MIEDO, REBELIÓN, LIBERTAD

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 Federico Mayor Zaragoza

Todos deberíamos leer y releer la Declaración Universal de los Derechos Humanos para convencernos de que vale la pena seguir luchando en favor de los grandes valores éticos. Para que nos apercibamos de que estamos dotados de razón para remediar la tentación de la fuerza. Es apremiante esta lectura activa, porque no se están rectificando los rumbos. No se está yendo decididamente de la plutocracia al multilateralismo. No se está acabando con los paraísos fiscales, que hacen posible los tráficos de toda índole (drogas, armas, personas…). No se están erradicando ni la especulación ni la economía irresponsable. No se está contrarrestando la excesiva concentración del poder mediático. No se están iniciando los pasos conducentes a un nuevo modelo productivo de desarrollo global sostenible. Como antes de la crisis, lo único importante es negociar, vender, producir lo más barato posible mediante una deslocalización hacia el Este que no tiene en cuenta cómo viven los “productores” de estos países ni si se observan sus derechos humanos.

Las instituciones públicas como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, así como instituciones privadas de dudosa imparcialidad, están –cuando no supieron prever ni prevenir la crisis–actuando de forma interesada en favor de los mismos que originaron la grave situación presente. ¿Y qué hacen las comunidades científica, académica, artística? En general, son espectadores distraídos, que no reflexionan suficientemente sobre los grandes problemas ni actúan en consecuencia.

Ha llegado el momento de reaccionar frente a quienes pretenden que el mundo sea, simplemente, un inmenso mercado y los habitantes de la tierra tan sólo consumidores. Ha llegado el momento de aplicar el acervo del conocimiento disponible para encarar los desafíos de la naturaleza enfurecida.

Hay que sobreponerse a la apatía, al temor. Dice así el primer párrafo del preámbulo de la Declaración Universal: “… Se ha proclamado, como aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en el que los seres humanos, liberados del miedo y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencia…”.

Desde siempre, la existencia humana ha discurrido en espacios muy limitados, territorial y anímicamente, de tal modo que, con la excepción de grandes pensadores capaces de sobrellevar su confinamiento, las personas vivían temerosas de lejanos dioses y señores más próximos. Se ha hecho secularmente todo lo posible para que los ciudadanos no pudieran abandonar su condición de vasallos. La educación se ha limitado siempre –hasta la década de los noventa del siglo pasado– a la alfabetización y formación básica por parte de los países coloniales, y los sistemas autoritarios han propiciado el adoctrinamiento, la dependencia, la pertenencia sin discrepancias. La ignorancia –no hay mayor ignorancia que la del hombre cercado y el “pensamiento secuestrado”, en expresión de Susan George– conduce a la superstición. Y así se genera el fanatismo, el dogmatismo, la obcecación, el acobardamiento.

Cuando por fin hay quienes logran ser “educados”, es decir, “ser ellos mismos”, cuando se está a punto de no ser sólo contado en los comicios electorales, sino contar y ser tenido en cuenta, entonces se despliegan las inmensas alas del poder mediático que los reduce a espectadores impasibles, a testigos indiferentes a quienes se activa y desactiva como con la famosa campana de Pavlov.

Hasta que un día, después de años y años de democracias frágiles y maniobreras, llega, con la moderna tecnología de la comunicación, la posibilidad de construir en el ciberespacio lo que hasta ahora se ha podido evitar en la “vida real”. Hoy es ya posible modificar con la telefonía móvil, Internet, etc., la realidad tercamente acuñada, siempre imperturbable; movilizar a millones de seres humanos que pueden, por fin, unir sus voces y anhelos; y llevar a cabo la revuelta, pacífica pero firme, que los guardianes de la inercia y de los privilegios no dejaban ni siquiera esbozar. Y es que desconocían el próximo párrafo del preámbulo de la Declaración Universal: “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso a la rebelión contra la tiranía y la opresión…”. Todo aquello que sojuzgue y reduzca a los seres humanos debe eliminarse si se pretende evitar la justa reacción popular de quienes tanto han padecido, tanto padecen.

Pero pasar de receptores inocuos a emisores activos era muy difícil y, con frecuencia, arriesgado. Aparte –y no siempre– de las urnas, otras formas de expresión carecían de influencia y se hallaban con frecuencia trucadas. Pero con la participación no presencial, el panorama de la emancipación ciudadana en relación al poder cambiará radicalmente en muy pocos años.

De este modo, en menos tiempo del que muchos calculan, el siglo XXI será, por fin, el siglo de la gente, el siglo de la fuerza de la razón y nunca más de la razón de la fuerza, de la historia a la altura de las facultades que distinguen a todo ser humano único, terminando de este modo la historia descrita por Fukuyama, que tanto ha empañado la dignidad de la humanidad desde el origen de los tiempos. Se llevará así a efecto el último “considerando” del preámbulo de la Declaración que he querido comentar en este artículo: “Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad”.

Federico Mayor Zaragoza es presidente de la Fundación Cultura de Paz

NO SE DEJEN ENGAÑAR, EL PRESUPUESTO PÚBLICO NO TIENE NADA QUE VER CON EL PRESUPUESTO FAMILIAR

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Randall Wray

Cuando un demagogo quiere atizar la histeria sobre los déficits del presupuesto federal, invariablemente comienza con una analogía con el presupuesto familiar. “No hay hogar que pueda permitirse gastar siempre más que lo que ingresa; tampoco puede hacerlo el gobierno federal”. Aparentemente, resulta razonable; profundícese un poco en la afirmación, y se verá que es un sinsentido total. Un gobierno soberano no guarda el menor parecido con un hogar. He aquí algunas diferencias notables:

1.- El gobierno federal de los EEUU tiene 221 años de existencia, si datamos su nacimiento con la adopción de la Constitución. Es la mejor fecha que podamos imaginar, pues con la Constitución se instituyó un mercado común en los EEUU, se prohibió a los estados federados la interferencia en el comercio interestatal (por ejemplo, mediante gravámenes), se otorgó al gobierno federal el poder de imponer y cobrar impuestos y se reservó al gobierno federal la capacidad para crear moneda, regular su valor y fijar los pesos y medidas de los que viene nuestra moneda de pago, el dólar. Yo no sé de ningún cabeza de familia que tenga una longevidad, aparentemente indefinida, comparable. Esto podría parecer irrelevante, pero no lo es. Cuando ustedes mueran, sus deudas y sus activos tendrán que ser asumidos y liquidados. No hay un “día del juicio final”, un gobierno soberano no se enfrenta a una fecha final de vencimiento de pagos. Tampoco sé de ningún hogar que tenga poder para fijar impuestos, para dar nombre a –y emitir— la moneda que usamos y menos aún para exigir que los impuestos se paguen y que se paguen en la moneda por él emitida.

2.- Con una breve excepción, el gobierno federal de los EEUU ha estado año tras año, ininterrumpidamente, en situación de deuda desde 1776. En enero de 1835, por primera y única vez en la historia de los EEUU, se retiró la deuda pública y se mantuvo un excedente presupuestario durante los dos años siguientes, a fin de acumular lo que el entonces secretario del Tesoro, Levi Woodbury, llamó un “fondo para afrontar futuros déficits”. En 1837, la economía colapsó en una honda depresión que generó un déficit presupuestario, y desde entonces, el gobierno federal no a hdejado de ser deudor. Desde 1776, ha habido exactamente siete períodos con substanciales excedentes presupuestarios y significativas reducciones del volumen de la deuda. Entre 1817 y 1821, el monto de la deuda nacional cayó un 29%; entre 1823 y 1836 se eliminó la deuda pública (los esfuerzos del[ presidente Andrew] Jackson); entre 1852 y 1857 el volumen de la deuda cayó un 59%; entre 1867 y 1873, un 27%; entre 1880 y 1893, más de un 50%; y entre 1920 y 1930 se redujo en alrededor de un tercio. Se calla por sabido que la última vez que tuvimos un excedente presupuestario fue en los años de Clinton. Yo no sé de ningún hogar que haya sido nunca capaz de mantener déficits presupuestarios durante unos 190 de los últimos 230 años y acumular ininterrumpidamente deudas desde 1837.

3.- Los EEUU también han experimentado seis períodos de depresión. Esas depresiones empezaron, respectivamente, en 1819, 1837, 1857, 1873 y 1929. (¿Adivinan ustedes la pauta? ¿No? Pues repasen las fechas dadas más arriba.) Con la excepción de los excedentes presupuestarios de Clinton, toda reducción significativa de la deuda ha venido seguida de una depresión, y toda depresión ha venido precedida de una significativa reducción del volumen de deuda. Al excedente de Clinton siguió la recesión de Bush, luego una euforia especulativa, y finalmente, el colapso en que nos hallamos ahora. Y todavía no está dicha la última palabra respecto de si podremos ahora arreglárnoslas para evitar caer en otra gran depresión. Aunque nunca se pueden descartar las coincidencias, siete excedentes presupuestarios seguidos de seis depresiones y media (sin descartar que esto termine con redondeo de la cifra hasta siete) deberían ser capaces de abrir algunos ojos. Y, dígase de pasada, nuestros bajones menos graves casi siempre han sido precedidos por reducciones del déficit presupuestario federal. Yo no sé de ningún caso de depresión nacional causada por el excedente presupuestario de una familia.

4.- El gobierno federal es el emisor de nuestra moneda. Sus pagarés son siempre aceptados en los pagos. El gasto real del gobierno se hace acreditando depósitos bancarios (y acreditando las reservas de esos bancos); si ustedes no desean un depósito bancario, el gobierno les pagará en efectivo; si ustedes no quieren efectivo, les dará bonos del Tesoro. La gente trabaja, vende, mendiga, miente, roba y hasta mata para conseguir los dólares del gobierno. Ya quisiera yo que mis pagarés constituyeran semejante objeto del deseo. Lo cierto es que no sé de ningún hogar capaz de gastar acreditando depósitos y reservas bancarios o emitiendo moneda. Bueno, algunos falsificadores lo intentan; pero terminan en la cárcel.

5.- Algunos dicen que si el gobierno sigue incurriendo en déficits, un día de estos el valor del dólar caerá a causa de la inflación; o que su valor se depreciará en relación con las monedas extranjeras. Pero sólo un débil mental se negaría a aceptar dólares hoy por creer que en algún momento incierto en el hipotético y distante futuro su valor podría ser menor que el actual. Si ustedes tienen dólares que no quieren, háganme el favor y envíenmelos. Y obsérvese que, aun en el caso de que diéramos por buena la afirmación de que los déficits presupuestarios pueden traer consigo la devaluación de la moneda, todavía habría aquí algo característicamente distintivo: pues el que yo gaste más de lo que ingreso no trae consigo, comoquiera que se mida, la reducción de la capacidad de compra del dólar.

Si le dan un poco de pensamiento a la cosa, seguro que ustedes mismos encuentran otras diferencias entre el gasto de las familias y el gasto público. Ya sé que distinguir entre el gasto de un Estado soberano y el gasto familiar no elimina todos los miedos suscitados por el déficit. Mas, puesto que la analogía es traída con tanta frecuencia a colación, yo espero que la próxima vez que ustedes la oigan en boca de alguien, exijan a su interlocutor que explique exactamente por qué un presupuesto público es como un presupuesto familiar. Si su interlocutor dice que los déficits del presupuesto público son insostenibles, que el Estado tiene que terminar devolviendo todas sus deudas, pregúntenle cómo hemos conseguido arreglárnoslas desde 1837 para no dejar de acumular deudas. ¿O es que 137 años no constituyen un trecho temporal lo bastante dilatado como para configurar una pauta “sostenible”?

Randall Wray, profesor de teoría económica en la Universidad de Missouri en la ciudad de Kansas y consejero científico del Roosevelt Institute de prospectiva económica, es uno de los analistas económicos más respetados de los EEUU. Colabora con el proyecto newdeal 2.0 y escribe regularmente en la revista New Economic Perspectives.

LA FINANCIACIÓN ALTERNATIVA

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Las cooperativas de trabajo asociado tienen serias dificultades para encontrar financiación en la banca tradicional. En este Dossier se ofrecen apuntes para encontrarla, por vías alternativas

Mariana Vilnitzy

“A veces los bancos no nos entienden. Creen que una cooperativa es una ONG y ya te escuchan con recelo”. Esta frase, dicha por un cooperativista cuya empresa sufre actualmente problemas de financiación, podrían repetirla muchos otros. Una de las dificultades más serias que están teniendo las cooperativas, sobre todo en estos momentos de crisis, es la falta de financiación. No se trata sólo del conocimiento del modelo cooperativo. Las dificultades son aun más graves porque no es fácil conseguir los avales necesarios. Más allá de que la empresa sea rentable, la simple morosidad en los pagos de los clientes puede terminar por destruir el proyecto cooperativo.

Sin embargo, hay entidades que no sólo conocen las cooperativas de cerca sino que ayudan para que los planes de negocio funcionen, apoyan la intercooperación y hacen posible la obtención de avales. Casi todas estas entidades comparten valores y están en algún punto, conectadas entre sí.


COOP57

Una de las organizaciones más cercanas al cooperativismo, y que cada vez tiene más presencia en el territorio español (Catalunya, Galicia, Andalucía, Aragón y Madrid) es la cooperativa de servicios Coop57, que cuenta entre sus asociados a entidades como las mismas organizaciones que reúnen a las cooperativas de trabajo como la Unión de Cooperativas Madrileñas de Trabajo Asociado, la Federació de Cooperatives de Treball de Catalunya y la Unión de Cooperativas de Trabajo Asociado de Galicia.

El funcionamiento de Coop57 es como el de cualquier cooperativa. Tiene un consejo rector, comisiones técnica y social, y coordinación. Todos los cargos son elegidos por la asamblea (aunque uno de los criterios clave de su funcionamiento es la proximidad, y por tanto cada comunidad autónoma tiene su propia asamblea).

Se trata de una entidad sin ánimo de lucro, creada desde la economía social y desarrollada con criterios de autogestión para autofinanciarse. Dentro de Coop57 cada socio pone una cantidad de dinero (el mínimo es de 900 euros) y nadie que no sea socio puede conseguir financiación. Esta estructura, aparentemente simple, ha logrado reunir millones. Sólo en Barcelona, donde comenzó en 1995, se consiguieron más de un millón de euros en un solo año.

No cualquier empresa puede ser socio de Coop57. Una comisión técnica evalúa si se trata de economía social, es decir, si cumple una serie de principios básicos como la democracia y la solidaridad. Si lo es y se asocia, entonces los técnicos evalúan la viabilidad económica para dar el préstamo.

“No hacen falta avales bancarios, aunque sí se piden avales individuales mancomunados de las personas que forman la cooperativa o de personas del entorno”, explica Javier Blanco, representante de Coop57 Madrid. “Sólo ha habido una vez en la historia de Coop57 en la que no funcionó un proyecto, por diversas circunstancias, pero por lo general se paga a tiempo. La gente que solicita la financiación se lo cree y por eso se compromete a su devolución. En los supuestos en que haya dificultades para devolver los préstamos, Coop57 busca, con la cooperativa afectada, las formas de renegociación que permitan la devolución final del préstamo con sus intereses”.

Para que los proyectos funcionen, Coop57 no sólo da el dinero y ayuda desde el punto de vista técnico, sino que intenta conectar a las empresas con posibles clientes o socios. “Como quieren que funcione, las mismas cooperativas que invierten en Coop57 intentan ayudar”, agrega Blanco.

El interés que cobra Coop57 por un préstamo depende de la decisión que tome la asamblea anualmente y del tipo de crédito. Se calcula sobre el interés que se paga a los ahorradores, el coste de la estructura y la previsión de préstamos. En promedio, puede alcanzar un 6,7%, que le sirve a Coop57 para auto-sostenerse y para una reserva por posibles impagos. El tope de cada préstamo es de 180.000 euros.

Otra de las posibilidades para financiar a las cooperativas es la emisión de títulos participativos de la empresa, bajo el respaldo de la entidad. Así se han financiado proyectos cooperativos como L'Olivera, en Catalunya, cuyos títulos de mil euros se agotaron en 10 días y fueron devueltos en 24 meses con un interés del 4,25% anual, el de Ecosecha en Madrid, o el más reciente de la Fundación Futur (300.000 euros captados en 15 días). En estos casos, Coop57 funciona como garante para los prestamistas y apoya la difusión de los títulos. Cada entidad decide a cuánto los vende y el tipo de interés. “Suele tener muchísimo éxito”, comenta Blanco, “porque permite obtener financiación de personas o entidades sensibilizadas con la economía social y, simultáneamente, es una herramienta de difusión de tu experiencia”.

Las secciones territoriales de Coop57 no se encuentran en todas las comunidades autónomas y prácticamente todo se gestiona por internet. “Para constituir una sección en un territorio, lo primero que deben hacer es ponerse de acuerdo las entidades y empresas de la economía social que quieran formar parte”, explica Blanco. “No tenemos una política de expansión. Más bien la expansión sucede porque son las mismas personas de las localidades las que lo solicitan. Entonces Coop57 se involucra”.


FIARE

En la línea de Coop57 pero cuatro veces más grande, está lo que se conoce como el proyecto Fiare, una sociedad que funciona como agente financiero en España de la banca ética italiana (Banca Popolare Etica). Fiare reúne a 300 organizaciones y a unas mil indirectamente a través de federaciones y otras redes sectoriales. El proyecto nació del tercer sector y está muy ligado a las ONG. “Somos más que un simple agente financiero”, explica Juan Garibi, uno de los principales impulsores del proyecto. “Somos un movimiento político, social y financiero”.

Funcionan como una cooperativa de crédito, donde cada persona tiene un voto en la asamblea, y donde nadie puede tener más del 0,5% del capital. Al igual que en Coop57, Fiare no tiene ánimo de lucro y no genera dividendos. Sólo financian proyectos que sigan las líneas de la Red de Economía Social y Solidaria, y los empleados con salario de Fiare también trabajan bajo las mismas normas. Son hasta la fecha, siete personas en oficinas en Bilbao y Catalunya, y una delegada en Madrid.

Si se quiere pedir un préstamo desde cualquier comunidad autónoma, una de estas personas se traslada donde sea necesario. Para hacerlo no hace falta ser socio, sino ser social y ambientalmente responsable, y tener un proyecto rentable. Existe un comité ético que verifica en las empresas que financia cuestiones como las diferencias salariales, las estructuras medioambientales y el trabajo en red. Normalmente se financian proyectos de cooperación internacional y comercio justo, inserción social y colectiva, agroecología –no vale un certificado, sino que ellos mismos evalúan a la empresa– y valores sociales como las formas de igualdad, la comunicación y la educación. Además, se presta dinero en países del Sur, a través de las ONG.

Y, por supuesto, se realiza un análisis de riesgo. Si es rentable, los préstamos (no hay un máximo, salvo el que la normativa imponga a la Banca Popolare Etica italiana) pueden ser de varios tipos. Los intereses, que se calculan de acuerdo al Euribor, tienen un tipo variable según el producto, y rondan un promedio del 4% anual. Se financian desde créditos hipotecarios hasta anticipo de subvenciones.

“No queremos ser una banca sino impulsar otra economía”, explica Garibi. “Y por lo tanto, no funcionamos bajo los criterios bancarios”. Es por este motivo que Fiare tiene una política de avales distinta que la de los bancos tradicionales. Pide avales sólo si hace falta y, en función del proyecto, pueden utilizar una fórmula de aval mancomunado o colectivo, donde todos son responsables. Este método para conseguir un respaldo consiste en que la empresa que pide el préstamo consiga que 40 personas respondan por ella. “Es una manera de verificar el tejido social que hay detrás de un proyecto”, explica Garibi. Hasta ahora este método no los ha defraudado. No han tenido impagos y, por el contrario, en dos años han crecido un 40%. De hecho tienen más dinero en ahorros que en préstamos. Lo que no prestan lo localizan en deuda pública, en fondos éticos de la Banca Popolare Italiana y en cajas rurales cooperativas. “De hecho, estamos buscando proyectos para prestar dinero”, agrega Garibi. “Y nos interesaría mucho llegar a acuerdos con las organizaciones del cooperativismo de trabajo, para dar préstamos con ventajas exclusivas a las cooperativas miembro. Estamos dispuestos a renunciar a más interés, para poder prestar más”. Con los beneficios generados por los préstamos y el ahorro, Fiare sólo llega a pagar la estructura de funcionamiento.

Fiare está apostando por la creación de una banca ética cooperativa europea, en conjunto con la Banca Popolare Italiana y la banca ética francesa Nef, que esperan fusionarse definitivamente en 2011-2012. Iniciaron la campaña en 2009 y por ahora han conseguido 1.200.000 euros. Coop57 es uno de los socios que está dentro de Fiare para la creación de esta banca europea.



MÁS INFORMACIÓN

Criterios éticos y cooperativas Los sistemas de finanzas éticos como Coop57, Fiare o Triodos, comparten valores con el cooperativismo de trabajo. Por eso, si en la cooperativa que busca un crédito se cumplen sus valores, tiene un importante paso ganado para la concesión del préstamo.

COOP57
No tiene ánimo de lucro.
Funciona internamente como cooperativa.
Sólo financia economía social.
Tiene su dinero en la Banca Popolare Italiana (banca ética) y en Caja Laboral.
No invierte en bolsa.
La banca funciona mayoritariamente por internet.
No está avalado por el Banco Central.

FIARE
No tiene ánimo de lucro.
Funciona internamente como cooperativa de crédito.
Sólo financia economía social.
Tiene su dinero en la Banca Popolare Italiana (banca ética), a través de una cuenta en Caja Laboral (hasta que se oficialice en España la cooperativa Banca Ética Europea que están impulsando).
No invierte en bolsa.
La banca es mayoritariamente por internet.
Está avalado por el Banco Central Italiano.

CAJA LABORAL
No se considera banca ética.
A diferencia de otras cajas, funciona internamente como cooperativa de trabajo.
Financia todo tipo de proyectos siempre que sean rentables.
Apoya especialmente proyectos del País Vasco, por un convenio con el Gobierno.
Impulsa empresas cooperativas dentro del Grupo Mondragón (no las financia, sino que se hace socia).
Invierte en bolsa.
La banca funciona como cualquier otra.

TRIODOS BANK
No es una empresa sin ánimo de lucro aunque se define como una banca “con valores”.
Funciona internamente con un sistema de votos que garantiza la esencia de valores de sostenibilidad de sus creadores.
El banco sólo financia empresas bajo criterios de sostenibilidad.
El banco no invierte en bolsa, pero la empresa Triodos Bank (que está por encima del banco) tiene una unidad de negocio externa al balance del banco, Triodos Investment Management, que gestiona fondos de inversión que invierten, entre otros, en empresas que cotizan en Bolsa y que ofrecen productos y servicios sostenibles.
Está avalado por el Banco de España.

COTIZAR EN BOLSA

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De todos es conocida la voracidad de nuestro capitalismo financiero que, cual dios Cronos devorando a sus hijos, amenaza con seguir fagocitando y jibarizando todas y cada una de las realidades humanas. Se empezó con la economía (quiero decir, con la riqueza real) y la política, se siguió con la comunicación, el arte y el fútbol, y ahora se pasa al cine.

Las compañías de inversión Cantor Fitzgerald y Verania Networks van a comercializar productos bursátiles que permitirán especular con la taquilla de los estrenos o el tirón popular de un determinado actor.

Cantor Fitzgerald y Verania Networks afirman que los productores podrían usar este mercado para cubrir sus riesgos económicos en determinadas películas. Ante la polémica, el presidente de Cantor Exchange, Richard Jaycobs, afirmó que "si hay personas que compran acciones de Nike porque adoran sus zapatillas, por qué no van a poder invertir en las películas que les gustan".

¡Pues claro!

Según el directivo, cuando la bolsa de Nueva York inició la comercialización de futuros sobre los precios del crudo ninguna gran petrolera quería participar. Poco después se convirtieron en los principales actores del mercado. Jaycobs lo tiene claro: "Dentro de tres años, todos los grandes estudios de cine estarán participando".

Está claro: allí donde Manmona pueda extender su imperio, lo hará: Es algo así como la nueva reformulación de un imperativo metafísico que explique la realidad global: “todo lo que el capital pueda colonizar, debe hacerlo”. Y así, se empieza especulando con las divisas (aunque hundan la moneda de un país) y con el derecho humano a una vivienda, y se acaba llevando a los actores a la Bolsa.

Y yo sugiero: ¿por qué no proponer a nuestras parejas o a nuestros hijos, como productos financieros? Invirtamos en ellos (pero en Bolsa), por si fracasan. Por ejemplo: yo puedo capitalizar a mi mujer, vender acciones por su valor y que éstas vayan subiendo o bajando según la renta que me produzca (ella es muy apañada; sabe hacer trajes, coser perfectamente, bailar, entiende mucho de decoración, cocina de lujo, y un largo etcétera). ¿Y mis hijos? Pues anda que no son, ni nada, una buena inversión de futuro, con el inglés que saben.

¿Y por qué no cotizan en bolsa las religiones? ¡Pues anda que no da dinero eso ni ná! ¿Y los conciertos de música clásica? ¿Y las óperas? ¿Y las puestas de sol? Podemos vender entradas (o interesantes abonos) a la playa, para verlas, y ganaríamos mucho dinero. Lo único que hay que hacer es convencer al gobierno para que nos deje privatizar las playas con un decretazo, como decretó, por la cara, que se acabó la televisión analógica, y creo que la industria de la TV digital ha debido ganar algo de dinero con ello. Esto es la democracia, señora, la democracia.

¿Y la amistad? ¿Por qué no cotiza en bolsa? Al fin y al cabo, hay gente muy solitaria que pagaría por tener amigos. ¡Hay que ver lo que está perdiendo Dios Capital por culpa de las redes sociales en Internet, que proporcionan amigos gratis! ¡Qué lento y descuidado está el sistema (el mejor de los posibles, que dicen los liberales), que aún no ha hecho que coticen en bolsa el aire, la estrellas, la poesía, los orgasmos, las lágrimas de los bebés...!

En fin, voy a dejarlo, que creo que se me está yendo la pinza.

Visto en 'enfoca'

CRISIS Y EMPLEO PÚBLICO

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Vicenç Navarro en el diario 'Público'

Este artículo contrasta la respuesta del pensamiento liberal a la crisis (priorizando la reducción del déficit y de la deuda pública) con la que debiera promoverse (favoreciendo la creación de empleo, incluyendo empleo público) a fin de disminuir el desempleo y estimular el crecimiento económico. El artículo muestra datos empíricos que documentan el error de la primera respuesta (que se está promoviendo en la Unión Europea, incluyendo España) y que avalan la conveniencia de la segunda (desarrollada por la Administración Obama), señalando la necesidad de crear empleo público, y particularmente en los servicios del estado del bienestar, con el objetivo de acelerar la recuperación económica.

Existen hoy dos filosofías de cómo salir de la crisis. Una, dominante en los establishments políticos y mediáticos europeos, acentúa la necesidad de reducir el déficit y la deuda pública. Es la alternativa liberal promovida sobre todo por la banca y por los partidos conservadores y liberales (y algunos socialdemócratas). La otra filosofía considera que el mayor problema existente es el desempleo y la prioridad en las intervenciones públicas debiera ser la de crear empleo, incluso empleo público, a fin de disminuir el desempleo, una de las causas de la falta de recuperación económica.
 La Administración Obama y el Congreso de EEUU han tomado varias medidas en este sentido. Una de ellas es la ley propuesta por la Administración Obama y aprobada en febrero del 2009 por el congreso (American Recovery and Reinvestment Act o ARRA) que tiene como objetivo la creación de empleo en aquel país, ley que ha sido complementada con otra, aprobada en Diciembre del 2009 por la Cámara Baja de EEUU (Jobs for Main Street) que expande el gasto público para, además de expandir la cobertura al seguro de desempleo, (a fin de alcanzar a mayor número de trabajadores en paro, hoy el 10% de la población activa) crear el máximo numero de puestos de trabajo en construcción de infraestructuras físicas (carreteras y transporte público) y en servicios públicos (tales como educación, servicios sociales y servicios sanitarios). Y ahora, la Administración Obama está preparando otra Ley que acentúe todavía más la creación de puestos de trabajo en el sector público. El objetivo de todas estas intervenciones es la creación masiva de empleo público. Existen además otras intervenciones en las que se estimula la creación de empleo en el sector privado y muy en especial en las industrias verdes de carácter ecológico y ahorradores de energías.

Todas estas políticas de creación de empleo público por parte del estado están adquiriendo un gran protagonismo en las políticas de resolución del elevado desempleo en EEUU. El criterio fundamental para guiar este esfuerzo es 1) que se creen el máximo número de puestos de trabajo en el mínimo de tiempo y 2) que la creación de tales empleos beneficien el máximo número de personas posible. Todos los estudios realizados muestran que donde las inversiones alcanzan mejor estas condiciones son las inversiones en los servicios del estado de bienestar. Incluso el ministro de Economía y Hacienda (Secretary of the Treasure), el sr Timothy Geithner ha subrayado que “las inversiones en las aéreas sociales son las que ofrecen mayor ocupación por el mismo dinero”. Comparando la creación de empleo en infraestructuras físicas y en inversiones verdes con las creadas en inversiones sociales, como centros de infancia, servicios domiciliarios a personas dependientes, servicios sanitarios o servicios educativos, estos últimos son los que crean más empleo, y satisfacen a un número mayor de personas. La misma cantidad de dinero público que crea 556.000 puestos de trabajo en infraestructuras físicas, crea 1.2 millones en los servicios del estado de bienestar. Las inversiones que crean 11 puestos de trabajo en infraestructuras físicas, y 17 en industrias verdes, crean 23 puestos de trabajo en sectores sociales. Es importante añadir además que las inversiones sociales crean, en general, ocupación entre los grupos más afectados por el desempleo, a la vez que proveen servicios que benefician a un número mayor de personas.

De especial importancia son los inversiones en escuela de infancia y en los servicios domiciliarios que facilitan la incorporación de la mujer el mercado de trabajo y aumentan a su vez su productividad (añadiendo 33.000 millones de dólares a la economía). Este tipo de inversión en creación de empleo es también especialmente importante pues aumenta el porcentaje de la población adulta que trabaja, un elemento clave para la recuperación económica. El Ministerio de Trabajo de EEUU ha indicado que los dos sectores de la economía donde crecerá mas el empleo es precisamente en las escuelas de infancia y en los servicios domiciliarios a las personas con dependencia, siendo estos sectores donde el gobierno federal está insistiendo más en los programas de creación del empleo público.

Estos datos son especialmente relevante para España donde se está siguiendo una política errónea de reducción del empleo público y de gasto público, desaprovechando la oportunidad creada por la crisis de corregir el enorme déficit de empleo público en los servicios del estado del bienestar. España es el país de la UE.15 con el número más bajo de empleo público (6.5 empleos públicos por 100 habitantes, muy inferior a 14 en Suecia, 10 en Francia, 17 en Dinamarca y 12 en Finlandia, todos ellos países de gran eficiencia y competencia económica). La creación de empleo público en España reduciría el desempleo y facilitaría la recuperación económica.

Tal creación de empleo público debería financiarse a base de aumentar los impuestos de los grupos que se beneficiaron más en los años de exuberancia de los beneficios bancarios y empresariales y de las rentas superiores, permitiendo además una menor reducción del déficit fiscal. Incluso el gobierno de la Tercer Via del Sr. Brown en Gran Bretaña (que tiene un déficit de 13% del PIB, mayor que el español) está aumentando su gasto publico social aumentando el empleo público en su servicio Nacional de Salud (añadiendo 60.000 nuevos puestos de trabajo por año). Como el Sr Brown ha señalado “cortes en gasto y empleo público son erróneos y peligroso en estos momentos cuando necesitamos crear empleo”. ¿Hasta cuándo el pensamiento liberal continuará dominando las políticas públicas de la Unión Europea (incluyendo España)?


¿POR QUÉ ESTAMOS PEOR QUE NUNCA?

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"El naufragio del hombre", de Santiago Alba Rico 

y Carlos Fernández Liria

Pascual Serrano/Le Monde Diplomatique

Tras varias publicaciones conjuntas (Dejar de pensar, Volver a pensar, Cuba 2005), el tándem Santiago Alba Rico y Carlos Fernández Liria vuelve a reunirse en un libro que aborda nada menos que el futuro del hombre y la viabilidad del capitalismo.

Existen muchas obras que intentan describir la criminalidad del capitalismo, pero la primera parte de este libro, la que corresponde a Alba Rico, nos describe esa criminalidad desde la ética y los valores.

La tesis de Alba Rico es que el capitalismo ha llevado al hambre a todos los humanos del planeta: “Está el hambre de los que no tienen nada y el hambre de los que nunca tienen suficiente; el hambre de los que quieren algo y el hambre de los que quieren más: más carne, más petróleo, más automóviles, más teléfonos móviles, más imágenes, más juguetes y -también- una moralidad superior”.
 Esta tesis es posteriormente analizada por Fernández Liria para llegar a la conclusión de que las sociedades ricas han involucionado hacia antes del neolítico, puesto que “una sociedad que gasta todas sus energías en reproducirse ampliamente hasta el infinito es una sociedad tan primitiva (desde un punto de vista antropológico) como una sociedad que gasta todas sus energías en la pura subsistencia”. Si nos paramos un momento a pensar, comprobaremos que nuestro ritmo enloquecido de vida, de trabajo, de consumo, de acaparamiento de productos materiales, es el motivo por el que nuestro sistema democrático se encuentre inmovilizado y desactivado. Para poder desenvolvernos en una verdadera democracia el ciudadano debería tener tiempo, fuerzas y disposición para conocer las diferentes propuestas políticas, seguir de cerca la actividad de sus representantes, participar lo más posible en la vida política de su comunidad, esforzarse en conocer la información necesaria de los acontecimientos, tomar parte en las decisiones de su centro de trabajo, formarse cultural e intelectualmente y debatir sobre la realidad con sus iguales. 
El capitalismo, con su mecanismo para generar hambre compulsiva y la necesidad de trabajar desenfrenadamente para satisfacer ese hambre, impide que podamos desarrollar esas facetas imprescindibles para una democracia. Todas esas libertades y derechos conquistados desde la Ilustración se han ido por el desagüe, se han convertido en papel mojado, en mera coartada para que el sistema se legitime. Paradójicamente, el hombre moderno de los países ricos tiene más complicado reunirse para organizarse y movilizarse políticamente que el que sufría la represión bajo dictaduras. Estoy convencido de que había más reuniones políticas clandestinas durante el franquismo que hoy en libertad bajo el desenfreno capitalista. Como dice Alba, el “hambre” del capitalismo moderno hace imposible la conciencia, la resistencia y la solidaridad”. Esta tesis, y otras de similar contundencia, son las que los Santiago Alba Rico y Carlos Fernández Liria desarrollan a lo largo de El naufragio del hombre.

Es de agradecer encontrar juntos a los dos autores. Si bien es verdad que ambos cuentan con una valiosa obra individual, la sinergia de su encuentro no suma, sino que multiplica la lucidez de sus ensayos. De manera que, sin menospreciarlos por separado, pudiera aplicarse aquel eslogan del programa La bola de cristal, del que eran guionistas: “Solo no puedo, con amigos sí”. Por cierto, valdría la pena comparar las mentes de estos guionistas de programas de televisión infantiles de los años ochenta con los encargados ahora de la programación infantil.

Santiago Alba Rico y Carlos Fernández Liria. El naufragio del hombre. Hiru. Hondarribia 2010

EL DINERO ES (CASI) UN ESTORBO

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En esta genial conferencia sobre la motivación, Dan Pink (escritor especialista en nuevas tendencias empresariales) proclama con maestría que las personas rinden mejor gracias a la pasión que al dinero.

Pink (autor de best sellers como Una Nueva Mente o Johnny Bunko) comienza su charla diciendo que las empresas de hoy se están equivocando en la manera de motivar a sus empleados, al hacer caso omiso de lo que sobre este particular nos dicen las ciencias sociales. "Hay un desajuste entre lo que sabe la ciencia y lo que hacen las empresas", dice Pink.

Y lo que las ciencias sociales demuestran (con hechos probados por numerosas investigaciones sobre el comportamiento humano) es que las recompensas monetarias pueden concentrar la atención de la persona hacia un resultado concreto, pero a la postre le conducen hacia un camino lineal definido, de tal manera que estrecha su campo de visión y, por lo tanto, reduce su capacidad para resolver problemas abiertos y abstractos.



Cierto es que los incentivos monetarios funcionan bien ante las tareas mecánicas que conllevan objetivos específicos. Sin embargo, los estudiosos del comportamiento nos dicen que es contraproducente ofrecer estímulos monetarios ante tareas que requieren de creatividad o innovación, porque al parecer distrae a la mente de su habilidad para pensar libremente con creatividad.

Dicho de otro modo, aquellos que ante un dilema creativo trabajan por el placer de hacer las cosas bien, resuelven el problema de una manera más eficiente, flexible e imaginativa que aquellos que andan detrás de una recompensa en forma de dinero. Parece ser que trabajar pensando en el dinero puede tener un efecto perverso sobre el rendimiento.

Y como quiera que avanzamos hacia un mundo conceptual en el que la creación de valor requiere cada vez más de imaginación, creatividad y pasión, Pink se atreve a sostener que el dinero no debería seguir siendo la principal fuente de motivación de los empleados. Según él, la fe absoluta en la eficacia de las gratificaciones económicas es una reliquia de la era industrial que ya no nos sirve como modelo de motivación empresarial en el siglo XXI.

No confundamos: Pink no propone eliminar la retribución del empleado (la transferencia de final de mes sigue siendo esencial para sobrevivir y pagar la hipoteca). Más bien lo que viene a decir es que en un mundo donde la versatilidad y la creatividad son la base del éxito empresarial, la recompensa monetaria no producirá un rendimiento superior e incluso podría provocar un efecto contrario al deseado. En otras palabras, que ya no funciona el modelo de motivación convencional del palo y la zanahoria: ni el palo endereza, ni la zanahoria motiva como cabría esperar.

Afirma Pink que las empresas de hoy obtendrán mejores resultados de sus empleados por medio de un modelo de motivación más intrínseco que se base en la cultura del compromiso voluntario, en el gusto por el trabajo bien hecho. De hecho, el compromiso de buen grado es mucho más valioso para una organización que la obediencia resignada, y parece claro que las personas rendimos mejor (somos más creativas) gracias a la pasión que al dinero (como dijo el novelista inglés E.M. Forster: "Una persona con pasión es mejor que cuarenta simplemente interesadas").

En efecto, a las personas no les gusta ser un simple factor de producción al que le pagan por hacer lo que se le asigna y punto. Si en cambio les gusta sentirse queridos y valorados, formar parte de algo que valga la pena, ser comprometidos y participativos con una organización o comunidad con la que comparten unos mismos valores. De ello habla Pink, cuando menciona como el voluntariado colaborativo y altruista de la Wikipedia se ha devorado a la Enciclopedia Encarta creada por una élite bien remunerada.

Con todo, no nos equivoquemos: todo esto no es un alegato anárquico contra el capitalismo, sino más bien una relativización del poder del dinero. Yo mismo soy un buen ejemplo. Hace tiempo renuncié a un empleo bien remunerado porque no me gustaba lo que hacía (era broker de seguros). Buscaba un trabajo que me llenase. Y aunque hoy gano poco dinero con mi actual empleo (me gustaría ganar más, y creo que me lo merezco), lo cierto es que trabajo en lo que yo quiero (soy consultor de formación).

El caso es que lo que de verdad motiva es el orgullo por las cosas bien hechas. Y puestos a trabajar, la gente prefiere hacer aquello que siente que ha elegido libremente que aquello que sienten que se le obliga a hacer. En cierto modo, es preferible que los empleados se comprometan con las cosas en lugar de tener que asignar tareas. Como muy bien dice Gary Hamel en su excepcional obra El Futuro del Management: "Conseguir lo mejor de cada persona no significa controlarles más, y casi siempre significa dirigirles menos. Implica dar menos órdenes, preocuparse menos por el alineamiento e invertir menos tiempo supervisando a los demás".

En torno a este cambio de paradigma del management, Pink comenta el revolucionario ejemplo de Google, que más que asignar tareas cree en el compromiso del propio empleado, en su responsabilidad. Así, Google ofrece a todos sus empleados una buena dosis de autonomía, hasta el punto que cada empleado es libre para dedicar el 20% de su tiempo de trabajo a su pasión personal, su proyecto favorito, siempre y cuando cumpla con sus compromisos principales. Al fin y al cabo es una estrategia inteligente, toda vez que buena parte de las grandes innovaciones empresariales han comenzado como proyectos de tiempo libre.

 

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