Mostrando entradas con la etiqueta MIEDO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MIEDO. Mostrar todas las entradas

"NUESTRA OBLIGACIÓN MORAL ES PERDER EL MIEDO Y REBELARNOS CONTRA EL SISTEMA"

|

ENTREVISTA A ARCADI OLIVERES

Eduardo Azumendi , en eldiario.es
 

Arcadi Oliveres (Barcelona, 1945) no puede reprimir la indignación cuando habla del actual sistema político y económico, de cómo se “dilapida” el dinero en ayudar a salvar bancos mientras se permite que miles de familias se hundan. Este profesor de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona y presidente de la ONG Justicia y Pau ha participado en las jornadas sobre energía organizadas por la Plataforma Fracking Ez, en Vitoria. Además de hablar sobre la situación y las desigualdades energéticas Norte-Sur, Oliveres concedió una entrevista a El Diario Norte en la que aboga por “perder el miedo y rebelarse” contra el sistema político actual, al que considera enfermo y caldo de cultivo para la corrupción.

Pregunta: Parece que eliminar las disfunciones de la crisis pasa por basar la economía en una menor rentabilidad y en un reparto más justo de la pobreza. ¿Estos preceptos son compatibles con el capitalismo?

Respuesta: No sé si son compatibles, pero sí sé que es absolutamente necesario para la humanidad. Si no es compatible, será el capitalismo el que tenga que desaparecer porque está en juego la supervivencia de la humanidad. Si el capitalismo no permite esta supervivencia, hagámosle desaparecer y dotémonos de un sistema que facilite la cobertura de necesidades básicas de la ciudadanía y el sostenimiento del planeta.

P. ¿Y cuál es la alternativa al sistema capitalista?

R. Nunca en la historia ha habido alternativas preparadas. Cuando desapareció el feudalismo y llegó el capitalismo no avisaron que a las doce terminaba uno y a las doce y un minuto comenzaba el otro. Se fueron cambiando las estructuras económicas, los señores feudales fueron perdiendo su poder, los burgueses de las ciudades lo fueron ganando. Nació el capitalismo comercial, después otro financiero e industrial. Y estamos en ese proceso hacia un capitalismo más humano que permita que la gente pueda cubrir sus necesidades.

CONTRA EL MIEDO Y POR LA LIBERTAD

|




Gerardo Pisarello y Jaume Asens


Resistir al miedo, golpear juntos.

Llevamos casi cinco años conviviendo con un capitalismo desbocado que no acepta límites. Que avanza sin pudor y aspira a mercantilizarlo todo. La vivienda, la sanidad, la educación, el espacio público, las relaciones afectivas. Para avanzar, este proceso necesita quebrar la autonomía individual y colectiva. Aislar a las personas y reducirlas a la servidumbre, a la impotencia.

El consumismo dirigido, la alienación programada, son eso: figuras de la impotencia. La otra es el miedo. A ser desahuciado, a perder un empleo, a no poder pagar las deudas, a ser multado en el metro, a ser expulsado por no tener papeles, a ser detenido en una manifestación o en una ocupación.

El individualismo, el miedo, la servidumbre voluntaria e involuntaria, son formas de impotencia que se dan la mano. Todas están en la base de la deudocracia.

Esta historia, desde luego, no es nueva. La deudocracia es hija del neoliberalismo. Y este del afán capitalista de soltar amarras. De librarse de las ataduras impuestas por las luchas y resistencias populares. Tras el hundimiento del socialismo irreal, lo sabemos, la bestia no quiere bozal. No tolera los límites jurídicos, los derechos, las leyes. A menos, claro, que sean sus propias leyes. Las que benefician a los bancos, a los grandes evasores fiscales, a la oscura trama de la cleptocracia.

Esas leyes, sí. Las que aseguran la “culpabilidad de las sardinas” y la “impunidad de los tiburones”, como decía la gran Rosa Luxemburg. Lo otro, los derechos humanos, son un incordio. Una atadura inaceptable. Da igual que se trate de los derechos sociales y ambientales que de los civiles y políticos.

LA ESPAÑA DEL 'TUPER'

|

Joaquín Estefanía, en 'El País'

Termina un mes de agosto en el que los mercados han dado un respiro a la economía española, que previamente sospechaban pocos. Afortunadamente. Pero los problemas cotidianos de los ciudadanos siguen todos en carne viva. Cualquier joven que haya terminado su carrera universitaria en junio se pondrá estos días a buscar trabajo en medio de una coyuntura deprimida, conociendo que uno de cada dos no lo encontrará. El que tenga suerte y logre empleo sabe que, a pesar de ser afortunado, su sueldo será probablemente decepcionante, a menudo tan bajo que tendrá que continuar viviendo en casa de sus padres. Ni rastro de la posibilidad de emancipación.

Esos mismos padres, que tanto se inquietan por el futuro de sus descendientes, tienen sus propios problemas y están angustiados por su futuro: ¿acabarán perdiendo sus viviendas al no poder pagar la hipoteca?, ¿se les forzará a jubilarse anticipadamente?, ¿serán despedidos?, ¿serán víctima de uno de esos expedientes de regulación de empleo con las condiciones que aparecen en la reforma laboral por la que Fátima Báñez pasará a la historia?, ¿encontrarán un puesto de trabajo de nuevo, en lo suyo o en otra cosa, con 40, 50 o 60 años de edad?, ¿conseguirán salir del paso con un seguro de desempleo demediado y con sus ahorros de toda la vida (la mayor parte apostados en la vivienda), enormemente depreciados tras cinco años de Gran Recesión?

ROMPER LA DEUDA

|

Pablo Bustinduy, en 'Madrilonia'


“Cada año, un nuevo déficit. Cada cuatro o cinco años, un nuevo préstamo. Y cada nuevo préstamo brindaba a la aristocracia financiera una nueva ocasión de estafar a un Estado mantenido artificialmente al borde de la bancarrota; éste no tenía más remedio que contratar con los banqueros en las condiciones más desfavorables.”Karl Marx, La lucha de clases en Francia, 1848-1850
Hace unas semanas, el FMI lanzó un mensaje apocalíptico sobre la insostenibilidad de nuestro sistema de pensiones.“Vivir más es bueno, pero conlleva un riesgo financiero importante”: así explicó su director de Asuntos Monetarios y Mercados de Capitales que el aumento de la esperanza de vida en los países ricos supondrá una carga insostenible para los actuales modelos de cotización. Poco importa que el presupuesto mismo de la frase sea mentira, y que en los Ländern del Este de Alemania, donde se aplicaron precisamente las soluciones sugeridas por el FMI (recortes de prestaciones, retraso de la edad de jubilación, flexibilización del derecho laboral), la esperanza de vida de los ciudadanos con rentas más bajas haya caído en la última década de 77,9 a 74,1 años.

La obscenidad ideológica de la frase está en su misma superficie, en la naturalidad con que confunde dos movimientos que parecerían en principio antagónicos y opuestos entre sí. Por un lado, la frase coloca la vida frente a las finanzas (ese “pero” sintomático y adversativo: vivir está bien, siempre y cuando no interfiera con la lógica de los mercados), como dos factores de una relación inversa. Por el otro, dice con una rotundidad casi inconsciente que la vida es de por sí un objeto financiero, y no cualquier objeto, sino la forma predilecta de la gramática especuladora: un riesgo. Juntos, esos dos movimientos describen un hecho fundamental de nuestro presente: allá donde la vida deja de ser productiva se convierte en una amenaza potencial. Cuando la fuerza social no se deja integrar o subsumir en la lógica financiera, la vida misma se convierte en una interferencia que debe ser neutralizada.

LA POLÍTICA DE LA INTIMIDACIÓN PUNITIVA

|

Los Presupuestos de Rajoy pretenden salvarnos a costa de condenarnos por nuestro propio bien

Enrique Gil Calvo

Este título es un homenaje a Michael Oakeshott, el filósofo conservador que rompió con lostories tras el giro neoliberal adoptado por Thatcher, pues su testamento intelectual publicado póstumamente, aunque escrito 50 años antes, se titulaba La política de la fe y la política del escepticismo. Y parafraseando su opúsculo, podríamos decir que la retórica contemporánea del poder fluctúa entre la política de la esperanza, típicamente progresista, y la política del temor, más propia del pensamiento conservador. La política de la esperanza nos ilusiona con la oferta de promesas estimulantes mientras que la del temor esgrime riesgos y amenazas por venir. Y esta ambivalencia se da en las dos orillas del espectro ideológico: la socialdemocracia ha pasado de ofrecer más y mejores derechos sociales a alarmar a los asalariados con el próximo derrumbe del Estado de bienestar, mientras que los neoliberales han dejado de tentar a las clases medias con burbujas especulativas para pasar a atemorizarlas con el miedo aldesclasamiento social.

Aquí me voy a centrar en la política del temor, de larga tradición en la retórica del poder, para sugerir que estaríamos asistiendo a un giro copernicano en su metodología argumental. Según creo advertir, hemos pasado de la vieja política xenófoba, típica del populismo sectario, a la nueva política de la intimidación, que está ocupando su lugar en la actualidad. El populismo lucha por el poder (y lo ejerce) mediante la siembra del miedo y el odio a los otros (a los extraños, al adversario), según la matriz originaria del nazismo hitleriano. De ahí que podamos definir su retórica sectaria como política de la fobia. Mientras que el conservadurismo actual, ejemplificado por la canciller Merkel, gobierna mediante lo que denominaré política del amedrentamiento, empleada para imponer la austeridad fiscal como terapia contra la crisis. Y esta otra política intimidatoria ya no se basa en infundir el miedo a los otros como presuntos culpables sino en despertar el temor a nosotros mismos. Veamos esquemáticamente sus contrapuestas estrategias políticas.

 

©2009 ECONOMÍA PARA LAS PERSONAS | Template Blue by TNB