Han pasado doce años desde que, el 19 de noviembre de 2002, el petrolero llamado Prestige se hundiese junto a las costas gallegas, desencadenando una marea negra que pasó a ser conocida popularmente como chapapote. Fue una de las más grandes tragedias medioambientales del país que, una década después, quedaba sin culpables.
Pero no es el único caso en el que la acción de hombre ha dañado -o continúa haciéndolo- el entorno natural sin que se busquen o se persigan a los culpables. En el Día Internacional del Medio Ambiente, Público recuerda las catástrofes medioambientales más significativas de los últimos años y apunta a las que están por venir si no se hace nada para evitarlo.
La central nuclear de Garoña
La localidad burgalesa alojó durante seis años la central nuclear más antigua del país en funcionamiento, hasta el 2012, cuando el reactor fue detenido definitivamente. No son pocas las incidencias registradas en esta infraestructura desde que empezó a generar energía atómica en 1970. Entre ellos, dos escapes de agua con contaminación radiactiva. Pero con el cierre de la central no acaban los riesgos. Su vida útil expiró en 2011 aunque continuó produciendo electricidad un año más. Nucelor, la empresa de Iberdrola y Endesa que la gestiona, ha intentado prolongar la actividad durante años hasta que desistió en 2012. Pero el pasado 27 de mayo, la compañía volvió a solicitar su reapertura hasta 2031. Grupos ecologistas y antinucleares advierten del peligro que supone alargar la vida de un anciano al que le sobran arrugas y fisuras, además de dejar patente que la inversión está amortizada y que su producción eléctrica es prescindible gracias a las energías renovables.
La localidad burgalesa alojó durante seis años la central nuclear más antigua del país en funcionamiento, hasta el 2012, cuando el reactor fue detenido definitivamente. No son pocas las incidencias registradas en esta infraestructura desde que empezó a generar energía atómica en 1970. Entre ellos, dos escapes de agua con contaminación radiactiva. Pero con el cierre de la central no acaban los riesgos. Su vida útil expiró en 2011 aunque continuó produciendo electricidad un año más. Nucelor, la empresa de Iberdrola y Endesa que la gestiona, ha intentado prolongar la actividad durante años hasta que desistió en 2012. Pero el pasado 27 de mayo, la compañía volvió a solicitar su reapertura hasta 2031. Grupos ecologistas y antinucleares advierten del peligro que supone alargar la vida de un anciano al que le sobran arrugas y fisuras, además de dejar patente que la inversión está amortizada y que su producción eléctrica es prescindible gracias a las energías renovables.
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