Julián Casanova, en El País
“Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo”, dejó escrito el rey Alfonso XIII en la nota con la que se despedía de los españoles, antes de abandonar el Palacio Real la noche del martes 14 de abril de 1931. Cuando llegó a París, comienzo de su exilio, Alfonso XIII declaró que la República era “una tormenta que pasará rápidamente”. Tardó en pasar más de lo que él pensaba, o deseaba. Más de cinco años duró esa República en paz, antes de que una sublevación militar y una guerra la destruyeran por las armas.
La República llegó con celebraciones populares en la calle, mucha retórica y un ambiente festivo donde se combinaban esperanzas revolucionarias con deseos de reforma. La multitud se echó a la calle cantando el Himno de Riego y La Marsellesa. Allí había obreros, estudiantes, profesionales. La clase media “se lanzaba hacia la República” ante la “desorientación de los elementos conservadores”, escribió unos años después José María Gil Robles. Y la escena se repitió en todas las grandes y pequeñas ciudades, como puede comprobarse en la prensa, en las fotografías de la época, en los numerosos testimonios de contemporáneos que quisieron dejar constancia de aquel gran cambio que parecía tener algo de magia, llegando de forma pacífica, sin sangre.
A la República la recibieron unos con fiesta y otros de luto. La Iglesia católica, por ejemplo, vivió su llegada como una auténtica desgracia. Con luto, rezos y pesimismo reaccionaron, efectivamente, la mayoría de los católicos, clérigos y obispos ante esa República celebrada por el pueblo en las calles. Y era lógico que así lo hicieran. Como lógico era también que mostraran su desconcierto y estupor todos esos terratenientes ennoblecidos y muchos industriales y financieros con título nobiliario, que perdieron de golpe al rey, su fiel protector, al que muchos de ellos abandonaron en las últimas semanas de su reinado.
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LA SEGUNDA REPÚBLICA: DE LA FIESTA POPULAR AL GOLPE DE ESTADO
Etiquetas: españa, guerra, república | author: jose luis ochoaLA EUROPA MOHOSA
Etiquetas: emigracion, guerra | author: jose luis ochoa
Deberíamos recordar siempre el campo de concentración de Argelès-sur-Mer donde sufrieron y murieron miles de españoles ahora que este continente es capaz de tratar tan cruel e inhumanamente al inmigrante
Jordi Soler, en El País
Hace exactamente 75 años, en febrero de 1939, había 100.000 ciudadanos españoles prisioneros en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer, en el sur de Francia. Estaban encerrados en un enorme cuadrángulo, demarcado por una alambrada, que ocupaba una hectárea de arena en la playa. Aquellos 100.000 desgraciados eran personas como usted y como yo, con un oficio, una casa y una familia que los esperaba en España. Cien mil personas son más de las que hay en una ciudad de las dimensiones de Girona o de Cáceres. Para tener la perspectiva completa de aquel episodio habría que sumar, a los prisioneros del campo de Argelès-sur-Mer, el resto de españoles que estaban encerrados en otros campos de concentración como Bram, Gurs o Saint Cyprien, y que constituían un gran total de 550.000 personas.
Aquella multitud había cruzado la frontera huyendo de la represión del Ejército franquista que, además de haber ganado la guerra, buscaba erradicar de España cualquier brote republicano o rojo, judío o masón, es decir, a cualquier persona que no se ajustara a los estrechos lineamientos del nacionalcatolicismo.
Jordi Soler, en El País
Hace exactamente 75 años, en febrero de 1939, había 100.000 ciudadanos españoles prisioneros en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer, en el sur de Francia. Estaban encerrados en un enorme cuadrángulo, demarcado por una alambrada, que ocupaba una hectárea de arena en la playa. Aquellos 100.000 desgraciados eran personas como usted y como yo, con un oficio, una casa y una familia que los esperaba en España. Cien mil personas son más de las que hay en una ciudad de las dimensiones de Girona o de Cáceres. Para tener la perspectiva completa de aquel episodio habría que sumar, a los prisioneros del campo de Argelès-sur-Mer, el resto de españoles que estaban encerrados en otros campos de concentración como Bram, Gurs o Saint Cyprien, y que constituían un gran total de 550.000 personas.
Aquella multitud había cruzado la frontera huyendo de la represión del Ejército franquista que, además de haber ganado la guerra, buscaba erradicar de España cualquier brote republicano o rojo, judío o masón, es decir, a cualquier persona que no se ajustara a los estrechos lineamientos del nacionalcatolicismo.
LA SAGRERA: LA CATALUNYA REAL
Etiquetas: guerra, izquierda | author: jose luis ochoa
Vicenç Navarro, en Publico.es
Pregón de las Fiestas Mayores de la Sagrera por parte del profesor Vicenç Navarro. 14 noviembre 2013
El original en catalán está publicado en el Triangle digital.
Vecinos y vecinas de la Sagrera,
Os agradezco mucho que me hayáis invitado a dar el pregón de la Fiesta Mayor de la Sagrera, el barrio más popular de la ciudad de Barcelona. Es para mí un gran honor que me hayáis escogido como vuestro pregonero.
Por razones profesionales y políticas he tenido que vivir en muchas ciudades y en muchos países. Pero nunca olvidé mis raíces, que están basadas en mi experiencia en la Sagrera. Fue en este barrio donde viví parte de mi infancia y adolescencia, y fue desde aquí que inicié, en un día lluvioso de agosto, mi largo exilio en 1962. Fueron mis padres, maestros de las escuelas públicas de Gironella, en la comarca del Berguedà, que al ser expulsados del Magisterio por su apoyo a la Generalitat de Catalunya y a la República, vinieron a vivir en Barcelona, y pasaron más tarde a residir en la Sagrera. Fue de mis padres y de este barrio de donde derivé mis raíces y mi compromiso de trabajar para el bienestar de las clases populares, que he intentado que guíe toda mi vida profesional.
Pregón de las Fiestas Mayores de la Sagrera por parte del profesor Vicenç Navarro. 14 noviembre 2013
El original en catalán está publicado en el Triangle digital.
Vecinos y vecinas de la Sagrera,
Os agradezco mucho que me hayáis invitado a dar el pregón de la Fiesta Mayor de la Sagrera, el barrio más popular de la ciudad de Barcelona. Es para mí un gran honor que me hayáis escogido como vuestro pregonero.
Por razones profesionales y políticas he tenido que vivir en muchas ciudades y en muchos países. Pero nunca olvidé mis raíces, que están basadas en mi experiencia en la Sagrera. Fue en este barrio donde viví parte de mi infancia y adolescencia, y fue desde aquí que inicié, en un día lluvioso de agosto, mi largo exilio en 1962. Fueron mis padres, maestros de las escuelas públicas de Gironella, en la comarca del Berguedà, que al ser expulsados del Magisterio por su apoyo a la Generalitat de Catalunya y a la República, vinieron a vivir en Barcelona, y pasaron más tarde a residir en la Sagrera. Fue de mis padres y de este barrio de donde derivé mis raíces y mi compromiso de trabajar para el bienestar de las clases populares, que he intentado que guíe toda mi vida profesional.
LA ECONOMÍA, EL CAPITALISMO Y LA GUERRA
Etiquetas: capitalismo, economia, guerra | author: jose luis ochoa
Juan Torres López, en Público
“No podemos construir un automóvil decente, ni un televisor… ya no tenemos siderúrgicas, no podemos otorgar servicios de salud a nuestros ancianos, pero eso sí, podemos bombardear tu país hasta hacerlo mierda, especialmente si tu país está lleno de morenos…”. George Carlin
Mucha gente identifica el capitalismo con la existencia de los mercados e incluso de las empresas pero eso es un grave error. Ambos existieron desde mucho antes que el capitalismo y seguirán existiendo cuando desaparezca, aunque sí es cierto que en cada sistema económico funcionan con características y funciones diversas.
El rasgo distintivo del capitalismo es que, primero, incorporó a la órbita del mercado recursos que antes se utilizaban fuera de él, como el tiempo de trabajo y la tierra. Antes se podía comprar o vender a las personas pero no se adquiría su fuerza de trabajo a cambio de un salario y la tierra se conquistaba o transmitía pero no se intercambiaba en mercados como se hace en el capitalismo. Ese hecho, y el que más adelante se hayan mercantilizado incluso hasta las expresiones más íntimas de la vida humana y social, hacen que el capitalismo se distinga no por haber creado, como a veces se cree erróneamente, la economía de mercado, sino la sociedad de mercado. Y, por tanto, someter la vida social en su conjunto al afán de lucro.
“No podemos construir un automóvil decente, ni un televisor… ya no tenemos siderúrgicas, no podemos otorgar servicios de salud a nuestros ancianos, pero eso sí, podemos bombardear tu país hasta hacerlo mierda, especialmente si tu país está lleno de morenos…”. George Carlin
Mucha gente identifica el capitalismo con la existencia de los mercados e incluso de las empresas pero eso es un grave error. Ambos existieron desde mucho antes que el capitalismo y seguirán existiendo cuando desaparezca, aunque sí es cierto que en cada sistema económico funcionan con características y funciones diversas.
El rasgo distintivo del capitalismo es que, primero, incorporó a la órbita del mercado recursos que antes se utilizaban fuera de él, como el tiempo de trabajo y la tierra. Antes se podía comprar o vender a las personas pero no se adquiría su fuerza de trabajo a cambio de un salario y la tierra se conquistaba o transmitía pero no se intercambiaba en mercados como se hace en el capitalismo. Ese hecho, y el que más adelante se hayan mercantilizado incluso hasta las expresiones más íntimas de la vida humana y social, hacen que el capitalismo se distinga no por haber creado, como a veces se cree erróneamente, la economía de mercado, sino la sociedad de mercado. Y, por tanto, someter la vida social en su conjunto al afán de lucro.
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