UNA HOJA DE RUTA PARA LA TASA TOBIN

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JESÚS LIZCANO ÁLVAREZ

La actual crisis financiera internacional ha convertido una idea considerada por muchos hace una década poco menos que utópica en un importante proyecto que ahora está siendo objeto de análisis por parte de las más altas instancias políticas y económicas internacionales.

Nos referimos a la tasa Tobin, esto es, la tasa que propuso en 1978 el ya fallecido economista norteamericano James Tobin (premio Nobel de Economía en 1981) inspirada en las ideas de Keynes, y que consiste en fijar una pequeña tasa impositiva a las transacciones financieras realizadas en los mercados internacionales de divisas, con objeto, entre otras cosas, de frenar la especulación financiera y lograr una mayor estabilidad en dichos mercados; a él le gustaba decir que así se podría echar un poco de arena en los monumentales y vertiginosos engranajes de las finanzas internacionales.


Lord Turner, responsable de la regulación financiera en el Reino Unido, relanzó en agosto la idea de esta tasa

Es una buena herramienta para reducir y racionalizar los mercados, reducir riesgos y frenar la especulación

Se recogen a continuación algunas consideraciones de cara a una posible hoja de ruta para la puesta en marcha de dicha tasa:

- La excesiva exuberancia financiera: la tasa Tobin constituye realmente un impuesto sobre la especulación financiera, y puede constituir, además, un importante instrumento para transferir recursos desde la economía financiera (esencialmente volátil y especulativa en la mayor parte de sus mercados) hasta la economía real; asomándonos al escenario económico mundial, se puede apreciar que el soufflé de la economía financiera es descomunalmente mayor que el pastel de la economía real; las transacciones financieras a nivel mundial tienen un importe 75 veces superior al de las transacciones reales (bienes y servicios), y dentro de los mercados financieros, el de divisas es, con diferencia, el mayor mercado del mundo, ya que alcanza un volumen de negocio 15 veces superior al PIB mundial y 60 veces superior al comercio mundial, siendo además un mercado esencialmente volátil y especulativo, basado en las expectativas de ganancias derivadas de los continuamente cambiantes tipos de cambio.

- La crisis como oportunidad: hay un amplio consenso sobre la necesidad de una nueva arquitectura financiera internacional, sólida y basada en un mayor control y una verdadera transparencia de las operaciones financieras; sabido es que el tamaño y la volatilidad de los mercados financieros han sido el marco y el caldo de cultivo idóneo para el desarrollo rápido y descontrolado de la actual crisis económica. Sin embargo, cabe considerar esta crisis como una oportunidad para mejorar y hacer más sólidos, estables y solidarios estos mercados a través de iniciativas como, por ejemplo, la tasa Tobin.

- Actuales apoyos internacionales a la tasa: el punto de inicio de la reciente eclosión de apoyos a la tasa Tobin acaeció el pasado mes de agosto, cuando el británico lord Turner, máximo responsable de la regulación financiera en el Reino Unido, sorprendió a todos relanzando la idea de esta tasa como una buena herramienta para reducir y racionalizar el tamaño de los mercados financieros, disminuir su nivel de riesgos, y como elemento disuasorio para un alto número de actividades socialmente inútiles; además propuso que la tasa se aplicara a todas las transacciones financieras, y no sólo a las de divisas. Seguidamente asumió esta propuesta Gordon Brown, quien además propuso la implantación de esta tasa internacional durante la pasada cumbre de los países del G-20. También han mostrado su apoyo a esta propuesta baluartes tan significativos como Sarkozy, Angela Merkel, el comisario europeo Almunia o el propio Durão Barroso, presidente de la Comisión Europea. Además, los 27 países de la UE, a través del Consejo Europeo, han instado el pasado mes de diciembre al Fondo Monetario Internacional a estudiar la posible implantación efectiva de esta tasa.

- Presidencia española de la Unión Europea: sería deseable que España, aprovechando su actual presidencia de la UE, pudiera impulsar esta iniciativa, propiciando el análisis, el debate y la reflexión colectiva en torno a esta tasa en las próximas cumbres y reuniones internacionales, de forma que la Unión Europea pudiera liderar efectivamente este proyecto como una importante vía que llegue a posibilitar un mayor nivel de estabilidad y control en los mercados financieros, además de erigirse en un verdadero elemento de fiscalidad global y, por qué no, de solidaridad internacional.

- Viabilidad de la tasa: aunque es cierto que no podemos ignorar los importantes obstáculos técnicos y políticos de la implantación de esta tasa financiera global, también es cierto que la implantación de esta tasa sería ahora bastante más sencilla que hace 32 años, cuando la propuso el propio Tobin, tanto por la actual crisis económica y la consiguiente presión social hacia los políticos para un mayor control del sistema financiero como por los avances tecnológicos y la actual operatoria electrónica de las operaciones de divisas (muy centralizada), y en general, la del conjunto de las operaciones financieras.

- Recaudación y su distribución: las razones del mencionado resurgir de la tasa Tobin hay que buscarlas, además del ya referido clamor social por la crisis financiera, también en la muy importante recaudación que dicha tasa generaría. Diversas estimaciones cifran que el importe recaudado podría oscilar entre el 0,6% y el 1% del PIB mundial, y en cifras absolutas, en una amplia horquilla entre los 300.000 y 700.000 millones de euros anuales, en función de que se aplicase un tipo del 0,05% o del 0,1% y según se proyectase sobre las operaciones de divisas únicamente o sobre el conjunto de las operaciones financieras.

En todo caso, no es difícil imaginar la gran ayuda que estas ingentes cifras podrían suponer, bien para las muy delicadas finanzas y déficit presupuestarios de muchos países y/o para las aún más delicadas condiciones económicas, sanitarias y sociales de una buena parte de los habitantes de este planeta.

- Proceso de implantación: aunque no sería imprescindible implantar la tasa Tobin a escala planetaria, sería deseable que se hiciese con la mayor implicación posible de la comunidad internacional, y sobre todo, de los organismos supranacionales más cercanos a esta materia, como el FMI, entre otros. También podría ser conveniente designar una institución u organismo ad hoc (nuevo o adscrito a uno ya existente) para liderar y conducir en la práctica esta implantación, que contase con la confianza de la comunidad internacional y que pudiese así canalizar los esfuerzos, las iniciativas y las correspondientes aportaciones.

Por otra parte, se debería propiciar un proceso transparente de información y de participación de la sociedad civil internacional para que se pudiese en todos los países opinar, colaborar y sugerir aportaciones posibilistas e innovadoras para este proceso de implantación.

- Elusión de la tasa y paraísos fiscales: de cara a evitar en lo posible la deslocalización y el desvío de recursos a los paraísos fiscales, resulta imprescindible que la comunidad internacional mantenga el actual empeño de hacerlos desaparecer y defina una estrategia firme, integral y consensuada para abortar cualquier vía que les permitiese beneficiarse de la implantación de la tasa. Es realmente importante a estos efectos hacer muy transparente tanto este proceso como la propia situación y las actividades que desarrollan estos paraísos fiscales.

- Implicación de la comunidad financiera internacional: sería fundamental el desarrollo de una estrategia para implicar a todos los organismos financieros internacionales, así como a los bancos y entidades financieras nacionales, en esta nueva tasa, haciendo ver lo importante de lograr que el sector financiero, tan criticado en la actualidad como realmente importante para la economía, sea capaz de contribuir de forma sustancial y efectiva al desarrollo de una tasa realmente global y al servicio de una mejora de la sociedad internacional.

Finalmente, y de cara a un horizonte algo más lejano, estamos convencidos de que una buena parte de los problemas derivados de la especulación financiera y sobre todo cambiaria se podrían resolver si se llega a una verdadera e integral cooperación financiera y monetaria internacional, que pudiese incluso desembocar en una moneda única mundial (ya propuesta por economistas como Keynes y Mundell), al estilo de la vigente moneda única europea (nuestro euro), que también era considerada utópica hace unas décadas. Pero ésta es otra historia.

JESÚS LIZCANO ÁLVAREZ es catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de Transparencia Internacional España

PARA DEJAR DE LLAMAR A ESTO 'CRISIS FINANCIERA', BASTA UNA PALABRA: ESPAÑA

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Dean Baker en 'The Guardian'
Los políticos y los medios siguen refiriéndose al presente declive económico como originado en una crisis financiera. Falso. Tenemos a 15 millones de personas sin trabajo porque la burbuja económica que impulsó la economía desde la última recesión terminó estallando. Puede que la crisis financiera haya resultado un buen pasatiempo para los que disfrutan con el espectáculo de los colapsos de enormes bancos, pero no debería pasar de ocupar un recuadrito complementario de la noticia. La noticia de verdad fue el auge y la debacle de la burbuja inmobiliaria.

Para refutar a quienes sostienen que el problema real ha sido el sistema financiero y su fallida regulación, basta una sola palabra: España. España ha alcanzado ahora notoriedad por tener una tasa de desempleo superior al 19%, la tasa más elevada entre los países ricos. España no tuvo una crisis financiera. En efecto, su bien regulado sistema financiero a menudo se ha presentado como modélico en los EEUU.

España tuvo una terrible burbuja inmobiliaria. A causa de ella, el sector de la construcción en su economía pasó de representar menos de un 8% del PIB a fines de los 90 a alcanzar un 12,3% en 2007. Para tener un punto de comparación: en los EEUU, en los años sin burbuja, ese sector representa menos del 6% del PIB. Ese acelerado crecimiento de la construcción llevó a una sobreproliferación de la edificación, lo que no podía terminar sino con un colapso, cayendo la construcción muy por debajo de los niveles normales.

El curso al alza de los precios de las viviendas tuvo también el previsible efecto en el consumo. Puesto que la gente creyó que el alza de precios de la vivienda respondía a unas buenas bases fundamentales de la economía, los propietarios de vivienda dieron en pensar que la riqueza de nueva creación generada por su vivienda era una riqueza real, y pasaron a gastar conforme a ese supuesto ilusorio. La tasa de ahorro española cayó de poco menos de un 6% en 2000 a un 3% en 2007. Cuando desapareció la riqueza originada en el alza de precios de la vivienda generada por la burbuja, la gente, como es natural, cortó en seco su consumo.

Y en eso consiste la crisis española. De acuerdo con el FMI, la nueva construcción ha caído en España cerca de un 80% en relación con el momento culminante del auge. Aunque la construcción total no llegado a caer tanto (reformas, rehabilitaciones y construcción no residencial no cayeron tanto ni de lejos), si, con todo y con eso, la construcción en España puede haber caído cerca de un 50%, eso significa una pérdida anual de demanda superior al 6% del PIB. Trasladado a los EEUU, eso vendría a ser una caída de la demanda de más de 800.000 millones de dólares.

Análogamente, la perdida de riqueza dimanante de la propiedad de la vivienda invierte el efecto riqueza. Si el consumo hubiera caído lo bastante como para devolver la tasa de ahorro a su nivel pre-burbuja, eso significaría una pérdida de demanda anual de consumo de más de 3 puntos porcentuales del ingreso disponible. En los EEUU, eso vendrían a ser más de 300.000 millones en consumo anual evaporado.

No hay mecanismo fácil para reemplazar más de un billón de dólares en demanda evaporada. Por eso la economía española se halla ahora mismo en una situación de gravísimo desplome. Repárese en que casi todos los analistas están de acuerdo en este extremo. El sistema financiero español estaba bien regulado, y estaba libre de todos esos préstamos locos y de toda esa manifiesta corrupción que caracteriza a Wall Street y al sistema financiero norteamericano. Y sin embargo, sufre el presente declive económico incluso más que los EEUU.

La moraleja de esta historia es que el problema primero o más importante no es el de una crisis financiera. Puede que haya sido divertido ver a Wall Street y a los chicos del gobierno sudar la gota gorda tratando de evitar que los grandes bancos se ahogaran en la ciénaga que ellos mismos habían creado. Pero ése es un espectáculo menor. Nadie nos salvó de una "segunda Gran Depresión"; esta gente se limitó a salvar sus puestos de trabajo y la riqueza de la pandilla de Wall Street.

El problema real de la economía es sencillamente la pérdida de demanda generada por el colapso de la burbuja. Inyectar aún más dinero en los bancos es una manera de asegurar que éstos no sufrirán las consecuencias de su propia codicia y estupidez. No una manera de recuperar la economía.

Restablecer la salud de la economía pasa por buscar un sustituto de la demanda evaporada, resultante del colapso de la burbuja. A corto plazo, eso significa un incremento del gasto público y de los recortes fiscales. Los déficits inyectan dinero en la economía, y sirviéndonos del anticuado dicho de que la gente trabaja por dinero, podemos determinar la cantidad de dinero que necesitamos que gaste el gobierno para devolver a la economía a un estado de pleno empleo.

A largo plazo, necesitamos poner en macha un comercio más equilibrado, con más exportaciones y menos importaciones, respondiendo a la pérdida de demanda que ha traído consigo el colapso de la burbuja inmobiliaria. Eso exigirá un dólar devaluado, y cualquier otra cosa que se diga en punto a comercio es simplemente de cara a la galería.

Necesitamos una reforma financiera. Tenemos un sector financiero increíblemente despilfarrador e irresponsable. Pero la mala regulación financiera, por sí misma, no fue la que causó el 10% de desempleo, ni una buena regulación habría bastado para prevenirlo. Pregunten, si no, a los trabajadores españoles.

Dean Baker es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR). Es autor de Plunder and Blunder: The Rise and Fall of the Bubble Economy.

LA FINANCIACIÓN ALTERNATIVA

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Las cooperativas de trabajo asociado tienen serias dificultades para encontrar financiación en la banca tradicional. En este Dossier se ofrecen apuntes para encontrarla, por vías alternativas

“A veces los bancos no nos entienden. Creen que una cooperativa es una ONG y ya te escuchan con recelo”. Esta frase, dicha por un cooperativista cuya empresa sufre actualmente problemas de financiación, podrían repetirla muchos otros. Una de las dificultades más serias que están teniendo las cooperativas, sobre todo en estos momentos de crisis, es la falta de financiación. No se trata sólo del conocimiento del modelo cooperativo. Las dificultades son aun más graves porque no es fácil conseguir los avales necesarios. Más allá de que la empresa sea rentable, la simple morosidad en los pagos de los clientes puede terminar por destruir el proyecto cooperativo.

Sin embargo, hay entidades que no sólo conocen las cooperativas de cerca sino que ayudan para que los planes de negocio funcionen, apoyan la intercooperación y hacen posible la obtención de avales. Casi todas estas entidades comparten valores y están en algún punto, conectadas entre sí.

COOP57

Una de las organizaciones más cercanas al cooperativismo, y que cada vez tiene más presencia en el territorio español (Catalunya, Galicia, Andalucía, Aragón y Madrid) es la cooperativa de servicios Coop57, que cuenta entre sus asociados a entidades como las mismas organizaciones que reúnen a las cooperativas de trabajo como la Unión de Cooperativas Madrileñas de Trabajo Asociado, la Federació de Cooperatives de Treball de Catalunya y la Unión de Cooperativas de Trabajo Asociado de Galicia.
El funcionamiento de Coop57 es como el de cualquier cooperativa. Tiene un consejo rector, comisiones técnica y social, y coordinación. Todos los cargos son elegidos por la asamblea (aunque uno de los criterios clave de su funcionamiento es la proximidad, y por tanto cada comunidad autónoma tiene su propia asamblea).

Se trata de una entidad sin ánimo de lucro, creada desde la economía social y desarrollada con criterios de autogestión para autofinanciarse. Dentro de Coop57 cada socio pone una cantidad de dinero (el mínimo es de 900 euros) y nadie que no sea socio puede conseguir financiación. Esta estructura, aparentemente simple, ha logrado reunir millones. Sólo en Barcelona, donde comenzó en 1995, se consiguieron más de un millón de euros en un solo año.

No cualquier empresa puede ser socio de Coop57. Una comisión técnica evalúa si se trata de economía social, es decir, si cumple una serie de principios básicos como la democracia y la solidaridad. Si lo es y se asocia, entonces los técnicos evalúan la viabilidad económica para dar el préstamo.

“No hacen falta avales bancarios, aunque sí se piden avales individuales mancomunados de las personas que forman la cooperativa o de personas del entorno”, explica Javier Blanco, representante de Coop57 Madrid. “Sólo ha habido una vez en la historia de Coop57 en la que no funcionó un proyecto, por diversas circunstancias, pero por lo general se paga a tiempo. La gente que solicita la financiación se lo cree y por eso se compromete a su devolución. En los supuestos en que haya dificultades para devolver los préstamos, Coop57 busca, con la cooperativa afectada, las formas de renegociación que permitan la devolución final del préstamo con sus intereses”.

Para que los proyectos funcionen, Coop57 no sólo da el dinero y ayuda desde el punto de vista técnico, sino que intenta conectar a las empresas con posibles clientes o socios. “Como quieren que funcione, las mismas cooperativas que invierten en Coop57 intentan ayudar”, agrega Blanco.

El interés que cobra Coop57 por un préstamo depende de la decisión que tome la asamblea anualmente y del tipo de crédito. Se calcula sobre el interés que se paga a los ahorradores, el coste de la estructura y la previsión de préstamos. En promedio, puede alcanzar un 6,7%, que le sirve a Coop57 para auto-sostenerse y para una reserva por posibles impagos. El tope de cada préstamo es de 180.000 euros.

Otra de las posibilidades para financiar a las cooperativas es la emisión de títulos participativos de la empresa, bajo el respaldo de la entidad. Así se han financiado proyectos cooperativos como L'Olivera, en Catalunya, cuyos títulos de mil euros se agotaron en 10 días y fueron devueltos en 24 meses con un interés del 4,25% anual, el de Ecosecha en Madrid, o el más reciente de la Fundación Futur (300.000 euros captados en 15 días). En estos casos, Coop57 funciona como garante para los prestamistas y apoya la difusión de los títulos. Cada entidad decide a cuánto los vende y el tipo de interés. “Suele tener muchísimo éxito”, comenta Blanco, “porque permite obtener financiación de personas o entidades sensibilizadas con la economía social y, simultáneamente, es una herramienta de difusión de tu experiencia”.

El funcionamiento de Coop57 es como el de cualquier cooperativa. Tiene un consejo rector, comisiones técnica y social, y coordinación. Todos los cargos son elegidos por la asamblea (aunque uno de los criterios clave de su funcionamiento es la proximidad, y por tanto cada comunidad autónoma tiene su propia asamblea).

Se trata de una entidad sin ánimo de lucro, creada desde la economía social y desarrollada con criterios de autogestión para autofinanciarse. Dentro de Coop57 cada socio pone una cantidad de dinero (el mínimo es de 900 euros) y nadie que no sea socio puede conseguir financiación. Esta estructura, aparentemente simple, ha logrado reunir millones. Sólo en Barcelona, donde comenzó en 1995, se consiguieron más de un millón de euros en un solo año.

No cualquier empresa puede ser socio de Coop57. Una comisión técnica evalúa si se trata de economía social, es decir, si cumple una serie de principios básicos como la democracia y la solidaridad. Si lo es y se asocia, entonces los técnicos evalúan la viabilidad económica para dar el préstamo.

“No hacen falta avales bancarios, aunque sí se piden avales individuales mancomunados de las personas que forman la cooperativa o de personas del entorno”, explica Javier Blanco, representante de Coop57 Madrid. “Sólo ha habido una vez en la historia de Coop57 en la que no funcionó un proyecto, por diversas circunstancias, pero por lo general se paga a tiempo. La gente que solicita la financiación se lo cree y por eso se compromete a su devolución. En los supuestos en que haya dificultades para devolver los préstamos, Coop57 busca, con la cooperativa afectada, las formas de renegociación que permitan la devolución final del préstamo con sus intereses”.

Para que los proyectos funcionen, Coop57 no sólo da el dinero y ayuda desde el punto de vista técnico, sino que intenta conectar a las empresas con posibles clientes o socios. “Como quieren que funcione, las mismas cooperativas que invierten en Coop57 intentan ayudar”, agrega Blanco.

El interés que cobra Coop57 por un préstamo depende de la decisión que tome la asamblea anualmente y del tipo de crédito. Se calcula sobre el interés que se paga a los ahorradores, el coste de la estructura y la previsión de préstamos. En promedio, puede alcanzar un 6,7%, que le sirve a Coop57 para auto-sostenerse y para una reserva por posibles impagos. El tope de cada préstamo es de 180.000 euros.

Otra de las posibilidades para financiar a las cooperativas es la emisión de títulos participativos de la empresa, bajo el respaldo de la entidad. Así se han financiado proyectos cooperativos como L'Olivera, en Catalunya, cuyos títulos de mil euros se agotaron en 10 días y fueron devueltos en 24 meses con un interés del 4,25% anual, el de Ecosecha en Madrid, o el más reciente de la Fundación Futur (300.000 euros captados en 15 días). En estos casos, Coop57 funciona como garante para los prestamistas y apoya la difusión de los títulos. Cada entidad decide a cuánto los vende y el tipo de interés. “Suele tener muchísimo éxito”, comenta Blanco, “porque permite obtener financiación de personas o entidades sensibilizadas con la economía social y, simultáneamente, es una herramienta de difusión de tu experiencia”.

Las secciones territoriales de Coop57 no se encuentran en todas las comunidades autónomas y prácticamente todo se gestiona por internet. “Para constituir una sección en un territorio, lo primero que deben hacer es ponerse de acuerdo las entidades y empresas de la economía social que quieran formar parte”, explica Blanco. “No tenemos una política de expansión. Más bien la expansión sucede porque son las mismas personas de las localidades las que lo solicitan. Entonces Coop57 se involucra”.

FIARE

En la línea de Coop57 pero cuatro veces más grande, está lo que se conoce como el proyecto Fiare, una sociedad que funciona como agente financiero en España de la banca ética italiana (Banca Popolare Etica). Fiare reúne a 300 organizaciones y a unas mil indirectamente a través de federaciones y otras redes sectoriales. El proyecto nació del tercer sector y está muy ligado a las ONG. “Somos más que un simple agente financiero”, explica Juan Garibi, uno de los principales impulsores del proyecto. “Somos un movimiento político, social y financiero”.

Funcionan como una cooperativa de crédito, donde cada persona tiene un voto en la asamblea, y donde nadie puede tener más del 0,5% del capital. Al igual que en Coop57, Fiare no tiene ánimo de lucro y no genera dividendos. Sólo financian proyectos que sigan las líneas de la Red de Economía Social y Solidaria, y los empleados con salario de Fiare también trabajan bajo las mismas normas. Son hasta la fecha, siete personas en oficinas en Bilbao y Catalunya, y una delegada en Madrid.

Si se quiere pedir un préstamo desde cualquier comunidad autónoma, una de estas personas se traslada donde sea necesario. Para hacerlo no hace falta ser socio, sino ser social y ambientalmente responsable, y tener un proyecto rentable. Existe un comité ético que verifica en las empresas que financia cuestiones como las diferencias salariales, las estructuras medioambientales y el trabajo en red. Normalmente se financian proyectos de cooperación internacional y comercio justo, inserción social y colectiva, agroecología –no vale un certificado, sino que ellos mismos evalúan a la empresa– y valores sociales como las formas de igualdad, la comunicación y la educación. Además, se presta dinero en países del Sur, a través de las ONG.

Y, por supuesto, se realiza un análisis de riesgo. Si es rentable, los préstamos (no hay un máximo, salvo el que la normativa imponga a la Banca Popolare Etica italiana) pueden ser de varios tipos. Los intereses, que se calculan de acuerdo al Euribor, tienen un tipo variable según el producto, y rondan un promedio del 4% anual. Se financian desde créditos hipotecarios hasta anticipo de subvenciones.

“No queremos ser una banca sino impulsar otra economía”, explica Garibi. “Y por lo tanto, no funcionamos bajo los criterios bancarios”. Es por este motivo que Fiare tiene una política de avales distinta que la de los bancos tradicionales. Pide avales sólo si hace falta y, en función del proyecto, pueden utilizar una fórmula de aval mancomunado o colectivo, donde todos son responsables. Este método para conseguir un respaldo consiste en que la empresa que pide el préstamo consiga que 40 personas respondan por ella. “Es una manera de verificar el tejido social que hay detrás de un proyecto”, explica Garibi. Hasta ahora este método no los ha defraudado. No han tenido impagos y, por el contrario, en dos años han crecido un 40%. De hecho tienen más dinero en ahorros que en préstamos. Lo que no prestan lo localizan en deuda pública, en fondos éticos de la Banca Popolare Italiana y en cajas rurales cooperativas. “De hecho, estamos buscando proyectos para prestar dinero”, agrega Garibi. “Y nos interesaría mucho llegar a acuerdos con las organizaciones del cooperativismo de trabajo, para dar préstamos con ventajas exclusivas a las cooperativas miembro. Estamos dispuestos a renunciar a más interés, para poder prestar más”. Con los beneficios generados por los préstamos y el ahorro, Fiare sólo llega a pagar la estructura de funcionamiento.

Fiare está apostando por la creación de una banca ética cooperativa europea, en conjunto con la Banca Popolare Italiana y la banca ética francesa Nef, que esperan fusionarse definitivamente en 2011-2012. Iniciaron la campaña en 2009 y por ahora han conseguido 1.200.000 euros. Coop57 es uno de los socios que está dentro de Fiare para la creación de esta banca europea.

Más información:

SOCIALDEMOCRACIA, FIN DE CICLO

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Ignacio Ramonet, en 'Le monde diplomatique'

Las ideas también mueren. El cementerio de los partidos políticos rebosa de tumbas en donde yacen los restos de organizaciones que otrora desataron pasiones, movieron a multitudes y hoy son pasto del olvido. ¿Quién se acuerda en Europa, por ejemplo, del Radicalismo? Una de las fuerzas políticas (de centro-izquierda) más importantes de la segunda mitad del siglo XIX, que los vientos de la historia se llevaron... ¿Qué fue del Anarquismo? ¿O del Comunismo estaliniano? ¿Qué se hicieron aquellos formidables movimientos populares capaces de movilizar a millones de campesinos y obreros? ¿Qué fueron sino devaneos? (1)

Por sus propios abandonos, abjuraciones y renuncias, a la socialdemocracia europea le toca hoy verse arrastrada hacia el sepulcro... Su ciclo de vida parece acabarse. Y lo más incomprensible es que semejante perspectiva se produce en el momento en que el capitalismo ultraliberal atraviesa uno de sus peores momentos.

¿Por qué la socialdemocracia se muere, cuando el ultraliberalismo se halla en plena crisis? Sin duda porque, frente a tantas urgencias sociales, no ha sabido generar entusiasmo popular. Navega a tientas, sin brújula y sin teoría; da la impresión de estar averiada, con un aparato dirigente enclenque, sin organización ni ideario, sin doctrina ni orientación... Y sobre todo sin identidad: era una organización que debía hacer la revolución, y ha renegado de ese empeño; era un partido obrero, y hoy lo es de las clases medias urbanas acomodadas.

Las recientes elecciones han demostrado que la socialdemocracia europea ya no sabe dirigirse a los millones de electores víctimas de las brutalidades del mundo postindustrial engendrado por la globalización. Esas multitudes de obreros desechables, de neo-pobres de los suburbios, de mileuristas , de excluidos, de jubilados en plena edad activa, de jóvenes precarizados , de familias de clase media amenazadas por la miseria. Capas populares damnificadas por el shock neoliberal... Y para las cuales, la socialdemocracia no parece disponer de discurso ni de remedios.

Los resultados de las elecciones europeas de junio de 2009 demostraron su descalabro actual. La mayoría de los partidos de esa familia en el poder retrocedieron. Y los partidos en la oposición también recularon, particularmente en Francia y en Finlandia.

No supieron convencer de su capacidad para responder a los desafíos económicos y sociales planteados por el desastre del capitalismo financiero. Si faltaba un indicio para demostrar que los socialistas europeos son incapaces de proponer una política diferente de la que domina en el seno de la Unión Europea, esa prueba la dieron Gordon Brown y José Luis Rodríguez Zapatero cuando apoyaron la bochornosa elección a la Presidencia de la Comisión Europea del ultraliberal José Manuel Duraõ Barroso, el cuarto hombre de la Cumbre de las Azores...

En 2002, los socialdemócratas gobernaban en quince países de la Unión Europea. Hoy, a pesar de que la crisis financiera ha demostrado el impasse moral, social y ecológico del ultraliberalismo, ya sólo gobiernan en cinco Estados (España, Grecia, Hungría, Portugal y Reino Unido). No han sabido sacar provecho del descalabro neoliberal. Y los Gobiernos de tres de esos países -España, Grecia y Portugal, atacados por los mercados financieros y afectados por la "crisis de la deuda"- se hundirán en un descrédito e impopularidad aún mayores cuando empiecen a aplicar, con mano de hierro, los programas de austeridad y las políticas antipopulares exigidas por la lógica de la Unión Europea y sus principales cancerberos.

Repudiar sus propios fundamentos se ha vuelto habitual. Hace tiempo que la socialdemocracia europea decidió alentar las privatizaciones, estimular la reducción de los presupuestos del Estado a costa de los ciudadanos, tolerar las desigualdades, promover la prolongación de la edad de jubilación, practicar el desmantelamiento del sector público, a la vez que espoleaba las concentraciones y las fusiones de mega-empresas y que mimaba a los bancos. Lleva años aceptando, sin gran remordimiento, convertirse al social-liberalismo. Ha dejado de considerar como prioritarios algunos de los objetivos que formaban parte de su ADN ideológico. Por ejemplo: el pleno empleo, la defensa de las ventajas sociales adquiridas, el desarrollo de los servicios públicos o la erradicación de la miseria.

A finales del siglo XIX y hasta los años 1930, cada vez que el capitalismo dio un salto transformador, los socialdemócratas, casi siempre apoyados por las izquierdas y los sindicatos, aportaron respuestas originales y progresistas: sufragio universal, enseñanza gratuita para todos, derecho a un empleo, seguridad social, nacionalizaciones, Estado social, Estado de Bienestar... Esa imaginación política parece hoy agotada.

La socialdemocracia europea carece de nueva utopía social. En la mente de muchos de sus electores, hasta en los más modestos, el consumismo triunfa, así como el deseo de enriquecerse, de divertirse, de zambullirse en las abundancias, de ser feliz sin mala conciencia... Frente a ese hedonismo dominante, machacado en permanencia por la publicidad y los medios masivos de manipulación, los dirigentes socialdemócratas ya no se atreven a ir a contracorriente. Llegan incluso a convencerse de que no son los capitalistas los que se enriquecen con el esfuerzo de los proletarios, sino los pobres quienes se aprovechan de los impuestos pagados por los ricos... Piensan, como lo afirma el filósofo italiano Raffaele Simone, que "el socialismo sólo es posible cuando la desgracia sobrepasa en exceso a la dicha, cuando el sufrimiento rebasa con mucho el placer, y cuando el caos triunfa sobre las estructuras" (2).

Por eso quizá, y en contraste, está renaciendo hoy con tanta pujanza y tanta creatividad, un nuevo socialismo del siglo XXI en algunos países de América del Sur (Bolivia, Ecuador, Venezuela). Mientras en Europa, a la socialdemocracia le llega su fin de ciclo.

Notas:
(1) Jorge Manrique, "Coplas a la muerte de su padre" (1477).
(2) Raffaele Simone, "Les socialistes proposent toujours le sacrifice", en Philosophie Magazine , n° 36, febrero de 2010, París.

HEIDI Y LA CRISIS ECONÓMICA

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La crisis financiera explicada de manera sencilla

Visto en 'Enfoca-enfócate'



Heidi es la propietaria de un bar en Berlín, que ha comprado con un préstamo bancario. Como es natural, quiere aumentar las ventas, y decide permitir que sus clientes, la mayoría de los cuales son alcohólicos en paro, beban hoy y paguen otro día. Va anotando en un cuaderno todo lo que consumen cada uno de sus clientes. Esta es una manera como otra cualquiera de concederles préstamos.

Nota: Pero en realidad, no le entra en caja ningún dinero físico.

Muy pronto, gracias al boca a boca, el bar de Heidi se empieza a llenar de más clientes.

Como sus clientes no tienen que pagar al instante, Heidi decide aumentar los beneficios subiendo el precio de la cerveza y del vino, que son las bebidas que sus clientes consumen en mayor cantidad. El margen de beneficios aumenta vertiginosamente.

Nota: Pero en realidad, es un margen de beneficios virtual, ficticio; la caja sigue estando vacía de ingresos contantes.


Un empleado del banco más cercano, muy emprendedor, y que trabaja de director en la sección de servicio al cliente, se da cuenta de que las deudas de los clientes del bar son activos de alto valor, y decide aumentar la cantidad del préstamo a Heidi. El empleado del banco no ve ninguna razón para preocuparse, ya que el préstamo bancario tiene como base para su devolución las deudas de los clientes del bar.

Nota: ¿Vais pillando la dimensión del castillo de naipes?

En las oficinas del banco los directivos convierten estos activos bancarios en "bebida-bonos", "alco-bonos" y "vomita-bonos" bancarios. Estos bonos pasan a comercializarse y a cambiar de manos en el mercado financiero internacional. Nadie comprende en realidad qué significan los nombres tan raros de esos bonos; tampoco entienden qué garantía tienen estos bonos, ni siquiera si tienen alguna garantía o no. Pero como los precios siguen subiendo constantemente, el valor de los bonos sube también constantemente.

Nota: El castillo de naipes crece y crece y no para de crecer, pero todo es camelancia; no hay detrás solidez monetaria que lo sustente. Todo son "bonos", es decir, papelitos que "representan" tener valor siempre y cuando el castillo de naipes se sostenga.

Sin embargo, aunque los precios siguen subiendo, un día un asesor de riesgos financieros que trabaja en el mismo banco (asesor al que, por cierto, despiden pronto a causa de su pesimismo) decide que ha llegado el momento de demandar a Heidi el pago de su préstamo bancario; y Heidi, a su vez, exige a sus clientes el pago de las deudas contraídas con el bar.

Pero, claro está, los clientes no pueden pagar las deudas.

Nota: ¡¡¡Porque siguen sin tener ni un céntimo!!! Han podido beber cada día en el bar porque "se comprometían" a pagar sus deudas, pero el dinero físico no existe.

Heidi no puede devolver sus préstamos bancarios y entra en bancarrota.

Nota: Y Heidi pierde el bar.

Los "bebida-bonos" y los "alco-bonos" sufren una caída de un 95% de su valor. Los "vomito-bonos" van ligeramente mejor, ya que sólo caen un 80%.

Las compañías que proveen al bar de Heidi, que le dieron largos plazos para los pagos y que también adquirieron bonos cuando su precio empezó a subir, se encuentran en una situación inédita. El proveedor de vinos entra en bancarrota, y el proveedor de cerveza tiene que vender el negocio a otra compañía de la competencia.

Nota: Porque los proveedores de vinos y cervezas también le fiaban a Heidi, creyendo que estaban seguros de que cobrarían con creces al cabo del tiempo. Como no han podido cobrar dado que el dinero no existe, la deuda de Heidi se los ha comido a ellos.

El gobierno interviene para salvar al banco, tras conversaciones entre el presidente del gobierno y los líderes de los otros partidos políticos.

Para poder financiar el rescate del banco, el gobierno introduce un nuevo impuesto muy elevado que pagarán los abstemios.

Nota: Que es lo que de verdad ha pasado. Con los impuestos de los ciudadanos inocentes, los gobiernos han tapado el agujero financiero creado por la estupidez de los bancos.

SE NECESITA UNA ECONOMÍA EXPORTADORA

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Terminado el ladrillo, el crecimiento de la economía española sólo puede venir de la demanda externa. Pero España es el menos exportador de los grandes países europeos y no se ven planes para cambiar esto

William Chislett, en 'El País'

España se encuentra en una encrucijada de su desarrollo económico, ya no puede seguir por el mismo camino. El derrumbe del sector inmobiliario ha puesto brutalmente de manifiesto la cortedad de miras de un modelo excesivamente basado en la construcción. Ahora es más urgente que nunca elegir entre una economía que continúe basándose en el trabajo físico (el uso intensivo de la mano de obra no cualificada) o en el mental (más apoyada en el conocimiento y más internacionalizada). A medio plazo, la primera creará más empleo, pero, como ha demostrado la recesión española con más claridad que la de ningún otro país de la UE, no es ésta una solución duradera. El plan anticrisis del Gobierno, que prima la construcción con rebajas fiscales a la rehabilitación de viviendas, no apunta al cambio del modelo productivo que España necesita.

Está empíricamente demostrado que las empresas con más presencia internacional (es decir, las que exportan o adquieren compañías en el exterior) crean más empleo estable y de mayor calidad en sus países de origen que las que operan únicamente en su mercado interno. En general, dichas empresas son de mayor tamaño para tener un mayor potencial, y, con el fin de sobrevivir, han de ser más productivas y competitivas. Con todo, el tamaño no es ni el primer ni el único requisito para introducirse con éxito en los mercados internacionales. Muchas empresas pequeñas han conseguido labrarse un espacio propio partiendo de su tecnología o de un buen modelo empresarial.

Lo que hay que saber es si España es capaz de crear una economía más internacionalizada. Observemos los datos. Entre 1988 y 2009, la aportación de la demanda externa -no de la interna-, al crecimiento del PIB únicamente ha sido positiva en seis años (dos de ellos durante una recesión, 1993 y el pasado año, cuando las empresas, mimadas por el auge del mercado interno, se afanaron por vender más en el exterior). Las importaciones se vieron arrastradas y, unidas al escaso nivel de las exportaciones, hicieron que el déficit comercial llegara al 7,9% del PIB en 2008 y el déficit por cuenta corriente, al 9,5%.

Dentro de las cinco economías principales de la UE, las exportaciones de España son las de menor tamaño en relación con el PIB (26,5% en 2008) y, en términos per cápita, también son de las más escasas de las naciones desarrolladas: 5.355 dólares (3.917 euros) por persona en 2007, frente a los 34.453 dólares (25.200 euros) de Holanda, los 16.175 (11.831) de Alemania y los 7.717 (5.644) de Reino Unido, según los últimos datos comparados del Banco Mundial.

Por otra parte, las importaciones de España (el 32,4% del PIB) son las segundas más cuantiosas, después de las alemanas. En 2009, la recesión redujo considerablemente el déficit comercial, pero en gran medida esto se debió al desplome de las importaciones.

En términos generales, cuanto más elevada es la aportación de la demanda externa, más éxito tiene la economía de un país. ¿De dónde va a venir el futuro crecimiento de la economía española, y por ende la creación de empleo, si no de la demanda externa?

La Ley de Economía Sostenible del Gobierno constituye un intento insuficiente de crear una estructura más productiva y más amparada en la demanda externa. Ni siquiera acomete la ardua tarea de mejorar el sistema educativo, cuyo escandaloso deterioro ha permitido la mediocre clase política actual. Aquí radica la piedra angular de una economía más basada en el conocimiento que en el ladrillo y el mortero, y, por tanto, más capaz de internacionalizarse y de generar un mayor valor añadido.

Cuando casi uno de cada tres individuos de entre 18 y 24 años tienen como máximo la educación obligatoria y no siguen en formación; con malos resultados de lectura, matemáticas y conocimiento científico en los informes PISA; con ninguna universidad situada entre las 150 mejores del mundo y un gasto en I+D muy por debajo de la media de los 27 miembros de la UE, para crear las condiciones necesarias para impulsar las exportaciones es preciso realizar un esfuerzo hercúleo en la educación, que ni siquiera se ha iniciado. Será necesaria una década para incrementar realmente el nivel educativo.

No resulta, pues, sorprendente que los productos españoles de alta tecnología sólo representen el 5% de las exportaciones manufactureras, situándose casi en el nivel más bajo de la UE. Sí lo es, en cambio, que esas deficiencias no hayan impedido la aparición de un núcleo duro de multinacionales. El stock de inversión directa española en el extranjero representaba el 37,5% del PIB a finales de 2008. Es decir, se habían multiplicado por 12 desde 1990, siendo las más elevadas las de las grandes economías de la UE.

Sin su creciente y sólido negocio internacional, los grandes bancos y empresas españoles hubieran generado muchos menos beneficios el año pasado. Gracias a ellas, el Ibex 35 subió casi un 30% en 2009 (hasta ocho puntos más que los índices de otros mercados europeos), aunque este indicador no es representativo ni de la situación de todas las empresas registradas ni de la del contexto económico, en general adverso, como se ha visto este año con la brusca caída del Ibex.

Siete proveedores de infraestructuras españoles se encuentran entre las 10 principales empresas del sector del transporte en el mundo. Durante 2009, sus negocios en el extranjero les permitieron compensar, en mayor o menor medida, el deterioro de su mercado interno. Las empresas, y no sólo las más grandes, tienen un margen considerable de expansión en el exterior, sobre todo en Asia, que apenas han tocado.

Estrechamente relacionadas con una mayor internacionalización de la economía están la marca España y la imagen del país y de sus marcas en el exterior. Cuanto más conocida sea una marca y más positiva la imagen del país, más posibilidades habrá de que los consumidores adquieran los productos y servicios de esa empresa.

Un reciente y exhaustivo análisis comparado realizado por Young & Rubicam (R&Y) demuestra que España todavía se sigue considerando, en mayor o menor medida, un país de fiestas y siesta, y que sus productos y servicios, con algunas notables excepciones, suelen relacionarse con una imagen de escasa calidad y de niveles de innovación, liderazgo y dinamismo escasos. Según R&Y, el desafío radica en alcanzar el equilibrio adecuado entre la pasión y la sociabilidad, principales elementos del ADN del país, y la alta calidad y la seriedad.

En este sentido, ayudaría que España dispusiera de más diplomáticos para fomentar los intereses del país (Reino Unido tiene 4.000 y España, unos 1.000; es decir, proporcionalmente su dotación es mucho menor, ya que la población española representa el 75% de la británica, y su PIB se sitúa en torno a tres tercios del de ese país).

Otro paso positivo sería constituir la Comisión de Diplomacia Pública que, anunciada por José Luis Rodríguez Zapatero en julio de 2008, no ha logrado despegar aún, en parte debido a restricciones presupuestarias.

En este contexto, el esperpento de propuesta de la presidenta de la Comunidad de Madrid sobre el "patrimonio cultural" de las corridas de toros nada ayuda -todo lo contrario- a mejorar la imagen de España en el exterior.

España ha avanzado mucho en los últimos 35 años, pero no debería resignarse a creer que no puede ir más allá. Quedarse parado no es una opción.

ENLACES

EL EURO Y EL FONDO MONETARIO EUROPEO

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Alejandro Nadal

Cuando nació el euro, el vaticinio era que no sobreviviría a su primera crisis. Mientras las cosas marcharon bien para la economía mundial, el euro creció y su papel como unidad de reserva y pagos internacionales se fortaleció. Hoy más de la cuarta parte de las reservas de los bancos centrales del mundo está en instrumentos denominados en euros y por primera vez en su historia, la emisión de bonos en euros sobrepasó a la de dólares estadounidenses.

El problema de las economías capitalistas es que mientras las cosas marchan bien es precisamente cuando se están gestando los problemas. Y ahora que estamos en la peor crisis desde la gran depresión todo está preparado para ver si aquél pronóstico sobre el euro era acertado o no.

La crisis llegó a Europa por muchos canales, pero no parecía una amenaza para el euro hasta que se perfiló la posibilidad de una moratoria sobre la deuda soberana griega. Lo cierto es que Grecia pudo colocar deuda soberana a menor costo perteneciendo a la esfera del euro porque los inversionistas siempre pensaron que Alemania acabaría respaldando la economía griega. Pero ahora que Atenas tiene dificultades para enfrentar vencimientos y el servicio de su deuda y que Alemania no quiere recoger la factura, vienen a la memoria todas las debilidades fundacionales de la divisa de la eurozona.

La creación del euro significó para los miembros de la eurozona una pérdida de soberanía en materia de política monetaria y cambiaria. El ganador fue el Banco Central Europeo (BCE), una institución financiera autónoma que no rinde cuentas a nadie. El BCE controla desde entonces el tipo de interés y la política monetaria para la eurozona. El esquema macroeconómico europeo también impone límites al gasto público, pasando así a controlar la política fiscal.

Pero la eurozona no cuenta con un mecanismo que permita transferencias fiscales entre sus miembros. Esa es la principal diferencia con el sistema de la Reserva Federal en Estados Unidos. Por ese motivo, la eurozona exige una férrea disciplina macroeconómica, que no se ha cumplido en la práctica. Ni el tope de endeudamiento (60 por ciento del PIB) ni el del déficit fiscal (3 por ciento del PIB) han sido acatados por muchos de los integrantes de la eurozona, lo que lleva a dos reflexiones.

Primero: la política macroeconómica de la eurozona y de la Unión Europea en su conjunto fue concebida en el momento más intenso de la expansión neoliberal. En esos años dominaba la visión según la cual la mejor política macroeconómica era la que no intervenía en nada. Por esa razón se pensaba que las reglas del tratado de Maastricht y del Pacto de Estabilidad y Crecimiento eran más que suficientes para mantener no sólo la disciplina individual, sino una credibilidad bien cimentada para la nueva divisa.

Hoy la crisis desmiente esas creencias y revela que se necesita una política macroeconómica contracíclica. La moraleja es que si quiere sobrevivir en el largo plazo, la Unión Europea debería rediseñar su marco de política macroeconómica, restituyendo flexibilidad y eliminando la subordinación a los dictados del capital financiero. Eso requiere una sacudida política y social de primera magnitud.

La segunda reflexión tiene que ver con la supervivencia del euro. El capital financiero europeo teme por la salud de su divisa emblemática. No es un secreto que varios de los más grandes fondos de coberturas (hedge funds) están apostando al desplome del euro, o por lo menos a su nivelación a la par con el dólar estadunidense. Por eso el eje financiero de la eurozona considera urgente detener el colapso de la economía griega y evitar el contagio a otros países de la cuenca del Mediterráneo. Sin embargo, no le es fácil armar un paquete de salvamento con transferencias de fondos y garantías para los acreedores de estos países.

La solución que se perfila es la creación de un Fondo Monetario Europeo (FME) para hacer valer las reglas y disciplinar a los miembros de la eurozona. Lo grave es que el FME aplicaría las mismas recetas desastrosas que utilizó el Fondo Monetario Internacional en el contexto de las crisis de los últimos 20 años. El apoyo iría condicionado a la aplicación de esquemas procíclicos, con su secuela de privatizaciones, contención salarial y recortes en el gasto social. Todo ello para sacrificar la economía real en el altar del capital financiero, agravando la destrucción de capacidad instalada y la pérdida de empleos. Peor aún, se estarán sentando las bases para crisis futuras de mayor intensidad.

El arreglo monetario europeo es disfuncional por el marco neoliberal de su política macroeconómica. Para el capital financiero en la eurozona, la supervivencia del euro es vital para la continuidad de la Unión Europea neoliberal. Para los pueblos de Europa, lo que está en juego es la existencia de una sociedad más solidaria y justa. La unión monetaria es un instrumento para lograr ese objetivo, no para beneficiar al capital financiero.

OTROS ENLACES:
bruselas confirma que trabaja en la creación de un fondo monetario europeoFondo Monetario Europeo, ¿es necesario?

 

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