Pere Rusiñol , en eldiario.es
Casi siempre que se habla de cooperativa se las relaciona con el idealismo, la solidaridad y la fraternidad.
Y está bien que así sea porque estas son en buena parte las raíces del cooperativismo, que celebra este sábado el Día Internacional dedicado a esta causa.
Pero estas características que tanto entusiasman a los militantes tienen un doble filo: son los argumentos que también se utilizan para estigmatizarlas y presentarlas como una opción sólo para ‘hippies’. La ortodoxia las sitúa directamente en otro mundo: el de los utópicos que no saben de qué va la vida.
Naturalmente, quienes interesadamente asocian las cooperativas sólo a ingenuos ‘flower power’ pasan por alto que la española Corporación Mondragón suma 84.000 trabajadores y que el británico Co-Operative Group factura 15.000 millones de euros al año.
El mundo cooperativo es extraordinariamente variado: incluye microempresas y gigantes, emprendimientos que parecen herramientas al servicio de una causa político-social y empresas cuya práctica no dista tanto de las corporaciones capitalistas. Su viabilidad no depende necesariamente de ninguno de estos factores: en cada uno de estos tipos hay cooperativas rentables y otras en pérdidas. Pero a pesar de esta variedad, todas gozan, en tanto que cooperativa, de unas ventajas ‘competitivas’ especialmente adecuadas para estos momentos de crisis sistémica y que suelen soslayar los más interesados en arrojar el mundo cooperativo al rincón de los ingenuos.
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LA 'COMPETITIVIDAD' DE LAS COOPERATIVAS
Etiquetas: consumismo, cooperativas, mercado, microcreditos | author: jose luis ochoaSER POBRE ES MUY CARO
Etiquetas: derechos humanos, desarrollo, economía solidaria, microcreditos | author: jose luis ochoaJ.M. Martí Font, en 'Almuerzo con...' de El País
Michael Chu, uno de los principales expertos mundiales en microcréditos, es un ciudadano del mundo: nació en China, se crió en Uruguay -cuya nacionalidad ostenta-, estudió en Harvard -donde da clases- y viaja por todo el mundo, especialmente por Latinoamérica. En Barcelona ha participado en las jornadas Mercado, pobreza y negocios inclusivos, en la escuela de negocios ESADE.
El almuerzo lo sirve una empresa de restauración sostenible, que para Chu es el mejor ejemplo del tipo de proyectos sobre los que trabaja: atender desde el sector privado las necesidades de las capas con menos ingresos de la población, "que representan el 75% de la población".
"Ser pobre es muy caro", asegura, y pone el ejemplo de una mujer que vendía camisas en un mercado de Lima a la que preguntó si tomaba dinero prestado para financiar su negocio. Sí, le dijo, a veces pedía 100 dólares (73,5 euros) a un vecino. "¿Y cuánto le cobra?", indagó Chu. "Poco", respondió, "se lo devuelvo en dos días, los 100 y dos dólares más". Chu hace una pausa, se zampa una croqueta, toma un sorbo de vino y exclama: "¡Un interés de un 3.000%!".
Este hombre de negocios que trabajó en Wall Street y como directivo de grandes empresas, ahora se dedica a crear y asesorar bancos especializados en microfinanzas y empresas para satisfacer la demanda de las capas más desposeídas. "Los microcréditos", explica, "nacen a finales de la década de 1970 de la labor de las ONG, concediendo pequeños préstamos de 150 o 200 dólares [110,4 o 147 euros]. Tuvieron éxito, sus clientes devolvían el dinero y su volumen creció, tanto, que los bancos que prestaban el dinero a las ONG no pudieron seguir haciéndolo porque superaba el porcentaje de los activos permitidos por el regulador para clientes insolventes, porque eso es lo que son los pobres".
La solución era crear un banco de microcréditos, supervisado por las autoridades monetarias. "En 1992 se creó el Banco Solidario de Bolivia, el precursor, y tuve el privilegio de ayudar a fundar otros más, que hoy son los bancos más rentables y solventes de sus respectivos sistemas bancarios". Hoy, calcula Chu, el volumen global de las microfinanzas en todo el mundo supera los 10.000 millones de dólares (7.357 millones de euros), de los que 4.000 (2.943) corresponden a América Latina.
Chu habla y habla, y hay que insistirle en que coma algo de un almuezo ya de por sí frugal. Pero los microcréditos se imponen sobre el embutido y las aceitunas. "Se necesita movilizar un pequeño arsenal que incluye salud, educación, vivienda, servicios básicos (agua y energía) y también servicios como seguros, porque ¿quién tiene mayor necesidad de manejar su riesgo que los pobres?". La primera inversión de uno de los fondos que ha creado, Ignia, ha sido en Primedic, que por menos de 100 dólares (73,5 euros) al año ofrece acceso ilimitado a atención primaria médica. Chu no está en absoluto en contra del sector público, que debería asumir esta labor, pero que no lo hace o lo hace mal. "Los modelos comerciales son esenciales en un entorno donde el sector público se enfrenta a tantos desafíos y tantas complicaciones para ser un agente efectivo en proporcionar bienes y servicios para la gente pobre. En los países en desarrollo el rol del sector privado cobra una importancia tremenda". Ni rastro de un postre.
El almuerzo lo sirve una empresa de restauración sostenible, que para Chu es el mejor ejemplo del tipo de proyectos sobre los que trabaja: atender desde el sector privado las necesidades de las capas con menos ingresos de la población, "que representan el 75% de la población".
"Ser pobre es muy caro", asegura, y pone el ejemplo de una mujer que vendía camisas en un mercado de Lima a la que preguntó si tomaba dinero prestado para financiar su negocio. Sí, le dijo, a veces pedía 100 dólares (73,5 euros) a un vecino. "¿Y cuánto le cobra?", indagó Chu. "Poco", respondió, "se lo devuelvo en dos días, los 100 y dos dólares más". Chu hace una pausa, se zampa una croqueta, toma un sorbo de vino y exclama: "¡Un interés de un 3.000%!".
Este hombre de negocios que trabajó en Wall Street y como directivo de grandes empresas, ahora se dedica a crear y asesorar bancos especializados en microfinanzas y empresas para satisfacer la demanda de las capas más desposeídas. "Los microcréditos", explica, "nacen a finales de la década de 1970 de la labor de las ONG, concediendo pequeños préstamos de 150 o 200 dólares [110,4 o 147 euros]. Tuvieron éxito, sus clientes devolvían el dinero y su volumen creció, tanto, que los bancos que prestaban el dinero a las ONG no pudieron seguir haciéndolo porque superaba el porcentaje de los activos permitidos por el regulador para clientes insolventes, porque eso es lo que son los pobres".
La solución era crear un banco de microcréditos, supervisado por las autoridades monetarias. "En 1992 se creó el Banco Solidario de Bolivia, el precursor, y tuve el privilegio de ayudar a fundar otros más, que hoy son los bancos más rentables y solventes de sus respectivos sistemas bancarios". Hoy, calcula Chu, el volumen global de las microfinanzas en todo el mundo supera los 10.000 millones de dólares (7.357 millones de euros), de los que 4.000 (2.943) corresponden a América Latina.
Chu habla y habla, y hay que insistirle en que coma algo de un almuezo ya de por sí frugal. Pero los microcréditos se imponen sobre el embutido y las aceitunas. "Se necesita movilizar un pequeño arsenal que incluye salud, educación, vivienda, servicios básicos (agua y energía) y también servicios como seguros, porque ¿quién tiene mayor necesidad de manejar su riesgo que los pobres?". La primera inversión de uno de los fondos que ha creado, Ignia, ha sido en Primedic, que por menos de 100 dólares (73,5 euros) al año ofrece acceso ilimitado a atención primaria médica. Chu no está en absoluto en contra del sector público, que debería asumir esta labor, pero que no lo hace o lo hace mal. "Los modelos comerciales son esenciales en un entorno donde el sector público se enfrenta a tantos desafíos y tantas complicaciones para ser un agente efectivo en proporcionar bienes y servicios para la gente pobre. En los países en desarrollo el rol del sector privado cobra una importancia tremenda". Ni rastro de un postre.
OTRAS FORMAS DE ECONOMÍA GANAN VISIBILIDAD
Etiquetas: alternativas, banca etica, comercio justo, desarrollo, economía solidaria, finanzas eticas, microcreditos, moneda, soluciones, sostenibilidad | author: jose luis ochoaMario Osava
PORTO ALEGRE, Brasil – Democratizar la economía, además de la política, es indispensable para combatir irracionalidades y discriminaciones en la lucha por la justicia social y ambiental, destacaron este miércoles participantes en unos de los paneles del seminario de balance de los 10 años del Foro Social Mundial.
El campo de la economía de la gratuidad está “aumentando radicalmente” con el creciente predominio del conocimiento como componente mayoritario en los bienes y servicios producidos, sostuvo en su ponencia el economista Ladislau Dowbor, profesor de la Universidad Católica de São Paulo.
El uso de una calle es gratis y nadie se pregunta sobre sus costos de construcción y mantenimiento. Igual ocurre con las vacunas, escuelas estatales y numerosos bienes públicos ofrecidos gratuitamente.
Pero todo eso tiene costos y se paga de alguna manera, en general a través de impuestos que aportan todos o de los sobreprecios que se les ponen a los productos, explicó. Las vacunas generan tantos beneficios y ahorran otros gastos tanto más elevados en salud que no tendría sentido cobrárselas de cada beneficiado.
Con el avance de la sociedad del conocimiento crece la economía de la gratuidad, porque se establecen relaciones totalmente distintas a las derivadas de bienes materiales, apuntó.
Dowbor añadió, a modo de ejemplo, que, si uno vende un reloj, se queda sin él, pero en el caso del conocimiento uno no se priva de él al transmitirlo a otra persona, sino que “genera otras dinámicas creativas”, favoreciendo la gratuidad.
Pero hay bienes naturales, como agua, biodiversidad y las ondas magnéticas, que apropiadas por intereses privados se convierten en negocios lucrativos, advirtió.
El agua vendida en botellas cuesta 1.000 veces más que la distribuida por cañerías, además de la contaminación que la afecta por el transporte y los envases de plástico.
Hay formas de consumo colectivo que reducen los costos, observó Dowbor. Piraí, una pequeña ciudad cercana a Río de Janeiro, ofrece acceso gratis a Internet por banda ancha a todos sus habitantes, así como computadoras a profesores y estudiantes a bajísimos precios por adquirirlos en gran cantidad, mejorando la enseñanza y fomentando negocios locales, incluso exportación, ejemplificó.
“Hay que recalcular costos y ampliar la gratuidad”, indicó. El transporte público gratuito puede quizás ser ventajoso en grandes ciudades como São Paulo, donde cada habitante pierde en promedio dos horas y 43 minutos cada día en el tránsito, con costos terribles para todos, en calidad de vida y contaminación.
La desocupación también representa costos sociales tan inmensos que valdría la pena que los desempleados se dedicaran al servicio de saneamiento ambiental de las ciudades, como microdrenaje y limpieza, añadió el economista en otros ejemplos sobre los desperdicios que empobrecen a la humanidad, aunque aumenten el producto bruto interno.
Pero esa economía de la gratuidad, de futuro prometedor, tiene un “lado oscuro”, que es la invisibilidad de “tareas naturalizadas como de mujeres, destacó la socióloga uruguaya Lilian Celiberti, de la Articulación Feminista Mercosur (Mercado Común del Sur).
Los costos de la reproducción de la vida “recaen sobre las mujeres en todas las culturas”, pues son la principales responsables de la “economía del cuidado”, un tema clave de las economistas feministas, que comprende no sólo a la atención a niños, niñas, ancianos, enfermos y discapacitados”, explicó.
En la división sexual del trabajo, donde “el espacio privado le toca a las mujeres y el público a los hombres”, se estimula la “irresponsabilidad masculina”, que se refleja en no reconocer hijos fuera del matrimonio y otros “millones de ejemplos registrados en los Juzgados de Familia”.
“Una sociedad que cultiva tales seres humanos depreda la naturaleza y descuida a los mismos humanos, por eso es suicida”, advirtió.
La gratuidad de los bienes públicos, que son derechos de todos, como salud, acceso al agua, educación y otros servicios básicos, son un deber del Estado, subrayó, a su vez, la médica boliviana Nila Heredia, presidenta de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (Alames).
Es necesario combatir la “lógica mercantil”, que hace “sentirse culpable el enfermo por no haberse cuidado suficientemente”, y en que la industria farmacéutica “fabrica enfermedades” para vender más medicamentos, afirmó.
El filósofo francés Patrick Viveret, autor del trabajo “Reconsiderar la riqueza”, también condenó el “fundamentalismo mercantil”, que condujo a la “privatización de la moneda, un bien público al servicio del intercambio”. Destacó, además, las dificultades de la economía de la gratuidad al lidiar con las “relaciones de dependencia y rivalidad”.
Un buen ejemplo de economía solidaria, que no excluye la remuneración, pero no tiene fines de lucro, fue presentado por João de Melo Neto, coordinador del Banco Palmas, de microcrédito, el primero de carácter comunitario en Brasil, fundado en 1998 en un barrio pobre de Fortaleza, capital del nororiental estado de Ceará.
Ese banco ayudó a organizar y promover la economía local de muchos barrios pobres del nordeste brasileño, con “monedas propias” para que la riqueza local circule dentro del barrio”, e inspiró otras experiencias. En la actualidad hay 52 entidades comunitarias de este tipo en todo el país.
“Economía y gratuidad” fue el tema de una de las cuatro mesas que el seminario de balance de los 10 años del FSM promueve cada día del martes al jueves en Porto Alegre. Este viernes culminará con una sesión de “sistematización” de los debates y una Asamblea de los Movimientos Sociales.
Más de 8.000 personas se inscribieron en el seminario, que hace parte del FSM Gran Porto Alegre, con numerosos encuentros en siete ciudades de la más meridional región metropolitana de Brasil, cercana a Uruguay.
En la noche del martes, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, participó en un acto del FSM, criticando la falta de ayuda mundial a Haití, cuya capital, Puerto Príncipe, fue destruida por un terremoto el 12 de este mes. Anunció que visitará ese país caribeño el 25 de febrero para llevar su solidaridad.
Lula también comentó que el Foro Económico Mundial “perdió el glamour” que tenía hasta 2003. Ese encuentro de gobiernos industrializados y empresarios, que cada año se realiza en la localidad suiza de Davos, le brindará un homenaje especial este jueves y viernes.
26 ABRIL: JORNADAS SOBRE MICROCRÉDITOS EN MADRID
Etiquetas: curso, microcreditos | author: jose luis ochoa
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