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LOS GRITOS DE LAS VÍCTIMAS

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Alberto Garzón, en La Opinión de Málaga

Recordaba el filósofo esloveno Žižek que es “mucho más difícil para nosotros torturar a un individuo que permitir desde lejos el lanzamiento de una bomba que puede causar una muerte mucho más dolorosa a miles de personas”. Y es que la clave de un acto violento no está tanto en el método con el que se ejerce como en sus efectos, que son los que verdaderamente permiten valorar el daño real causado a la víctima.

Estamos rodeados de actos violentos. No sólo de aquella violencia que vemos a través de imágenes en los telediarios y en las grandes producciones cinematográficas y que se refieren bien a eventos ficticios bien a eventos lejanos para nosotros. También nos rodea la violencia ejercida desde los despachos de los ejecutivos de las grandes empresas y desde las reuniones de los parlamentos nacionales. Esta segunda violencia no es que sea invisible, porque sus efectos son bien evidentes, pero sí que tiene la apariencia de estar desconectada.

A menudo no es fácil percibir que cuando un ejecutivo firma un despido está en realidad desposeyendo a un trabajador del único medio que tiene para sobrevivir y que, en consecuencia, está empujando al susodicho a un abismo del que quizás no pueda salir nunca. Similarmente, cuando los diputados del Partido Popular presionaron el botón verde para aprobar los recortes en sanidad, robando así a los inmigrantes su categoría de ciudadanos, el efecto real fue cerrarles las puertas de los ambulatorios y hospitales a miles de personas. Ejercieron, sin contacto físico, una violencia inigualable.

LA VIOLENCIA ES CONTRA LOS JÓVENES

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Cristina Fallarás

Ay, la violencia. Hoy hemos vuelto a leer sobre la violencia que los estudiantes y sus adláteres han ejercido contra la ciudad, esta vez en Barcelona. Se tiende a considerar acto violento el que se ejecuta de un golpe. Sin embargo, se olvida denunciar la violencia sostenida, la estructural, la que esos jóvenes que salieron ayer a la calle en España sufren a diario. Es ésta una violencia que, por acostumbrada, tiende a desaparecer de la foto.

¿No es violencia que la mitad de la población joven de una sociedad esté en paro y las expectativas de que esto cambie sean prácticamente nulas? ¿No es violencia someter a la población joven al no future estructural? ¿No es violencia que el perfil del ciudadano que vive por debajo del umbral de la pobreza en España tenga ya el rostro de un joven como principal protagonista? ¿No es violencia que con todo ello el alquiler de un piso en Barcelona cueste de media 1.200 euros?

DIEZ AÑOS DESPUÉS, EL 11-S HA SIDO CONVERTIDO EN UN 'BEST SELLER' MEDIÁTICO. POCO MÁS

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Félix Soria, en 'Impulso'

El décimo aniversario del 11-S asoma esta semana en todos los medios y el próximo domingo será el sursum corda.
Diez años después, las muertes de 2.700 neoyorquinos no deberían seguir siendo instrumentalizadas políticamente. Hace ya varios años que es obligado dar un paso adelante.
Diez años depués, la más cruenta acción de violencia perpetrada en territorio de Estados Unidos por un país o una organización extranjera es un valioso material informativo, ¡pero con limitaciones!
No está bien visto --incluso hay quienes lo prohíben-- formular la pregunta obligada ante un crimen; ¿Por qué?
Los contados políticos, analistas, historiadores, observadores o periodistas que abren ese interrogante casi siempre se quedan en la superficie: odio, terrorismo, fanatismo, violencia ciega, etcétera...
A esa lista de simplezas que nada sustancial explica se añaden los nombres de los autores materiales (los secuestradores de los aviones), más los de Bin Laden y Al Qaeda; seguidos en todo caso por loscolaboradores necesarios, según dicen, el Estado iraquí o los talibanes --si bien esto último es poco más que un entretenimiento mediático y la justificación política de barbaries posteriores.
Y punto.
La respuesta al porqué acaba ahí.

POR QUÉ LO LLAMAN VIOLENCIA

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Los sectores más radicales del movimiento que nació el pasado 15 de mayo en toda España cruzaron el Rubicón democrático ayer en Barcelona. Editorial de El País

Estos movimientos siempre tienen dos almas: el alma reformista y pacífica y el alma revolucionaria y agresiva. Mientras el número de movilizados es grande se mantiene el carácter cívico y los grupos más radicales no encuentran espacio favorable para hacerse notar. Pero a medida que se va perdiendo afluencia y que el grupo se reduce a los más militantes, el peso de los radicales crece.
Ramoneda, opinador de El País.

Quienes escupen a los parlamentarios, quienes los zarandean, quienes lanzan piedras o pintura contra ellos o quienes llevan la protesta contra un político hasta las puertas de su casa, donde duerme su familia, no me representan. Tampoco representan a los indignados, cuyos portavoces se han desmarcado de estos actos violentos. Ignacio Escolar, opinador de Público.


Dos pequeñas enseñanzas podemos aprender de la campaña desatada sobre la supuesta deriva violenta del movimiento tras el pequeño bloqueo de ayer al Parlament catalán:

PARA PENSAR desalojo violento de Plaza Cataluña

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Tened el valor de ver el video entero sin pensar de "antemano" (es decir sin colocar defensas justificatorias) que algo habrán hecho, ó del tipo es que esto sólo es una parte de lo que se ve... Se ve violencia de unas personas contra otras, y ningún tipo de violencia puede ser justificada (después nos sorprendemos cuando la violencia contra las mujeres sigue y sigue: ¿de qué género son los que agreden?). Cuando lo hacemos ya sabemos por historia lo que va detrás:


Y ahora las preguntas:

¿Que tipo de inteligencia se parapeta detrás de un casco y una porra?
¿Qué tipo de persona es capaz de agredir físicamente a otra que está sentada en el suelo?
¿Sería yo capaz de hacerlo?

 

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