a Legal Sol, el brazo jurídico del 15M. En las otras tres ocasiones en las que se ha llegado a la celebración de un juicio, el 15M perdió pero consiguió liberar a los manifestantes de la sanción impuesta por la estimación de Interior de los recursos de alzada.

“La admisión de los recursos de alzada también es una victoria para nosotros porque es consecuencia de un cambio de estrategia de Delegación del Gobierno tras sus derrotas ante nosotros en los tribunales por vulneración de derechos fundamentales”, explica a cuartopoder.es Eric Sanz de Bremond, abogado de Legal Sol, que señala que el cambio de estrategia de Delegación del Gobierno respecto a la admisión de los recursos de alzada responde a una operación de “lavado de cara”. “Prefieren admitir los recursos de alzada que antes ni respondían, antes que una nueva sentencia por vulneración de derechos fundamentales”, resalta el abogado.

CUCHILLAS CONTRA EL DERECHO A HUELGA

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Ignacio Escolar, en 'eldiario.es'

El Gobierno anuncia una nueva reforma, otra que no estaba en su programa: la del derecho a la huelga. «Soy partidario de una ley de servicios mínimos para que se cumplan» -explicó Rajoy-. «He encargado que se estudie para hacer compatible el derecho a la huelga y la libertad de los ciudadanos». Su propuesta parte de cinco falacias, tan obvias como fácilmente desmontables.


1. El Gobierno no busca regular los servicios mínimos, sino restringir el derecho constitucional a la huelga. No hay más que ver el momento en el que llega esta propuesta: tras el triunfo de la huelga de limpieza en Madrid, que ha demostrado que es falso eso de que la movilización no sirva para nada. Los trabajadores evitaron los despidos porque su protesta fue visible y los ciudadanos trasladaron esa presión al ayuntamiento. En eso consisten las huelgas o las manifestaciones. Y aquellos que proponen huelgas que no se noten, o manifestaciones en las afueras de las ciudades para que no las vea nadie, piden poner alambre de cuchillas a los derechos fundamentales de los trabajadores.

2. Los servicios mínimos ya están regulados. Que no haya una ley específica no significa que no exista regulación. Además de las leyes, en un Estado de derecho existe la jurisprudencia. En el caso de los servicios mínimos, hay una sentencia del Tribunal Constitucional que fija claramente en qué consisten y cómo se aplican esos servicios mínimos. Además, la Constitución lo que pide es una ley que regule «los servicios esenciales de la comunidad», que no son lo mismo que los servicios mínimos.

3. No son los trabajadores quienes abusan de los servicios mínimos. Al contrario, suele ser la administración pública cuando ejerce como patronal quien sistemáticamente los incumple, fijando unos servicios mínimos abusivos que después suelen rechazar los tribunales. La ventaja para los gobiernos es que la sentencia normalmente llega meses o incluso años después de que la huelga haya terminado. Así pasó en la huelga de Metro de Madrid del 2010, donde el Gobierno autonómico fijó unos servicios mínimos del 50% que luego los tribunales rechazaron.

4. Quienes violentan el derecho a la huelga no son los piquetes. Los datos son claros y salen del CIS, que en el 2012 realizó una encuesta tras la huelga general del 29 de marzo. En ella se demuestra que son más del doble los trabajadores que quisieron hacer huelga pero no pudieron -por la presión de la patronal o por miedo al despido- que aquellos que se vieron obligados a respaldar la huelga contra su voluntad.

5. El derecho a huelga forma parte de la libertad de los ciudadanos, no está en su contra. Y contraponer ambos derechos es, simplemente, intentar enfrentar a unos ciudadanos contra otros para que una minoría gane de nuevo en un momento en el que los más débiles están pagando todos los platos rotos.

LA MAREA VERDE TOMA LAS CALLES DE MADRID CONTRA LA LOMCE AL GRITO DE 'WERT DIMISIÓN'

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Bajo una lluvia a ratos intensa, decenas de miles de personas se han manifestado este jueves por las calles de Madrid en contra de la política educativa del Gobierno. Al ritmo de batucada, en un clima de absoluta tranquilidad y en un ambiente festivo a pesar del mal tiempo, profesores y familias enteras escenificaron su oposición a la LOMCE y a los recortes educativos. Desde Atocha hasta más allá de Sevilla una marea más verde que nunca inundó las calles del centro de la ciudad. Los convocantes calcularon entre 250.000 y 300.000 asistentes, e incluso arriesgaron una suma de más de dos millones de personas en las cerca de 70 concentraciones que tuvieron lugar en distintas ciudades españolas. Los problemas llegaron a última hora a las puertas del Ministerio de Educación con algunas carreras y cargas policiales. El edificio, al igual que el cercano Metrópolis (que alberga una oficina del Banco Santander), estaba blindado por más de una veintena de antidisturbios.

A primera hora, las pancartas buscaban espacio entre los paraguas: "El peor enemigo de un gobierno corrupto es un pueblo culto" y "Poca educación, poca democracia", eran algunas de las frases que más se repetían aquí y allá. "Las familias han vaciado otra vez las aulas", se congratulaban en la cabecera de la manifestación. Las cifras de los convocantes señalaron un seguimiento del 80% entre los profesores universitarios y no universitarios, y del 90% en las escuelas infantiles. El ministerio, en cambio, dejó la cifra en un escaso 20%. Quien salió a valorar la incidencia del paro ante la ausencia mediática de José Ignacio Wert, fue su segunda, la secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio. Y si las frases de Wert poblaron las redes durante la tarde sumando razones para ir a la manifestación, las de Gomendio inspiraron buena parte de las declaraciones de los representantes sindicales y de las asociaciones ya en la calle.

EL ESCRACHE COMO DERECHO FUNDAMENTAL

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Carlos Hugo Preciado Domènech, en 'Sin Permiso'


En los últimos días viene siendo objeto de polémica el escrache como medio de reivindicación. Mientras unos sostienen su legitimidad, otros afirman que se trata de una coacción intolerable, una vejación, un método propio del fascismo o una forma de coartar la libertad de voto del Diputado o Senador. Ante tal debate, el propósito de estas líneas es el de contribuir a esclarecer, desde un prisma exclusivamente jurídico, la legitimidad constitucional del escrache como medio de manifestar la crítica frente a la actuación de los Poderes Públicos.

Para ello, hemos de empezar diciendo que el derecho de manifestación o concentración en lugares públicos es un derecho fundamental reconocido en el art.21 de la Constitución y desarrollado por la LO 9/83 de 15 de julio; regulado en el Convenio Europeo de Derechos Humanos de 4 de noviembre de 1950 (art.11); en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de Nueva York de 19 de diciembre de 1966 (art.21); y más recientemente en el art.12 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

El derecho de manifestación es una proyección colectiva de la libertad de expresión efectuada través de una asociación transitoria de personas que opera de manera instrumental al servicio del intercambio o exposición de ideas, defensa de intereses, publicidad de problemas y reivindicaciones (STC 301/2006), siendo por ello un cauce del participación democrática que se configura de tres elementos: una agrupación de personas de carácter transitorio (temporal), con finalidad lícita (licitud) y en un lugar de tránsito público (espacial). Es un derecho de especial importancia en un Estado Social y Democrático de Derecho, como expresión del principio de democracia participativa, pues para muchos grupos sociales es uno de los pocos medios de los que disponen para expresar públicamente sus ideas y reivindicaciones (STC 301/06 y 236/07)

Por otro lado, el escrache no es otra cosa que el nombre dado en Argentina, Uruguay y España a un tipo de manifestación pacífica en la que un grupo de activistas de Derechos Humanos se dirige al domicilio o lugar de trabajo de alguien a quien se quiere denunciar. Se trata de un método de protesta basado en la acción directa que tiene como fin que los reclamos se hagan conocidos a la opinión pública.

27-O: MILES DE PERSONAS MARCHAN EN MADRID CONTRA LOS PRESUPUESTOS

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Daniel Borasteros, en 'El País'

Un mes después de la primera manifestación convocada por la Coordinadora 25-S, miles de personas han marchado hoy por el centro de Madrid decididos a rodear el Congreso de los Diputados y protestar contralos Presupuestos Generales del Estado para 2013 presentados el pasado martes en el Parlamento.

La marcha ha partido a las seis de la tarde desde Plaza de España y ha llegado hacia las ocho de la tarde a su destino en, la plaza de Cánovas del Castillo -en la que se ubica la fuente de Neptuno- donde miles de personas se han concentrado, aunque la afluencia no ha desbordado la plaza. Frente a los manifestantes, la barrera policial ha impedido el acceso por la Carrera de San Jerónimo al Congreso de los Diputados. La Delegación del Gobierno ha calculado que a las 20.30 se concentraban unos 3.000 manifestantes.

La protesta ha transcurrido de forma pacífica por tres de los carriles de la Gran Vía madrileña entre un gran dispositivo policial. Los manifestantes han coreado los eslóganes que ya se han hecho famosos desde las primeras marchas del Movimiento 15-M, como "No nos representan" y "No debemos, no pagamos". Pasadas las 10 de la fría noche de este sábado (las temperaturas han descendido notablemente en la capital), ha concluido una asamblea en las que se han reunido parte de los manifestantes.

CARTA DE UN MINERO

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He trabajado 25 años en la mina, bajé a un pozo cuando tenía 18 años y me gustaría deciros que me asombran muchos comentarios que leo sobre la minería y las prejubilaciones, en éste grupo y en otros.Os doy mi parecer, ...para ver si puedo disipar varias dudas que veo que hay sobre éste sector.

1º La lucha que están llevando los compañeros en éstos momentos, no es para pedir dinero, sino para que se respete el acuerdo firmado el año pasado entre el Ministerio de Industria y los sindicatos mineros, la firma de éste acuerdo tenía unas ayudas asignadas hasta el año 2018.Éste dinero lo dió La Comunidad Europea y no los Gobiernos Españoles, con ésto quiero decir que no lo puso ningún español para
ayudarnos cómo piensa mucha de la gente que tanto nos critica....En cuanto a éste dinero lo que yo me pregunto, como casi todas las familias mineras, es donde está la parte de los Fondos Mineros que
supuestamente iría destinada a la creación de industrias alternativas al carbón en las cuencas mineras, después del cierre de las minas.

Pues bien, cómo en muchos otros sectores, el dinero lo manejaron los políticos. Con parte de éste dinero, os podría decir, por ejemplo, que el Señor Gabino de Lorenzo ( ex-alcalde de Oviedo) pagó las farolas de su ciudad, el nuevo Palacio de Exposiciones y Congresos y otras muchas obras. La ex-alcaldesa de Gijón (la Señora Felgeroso) lo invirtió en la Universidad Laboral y cómo el primero, también en otras obras.En el Valle de Turón, perteneciente a la Cuenca del Caudal, donde yo vivo, con más de 600 muertos (que sepamos, pues en la guerra civil se quemaron los archivos anteriores) en las minas desde el año 1889 hasta el 2006 cuando se cerraron, hicieron un polideportivo que por cierto, se inauguró sin aseos y así siguen, una senda para pasear y poco más. Todo nuestro entorno está lleno de escombreras, que poco a poco se están intentando recuperar.Pero de reindustrialización, que es lo crea
los puestos de trabajo estables para que siga habiendo vida, casi nada.

HOY, CON LOS SINDICATOS

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Isaac Rosa, en 'Público'

Hoy toca salir a la calle contra la reforma laboral. Nos convocan los sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO. Sí, los parásitos sociales que chupan de la teta del Estado; los que viven del cuento con sus miles (que digo miles, millones) de liberados que no han dado un palo al agua en la vida; los que llevan una vida de lujo, con sueldazos, cruceros y restaurantes caros.

Esa es, ya saben, la imagen de los sindicatos que resulta de la guerra sucia política y mediática, que redobla su fuego a discreción cada vez que se acerca una protesta convocada por ellos. Los mismos medios que elogian la responsabilidad de los sindicatos cuando pactan reformar las pensiones o congelar salarios, son los que sacuden de lo lindo a Méndez, Toxo y compañía si se les ocurre poner pegas a una reforma laboral de inspiración decimonónica.

Habrá quien hoy no salga a la calle por dar crédito a esos ataques sucios contra CCOO y UGT. Pero no es el único motivo por el que muchos trabajadores han dado la espalda a estos sindicatos en los últimos tiempos. A su pérdida de crédito ha ayudado mucho la forma en que se han enfrentado a la crisis, firmando reformas como la mencionada de pensiones, y mostrándose más dialogantes que combativos en momentos de ataques contra los trabajadores. Soy el primero que desde esta columna ha criticado una y otra vez la apuesta de los sindicatos por el diálogo social en tiempos en que la otra parte, la patronal y el gobierno, sólo entienden la paz social como placidez total.

Pero ser críticos con los sindicatos no es un motivo para quedarse hoy en casa, sino una razón más para acudir a las manifestaciones. No andamos muy sobrados de fuerzas, y se trata de sumar, no dividir más. Quienes piensan que con estos sindicatos no llegaremos muy lejos, deben reconocer que sin ellos vamos menos lejos todavía. Por eso son muchos los colectivos, 15-M incluido, que han decidido salir hoy a la calle, juntos pero no revueltos, con sus propias pancartas y lemas. Después de la reforma, y con lo que está por venir, yo tengo claro quién es el enemigo. Y no son los sindicatos.

19-J: INDIGNACIÓN MASIVA

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Josep Maria Antentas y Esther Vivas, en 'El País'

La indignación ha superado una vez más todos los cálculos, tomando masivamente las calles, y mostrando la brecha abierta entre malestar social y políticas en las instituciones. Del 15M al 19J, se han acumulado fuerzas y se han tejido complicidades, y no sólo en lo local (acampadas y barrios) sino con amplios sectores sociales que se han sentido identificados con esta crítica rotunda a la clase política y a un sistema bancario y financiero a quien se responsabiliza de la presente crisis. El lema “no somos mercancías en manos de políticos y banqueros” sintetiza ambas demandas.

Las y los indignados han señalado sin ambigüedades a aquellos que han claudicado frente a los “mercados” y que, exigiendo políticas de recortes, no se las han aplicado a si mismos. “Queremos políticos mileuristas” era una de las consignas fervientemente aplaudidas en la manifestación. La democracia actual ha resultado ser cada vez más vacía de contenido para una ciudadanía con voluntad de decisión y de control sobre sus propias vidas. Un voto cada cuatro años no es suficiente para quienes reivindican la política como el ejercicio cotidiano de sus derechos, en el día a día y de abajo arriba.

El cerco al movimiento, tras la acción al Parlamento catalán el 15J, no ha podido con una indignación social colectiva que supera a aquellos y aquellas que han estado en las acampadas. Quien crea que el movimiento es cosa de jóvenes, activistas… se equivoca. También lo hace quien lo considere un mero problema de orden público. Los de siempre han pasado a ser muchos. Dos años y nueve meses de crisis, pesan. El movimiento expresa una corriente profunda de malestar social que, finalmente, ha emergido a la luz pública y, como es habitual, de forma imprevista y con formas novedosas. No estamos ante un fenómeno coyuntural o pasajero, sino ante las primeras sacudidas de un nuevo ciclo de movilización, de las que el 15M y las acampadas han actuado de lanzadera.

INDIGNADANOS

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Baltasar Garzón, en 'Público'

Hace unos días, alguien me preguntaba por qué algunas palabras que están en el léxico popular y que definen relaciones humanas o acontecimientos no aparecen en los diccionarios, como sucede con la que titula este artículo. La razón radica en que la evolución de la sociedad suele ir por unos cauces diferentes a los de la oficialidad de las reglas que nos rigen, si bien antes o después la realidad de las cosas termina por imponerse a la formalidad de las mismas.

El 15 de mayo surgió en España un movimiento que, con mayor o menor fuerza, se ha extendido a otros países. La indignación popular que venía fraguándose desde hacía tiempo cristalizó en este movimiento que, representándonos a todos, despedía la fragancia de lo nuevo, la convicción de la razón y el civismo de su demostración. Era un plante surgido de una sociedad que cuestionaba y cuestiona muchos de los clichés que el mundo de la política tiene establecidos.

Los asamblearios acampados en la Puerta del Sol madrileña comenzaron pronto a ser un estorbo para la "buena y normal" ciudadanía. Habían pasado las elecciones del 22 de mayo y la presencia constante en las calles y plazas de las principales ciudades era una molestia, cuando no una provocación. El desenlace se preveía inminente, como también lo era la acción de los que habían aprovechado el movimiento para reventarlo desde dentro. Los de siempre, los mismos que unas veces actúan bajo la marca de violencia callejera, otras de los neonazis o de los "radicales antisistema", o de quién sabe qué.

CON LOS 'INDIGNADOS' ACUSADOS DE ESPAÑOLES, MUGRIENTOS, GOLPISTAS Y TERRORISTAS

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SOCIEDAD CIVIL DIGITAL
La red con los 'indignados' acusados de españoles, mugrientos, golpistas y terroristas

David Ballota

En una hora Yo #soy15m se situaba ayer como Trending Topic. A esa hora ningún medio se había hecho eco de la iniciativa. Salvo el medio de comunicación de la gente (Internet) que PSOE, PP y CiUquieren cercenar comenzando con una comisión gubernamental controlada por el Ministerio de Cultura que promoverá el cierre de webs.

A esa hora ya se conocían las declaraciones de Josep Lluís Carod-Rovira en las que invitaba a los ‘indignados» españoles’ que participan en acampadas en Cataluña a irse a mear, pintar, abroncar e insultar allí donde les corresponde: a su país.

Unos ven españoles y otros únicamente perroflautas entre esos revoltosos que atacan a los bancos y la partitocracia. En su proyecto colectivista – el Estado partitocrático español o catalán – no hay sitio para sus fantasmas (españoles diferentes e indignados).

A esa hora también se había despachado a gusto la derecha mediática con una escalada de insultos y criminalización de todo el movimiento. Son ‘indignos no indignados’, decía el sustituto de Luis del Olmo en la radio de ABC. La Gaceta llamaba a los españoles que acudirán a una manifestación legal: sediciosos.

 

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