CERRADO POR VACACIONES

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BANQUEROS UNIDOS...

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Antoni Serra

La sanción de la Administración de Obama a Goldman Sachs se interpreta como un triunfo del banco.

Lloyd Blankfein, el máximo ejecutivo del poderoso banco de negocios Goldman Sachs, respira aliviado. Ha llegado a un acuerdo con la Administración norteamericana que, de ser bendecido finalmente por el juez competente, cerraría la demanda que aquella presentó acusando a la entidad de engañar a sus clientes al ocultarles información sobre los riesgos de unos títulos en los que invirtieron sus ahorros. Solo tendría que abonar 550 millones de dólares, de los que 250 servirían para indemnizar a dos bancos que se vieron afectados negativamente por el oscurantismo y el resto iría a parar a las arcas del demandante.

En Wall Street la solución se interpreta como un triunfo del orgulloso Blankfein, el que se jactó de hacer el "trabajo de Dios" cuando la tormenta de las subprime estaba en su cénit, el que, para muchos, es la personificación de los excesos cometidos en los años de desenfreno liberal. A fin de cuentas, la suma solo representa el beneficio conseguido por la entidad en unas meras dos semanas en el año 2009 y es más o menos la mitad de la que los entendidos vaticinaban. Ante la noticia, en la bolsa las acciones de Goldman Sachs han subido. Y existe la convicción de que la poltrona hace escasos días tambaleante, ahora ha vuelto a asentarse con firmeza. En una reciente reunión con sus socios fue aclamado como un héroe.

Es cierto que aún le restan obstáculos por superar. La Administración tiene investigaciones en curso que podrían desembocar en nuevas imputaciones y son muchos los clientes y accionistas que han emprendido acciones civiles. La sangre no llegará al río.

El acuerdo entre Goldman y la Administración coincide con la aprobación por el Congreso de la discutida reforma de su sistema financiero. No ha sido un parto fácil. La resistencia opuesta por el poderoso lobi bancario, y muchos representantes del Partido Republicano, ha sido feroz y fueron muchos los millones de dólares gastados para evitar la promulgación de unas normas más restrictivas tendentes a evitar escándalos pasados.

Ante esta derrota, los bancos norteamericanos han reaccionado. Para compensar el efecto negativo que sobre los saldos de sus cuentas de resultados puede tener la nueva ordenación están hurgando en su redacción para exprimir todas las posibilidades de crear nuevas fuentes de beneficios que lo compensen. Para empezar, ya han subido las comisiones de todo tipo que devengarán las cuentas corrientes. Algunas entidades han situado la más simple, la de mantenimiento, en una pinza entre 2 y 15 dólares mensuales, importes muy superiores a los que privan por nuestros pagos. Pronto veremos una recomposición de los intermediarios financieros para que operaciones prohibidas a los bancos se canalicen por nuevas figuras.

La otra vía consiste en trasladar el pulso a Basilea, sede del Comité de Supervisión Bancaria al que el G-20 ha solicitado la redacción de una normativa internacional que incremente las exigencias de recursos propios y restrinja la asunción de riesgos de las compañías dedicadas al negocio bancario. Naturalmente, los expertos que defienden a los bancos auguran auténticas catástrofes si se tensan mucho las exigencias, como una caída del 3,5% en 2015 en el mundo desarrollado. Intentan que no se repita la derrota infligida por la tozudez de Obama.

Está por ver cuál será finalmente el veredicto. Pero el pacto tan favorable a Goldman en su tira y afloja con el regulador norteamericano no constituye un buen presagio. Como tampoco la noticia de que el Comité de Basilea haya aceptado un plazo de 10 años para que los bancos cubran los déficits de recursos propios. Bienvenida la prudencia, pero los responsables de la decisión no deben olvidar la gravedad de la crisis que aún nos azota, cuyo origen sitúan los expertos en la confianza del señor Bernanke, presidente de la Reserva Federal, de que los bancos sabrían autorregularse. No fue así. Hay que evitar una repetición de una historia de la que nadie, ni banqueros ni reguladores, puede enorgullecerse.

PARA TIEMPOS DE CRISIS

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Hace pocos días apareció en este blog un artículo sobre 'La Terapia del Shock'. Ahora gracias a un compañero y amigo que me ha pasado la información presento este vídeo, subtitulado en castellano, sobre el mismo tema, pero que al ser con imágenes tiene mayor impacto. Habla del libro de Naomí Klein sobre la doctrina del shock


EL NEOLIBERALISMO, CARACTERÍSTICAS Y EFECTOS

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Alberto Garzón

Para muchos, incluso entre la izquierda, el uso de la palabra neoliberalismo debería cesar por ser inapropiado. Según esta visión, el neoliberalismo es un concepto más ideológico que teórico, y sobre todo más político que económico. No es útil y tiene más de panfletario que de riguroso. A pesar de esa renuencia explícita por tantos, se trata, sin embargo, de un término ampliamente extendido y aceptado por incluso bastantes de quienes lo critican.

Sin negar que se ha convertido en un lugar común en el discurso de los militantes de izquierdas, formando parte demasiadas veces de discursos realmente vagos y ciertamente con poca base teórica, el concepto es para mí plenamente válido y adecuado. Eso es lo que trataré de hacer ver en este post, cuyo objetivo es, por lo tanto, reivindicar el uso del neoliberalismo como concepto e instrumento de análisis en economía.



Neoliberalismo como ideología y como configuración económica

Para la mayoría de los economistas críticos y las corrientes de pensamiento económico alternativo la crisis estructural de los años setenta marcó el inicio de una nueva etapa que se ha convenido en llamar neoliberal. Hablamos entonces de un cambio en la configuración de la economía capitalista, que desde el final de la segunda guerra mundial y hasta los años setenta había estado gestionada a partir de un ideario obtenido de las enseñanzas de Keynes. Esa etapa del capitalismo, apellidada dorada entre otras cosas por la inexistencia de crisis graves y por responder a un círculo virtuoso de crecimiento de salarios y crecimiento económico, entró en crisis y abrió la puerta a una nueva forma de comprender la sociedad.

El neoliberalismo es evidentemente una ideología, con un proyecto más o menos definido de cómo tiene que ser la sociedad, y sus bases pueden encontrarse en F. Hayek o M. Friedman. Pero el neoliberalismo es también la configuración resultante de aplicar un determinado tipo de políticas, las que fueron inspiradas por aquella ideología. El capitalismo no se articula siempre de la misma forma y sus instituciones cambian (las relaciones entre capital-trabajo, entre Estado-trabajo y otras…) bien como respuesta a su propia dinámica (como se suele postular desde la teoría marxista) o bien como resultado de políticas concretas (como afirman los teóricos poskeynesianos).

Desde la teoría económica marxista puede explicarse el neoliberalismo a partir de la óptica de clases, como el proyecto de las clases más ricas para recuperar unos espacios de poder político y económico que perdieron tras la segunda guerra mundial. Desde otros enfoques, complementarios en todo caso, el neoliberalismo es un nuevo régimen de acumulación (teoría regulacionista) o una nueva estructura social de acumulación (teóricos de la escuela radical). Hay diferencias al respecto de qué llevó al surgimiento del neoliberalismo como nueva forma de configuración capitalista y sobre su estabilidad a medio o largo plazo, pero no hay disensiones importantes a la hora de definir como tal una etapa muy bien caracterizada.

Caracterización del neoliberalismo

El neoliberalismo se impuso primero en Estados Unidos y en Reino Unido (aunque se experimentó previamente en el Chile de Pinochet), y su aplicación es muy distinta entre los países del mundo. No obstante, el patrón es el mismo y los efectos más similares que diferentes. Esa es la razón por la cual analizar el neoliberalismo estadounidense es especialmente útil, por ser la forma canónica del proyecto, para comprender esta nueva configuración. Para D. Kotz (2008), el neoliberalismo estadounidense tiene una serie de nueve características principales.

1. La desregulación del comercio y las finanzas, tanto en su nivel nacional como internacional.

2. La privatización de muchos servicios otrora brindados por el Estado.

3. La cesión por parte del Estado de su compromiso de regular activamente las condiciones macroeconómicas, especialmente en lo referente al empleo.

4. Brusca reducción en el gasto social.

5. Reducción de los impuestos aplicados a las empresas y familias.

6. Ataques desde el gobierno y las empresas a los sindicatos, desplazando el poder a favor del capital y debilitando la capacidad de negociación de los trabajadores.

7. Proliferación de los trabajos temporales sobre los trabajos fijos.

8. Competición desenfrenada entre las grandes empresas, en relación a un entorno menos agresivo propio de la configuración de posguerra.

9. Introducción de principios de mercado dentro de las grandes empresas, particularmente en lo referente a las remuneraciones de los trabajadores de más poder.

Esta caracterización es, como puede intuirse, adecuada para describir los desarrollos recientes en prácticamente todo el mundo capitalista, a pesar de que está pensada para la economía de Estados Unidos. Y es la combinación de estas características la que da lugar a una serie de efectos que el propio D. Kotz (2008) enumera también: creciente desigualdad, incremento de la importancia del sector financiero y sucesión de grandes burbujas de activos.

La creciente desigualdad

La creciente desigualdad es resultado de varios desarrollos. Por una parte, de la desregulación de sectores como el transporte y la comunicación y los consecuentes descensos salariales que allí tuvieron lugar. Por otra parte, la desregulación internacional de los flujos de capital acetuó la competencia entre países y presionó los salarios a la baja. La transferencia de trabajos desde el sector público hacia el sector privado también presionó los salarios a la baja en muchos casos. El cambio de objetivos de política monetaria (concentrándose en la inflación más que en el pleno empleo), y la naturalización del desempleo, condujo a una mayor tasa de parados y a lo que Marx denominó “ejército industrial de reserva”, empujando también los salarios a la baja. La reducción de los impuestos redujo la capacidad redistributiva del Estado, el cual además redujo los programas sociales cuyos beneficiarios eran generalmente los más necesitados. Los cambios en el mercado laboral, con los sindicatos golpeados por el Estado y las grandes empresas y con la proliferación de contratos basura, agudizó el deterioro de la capacidad de negociación de los trabajadores, algo que finalmente se tradujo en menores salarios. Finalmente, la mercantilización del interior de las grandes empresas presionó al alza los salarios de los grandes ejecutivos, mientras los salarios de los trabajadores más de base se mantuvieron estancados o en retroceso.

Aunque en este blog hemos visto evidencia empírica de algunos de estos efectos, que además son fácilmente perceptibles en los países desarrollados, Kotz señala algunos datos de importancia al respecto. Así, la producción por hora creció mucho más rápido (un 1′91% entre 1979 y 2007) que las ganancias de los trabajadores no supervisores (-0′04% para el mismo período). Incluso teniendo en cuenta a todos los trabajadores, la productividad creció por encima de los salarios (1′9% frente a 1′1%), lo que refleja un desplazamiento del excedente desde el trabajo hacia el capital. Algo que se verifica al comprobar que la tasa de crecimiento de los beneficios fue de un 4′6% entre 1979-2007 frente a una tasa de crecimiento de los salarios de un 2′0% para el mismo período. Finalmente, la desigualdad personal también se agudizó en todo este tiempo, ya que el 5% de los hogares más ricos tenía un 15′3% de la renta en 1979 y un 20′9% de la misma en 2007, mientras el 20% de los hogares más pobres tenían un 5′5% de la renta en 1979 y un 4% en 2007. Para más inri, el 0′01% de las familias más ricas recibía un 5% de la renta en 2005, un pico no alcanzado desde 1929.

Incremento de la importancia del sector financiero

Producto de la desregulación financiera, de la competición desenfrenada y de la mercantilización del interior de las grandes empresas llevaría a un nuevo contexto económico donde las finanzas ganarían importancia sobre la economía real. Se ha hablado definanciarización de la economía para describir este fenómeno que incluye la proliferación de nuevos mercados financieros (especialmente el de derivados) y de nuevos productos (CDOs, CDS, etc.) y agentes financieros (fondos de inversión colectiva, por ejemplo), a la vez que tanto hogares como sobre todo familias han quedado subsumidos por la lógica financiera cortoplacista.

Los altos empleados, cuya remuneración está vinculada al valor accionarial, se han preocupado más por incrementar los valores de las empresas en bolsa que por la actividad real de la empresa y su permanencia a medio y largo plazo. A su vez, la banca se ha transformado, cambiando progresivamente su actividad desde la recepción de depósitos hacia los negocios con derivados y hacia las comisiones, y el endeudamiento de hogares y empresas se ha convertido en un instrumento propulsor de la demanda agregada.

En general, la lógica cortoplacista (espoleada por la competencia) ha llevado a las corporaciones tanto financieras como no financieras a asumir prácticas mucho más arriesgadas y más rentables, desligándose de sus funciones propias en el capitalismo. Aunque la literatura al respecto es muy amplia y documentada, Kotz apunta brevemente que el porcentaje de beneficios de las instituciones financieras en el total de instituciones era de un 21′1% en 1979 y alcanzó el 41′2% en 2002, en pleno auge de la burbuja de internet.

Las burbujas de activos

Como resultado de los dos desarrollos anteriores, las burbujas de activos han encontrado un caldo de cultivo espectacular. El crecimiento de los beneficios sobre los salarios, la concentración del ingreso en familias ricas, la reunión de flujos de capital ociosos (en fondos de inversión, fondos de pensiones, hedge funds, etc.) ha llevado a promover burbujas en todas partes. Hay que recordar que este capital financiero responde con mayor radicalidad a la lógica de la rentabilidad (el ciclo corto marxista D-D’, es decir, dinero para obtener dinero) sin preocuparse por la economía subyacente y de la cual en última instancia depende. La desregulación financiera abrió el campo para que todo este dinero, gestionado por empresas que responden ante sus accionistas, se concentrara en diversos mercados, creando burbujas, en busca de rentabilidad.

Como veremos en futuros posts, pero como es fácil intuir, estas burbujas han posibilitado un endeudamiento creciente que ha permitido al capitalismo neoliberal funcionar más allá de los propios límites que impone la economía, pues ha permitido que el consumo pueda mantenerse a pesar de que los salarios se han estancado o han incluso retrocedido. Eso significa que la crisis financiera está profundamente enraizada en la desigualdad inherente al capitalismo neoliberal.

Conclusión

En este blog hemos hablado mucho, y hablaremos aún más, de neoliberalismo y financiarización, pero también de desigualdad y clases sociales. En realidad, son todos conceptos que me parecen especialmente útiles para comprender la sociedad actual, y particularmente las causas de la crisis financiera y económica que vivimos y -previsiblemente- viviremos. No cabe duda de que son todos fenómenos muy interrelacionados, y que deben estudiarse con cuidado por la gran cantidad de variables que median entre unos y otros. Las diferentes corrientes de pensamiento económico alternativo (poskeynesianos, radicales, regulacionistas, marxistas, etc.) nos brindan la oportunidad de sacar enseñanzas que en su mayor parte pueden integrarse en una explicación coherente y cierta.

A mi entender el uso del concepto neoliberalismo está plenamente justificado, tanto en su concepción ideológica como en su concepción económica. No importa que otros lo usen con otro propósito, menos descriptivo y más político, pues ambos usos son perfectamente legítimos. La economía no es un compartimento estanco de la política, sino parte necesaria de ella y los economistas tenemos, en mi opinión, un doble papel por cumplir. El de describir (más bien revelar) la realidad que nos rodea y el de concienciar a una población a la que se le ha privado de las herramientas fundamentales para saber cómo quieren organizarse como sociedad.

LA IMPERIOSA NECESIDAD DE SUBIR LOS IMPUESTOS

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Vicenç Navarro

Uno de los mitos que se reproduce en gran número de medios de información económica en España (reproducido también en los rotativos de mayor difusión del país) es que en momentos de recesión como el que ahora vivimos es importante no subir los impuestos, pues ello reduciría la demanda (al sustraer recursos a la renta disponible a la población) y con ello, el estímulo económico y la creación de empleo. En realidad, la teoría neoliberal indica que en momentos de recesión hay que bajar los impuestos a fin de estimular la demanda y el consumo. El Presidente Reagan fue el que introdujo esta teoría (a la cual se refirió el candidato Bush senior cuando competía con el candidato Reagan en las primarias del partido Republicano, como “voodoo economics”, es decir, economía de los brujos), reduciendo los impuestos (de la gente más rica) que, según él, estimularía la economía, generando más recursos al estado. La realidad es que tal reducción de impuestos a las rentas superiores creó un enorme déficit del estado, lo cual era, en realidad, el objetivo real de su política, utilizando este déficit para argumentar que había que reducir el gasto público (incluyendo el gasto público social) para disminuir y/o eliminar el déficit. Tal “voodoo” economics” se ha transformado en la política de los establishments europeos tales como el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Tal reducción de impuestos de los ricos originó, sin embargo, grandes déficits y una elevada deuda pública (tal como muestro en mi artículo “Las Políticas Fiscales Neoliberales”, Público, 08.07.10).


Este aumento de los déficits y la deuda pública se utiliza como argumento para exigir, ahora, una reducción del gasto público (incluyendo el social) con el fin de disminuir el déficit. Tal postura es parte integrante del dogma económico neoliberal, reproducido a base de fe y no de evidencia empírica que lo sustente.
La otra alternativa, la de subir los impuestos, es desechada, pues, se nos dice, disminuiría la demanda y el estímulo económico. Dado que la mayoría de la población prefiere pagar el número más bajo posible de impuestos, entonces, aquel mensaje cala y se incorpora rápidamente a la sabiduría convencional. Es así como los dogmas se producen y reproducen. Pero como siempre ocurre en nuestro país, un elemento clave para entender quién paga impuestos y cuánto pagan, es la clase social del contribuyente. La gente con más ingresos, los ricos, son los que tienen mayor capacidad de ahorro. Tienen tanto dinero que, incluso después de consumir (consumo de lujo) les queda bastante para ahorrar. Pero lo que se necesita ahora, en un momento de recesión, no es tanto que la gente ahorre, sino que gaste, consuma y estimule la economía.

Pues bien, el Estado debe conseguir dinero de los ricos (a base de aumentar sus impuestos, que han ido descendiendo durante todos estos años) y con tal dinero crear ocupación en los servicios públicos, que están muy poco desarrollados en España. Otro dogma neoliberal, también erróneo, que se promueve y reproduce en España, es que hay demasiados empleados públicos. Nada menos que todo un Ministro de Economía de un gobierno socialista, el Sr. Boyer, en una entrevista en El País (“Zapatero me escucha con interés”, 11.07.10), decía que el empleo público era demasiado alto en España, más alto que en Alemania (“El peso del PIB de la remuneración de los asalariados públicos es el 12% en España, mientras que en Alemania es el 7,5%”). Pero el Ministro Boyer no puede concluir de estas cifras que el número de empleados públicos sea más elevado en España que en Alemania. Si hubiera sido estudiante mío en la asignatura Políticas Públicas I, le habría suspendido. Es un caso claro de cómo no leer las estadísticas. Para comparar empleo público de España con Alemania, por ejemplo, hay que comparar manzanas con manzanas y no con peras. El hecho de que Alemania tenga menos empleados públicos es porque en el sistema de contabilidad nacional, el sector sanitario alemán no está contabilizado en las cifras de empleo del Estado. Al ser su sistema sanitario un Seguro Nacional de Salud en lugar de un Servicio Nacional de Salud, el empleo de tal sistema se contabiliza en un apartado distinto (ver “El empleo público en España no es excesivo. Los errores del informe sobre el coste de la Administración, de la EAE Business School”, de Vicenç Navarro, Marta Tur, Miquel Campa y Carlos Carrasco, en www.vnavarro.org, Sección: Economía Política). Cuando se incorpora tal empleo público sanitario alemán en el del Estado, entonces Alemania tiene un empleo público mayor que España. Tal error es semejante al que ocurriría si excluyéramos de la categoría de empleo público a los profesionales sanitarios, cuando la financiación sanitaria dependía de la Seguridad Social. Sería aconsejable que los economistas que dirigen la política económica del país diversificaran sus lecturas y no aceptaran automáticamente los informes procedentes de la banca y del mundo empresarial. De la misma manera que la industria farmacéutica tiene una enorme influencia en configurar la cultura médica (a través de patrocinar y financiar las revistas y congresos médicos), el capital financiero tiene una enorme influencia (junto con el mundo de las grandes empresas) en la cultura económica, a través de medidas semejantes. De ahí que la sabiduría convencional en círculos económicos esté muy influenciada por la Banca, situación que se acentúa todavía más en los gobiernos que se rodean de asesores procedentes o próximos a la banca o al Banco de España (el Vaticano del pensamiento liberal). El dato de que España tiene más empleo público que Alemania procede de un informe (de gran pobreza técnica) publicado por el IESE, financiado por la Banca. Y debido a la escasísima capacidad critica de los mayores medios de difusión del país, se reprodujo ampliamente. En el trabajo citado anteriormente, investigadores del Observatorio Social de España (OSE) mostramos los numerosos errores de tal informe. Pero en una situación que caracteriza la cultura neoliberal dominante en círculos económicos, tal aseveración continúa repitiéndose, ignorando la evidencia brumadora que la cuestiona. Yo rogaría al lector que cada vez que lea un artículo que registre aquella falsedad, le envíe al autor del mismo copia del trabajo del OSE. En realidad, pensaba abrir en mi blog (www.vnavarro.org) una sección (que iba a titular “los errores que se cometen en el discurso político y mediático español) para ir alertando al público de que se están tomando medidas en base a informaciones erróneas, pero tuve que abandonar la idea, pues era un número excesivo.

Todo lo dicho tiene gran importancia, porque lo que el Estado debería hacer es aumentar los impuestos para crear empleo. Si el estado central eliminara todas las reformas fiscales regresivas (que han beneficiado primordialmente a los ricos durante los últimos veinte años) podrían recogerse 66.000 millones de euros, con los cuales se podrían crear más de cuatro millones de puestos de trabajo. 

El lector se preguntará: ¿y por qué no se hace? Y la respuesta es el enorme poder de los lobbies económicos y el poder de clase (es decir, de los grupos más pudientes) que los poderes políticos (en teoría nuestros representantes) no se atreven a antagonizar. ¿Entiende usted lector, por qué las clases populares están cada vez más frustradas con nuestros representantes?

UN POCO DE HUMOR DE EL ROTO

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FERNANDO ALONSO Y FERRARI SE SALTAN LAS REGLAS; ¿CASUALIDAD QUE BOTÍN ESTÉ PRESENTE?

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rankia

“Hay que equipos que son algo más que un equipo. En ellos, no sólo se trata de ganar, sino de la forma en la que se hace. Sus colores hablan de su historia, de su ambición, de su fé en la victoria. Por eso los mejores siempre quieren formar parte de este equipo, porque esos colores te obligan a ser el mejor, pero también te ayudan a serlo. El Santander es uno de esos equipos: sólido, fiable, comprometido. Por eso, ya son más 4.200.000 clientes los que no pagan comisiones de servicio. Haz como yo, cámbiate para ganar”.

Este es el slogan de una de las campañas que Fernando Alonso ha realizado para el Banco Santander, a cuenta del patrocinio de la entidad financiera por el piloto de Fórmula uno en el contexto del patrocinio de Ferrari.
Ese anuncio fue el que apareció al finalizar el gran premio de Alemania en el que Fernando Alonso se ha encontrado inmerso en una polémica. Resulta que en las competiciones de Fórmula uno, existe una norma que prohíbe las normas de equipo. En la carrera los dos pilotos de Ferrari, marchaban primero y segundo. Fernando Alonso, iba segundo y atacó a Masa, pero este se defendió y hubo una primera comunicación en la que el piloto español avisó que era ridículo que Masa se defendiese. Lamentablemente en una competición, desde luego existen riesgos y lo que se busca es eso. ¿Qué puede ser que los dos integrantes de un equipo queden dañados?. Pues de eso se trata. Se trata de competir. ¿Ridículo?. Puede ser, pero se supone que hay unas normas que cumplir.

Posteriormente, se le dice a Masa: “Fernando Alonso va más rápido que tú, ¿lo entiendes?”. Por supuesto, lo que se estaba comunicando a Masa es que Fernando Alonso debía ganar y por tanto debería dejarse adelantar. Un par de vueltas después, el piloto Brasileño simplemente no aceleró y Fernando Alonso pudo pasar como quien adelanta a un tractor.

Por supuesto, está claro que para los intereses de Ferrari, era lo mejor, pero el caso es que existe una regla clara que se la han saltado a la torera. Por supuesto, en lo que va de campeonato, no es la primera vez y de hecho el gran beneficiado de cierto cachondeo con las reglas y los distintos castigos no es la escudería italiana, ni el piloto español. Pero el caso es que una acumulación de errores, jamás dan un acierto. Y que otros hagan trampas, no exculpa al tramposo, sino que empeora la situación general.

Existen mil motivos para defender que lo acontecido ha sido lo mejor para el equipo, que no fue injusto para Masa, y el caso es que siempre existen mil razones para justificar que nos saltemos las reglas.

Lo que se olvida con frecuencia es que la mera existencia de las reglas implican unos límites a las actuaciones de los participantes en cualquier carrera o en los integrantes de un sistema organizado, implica que a los participantes les interesa saltarse las reglas para obtener un beneficio. Evidentemente lo que interesaba al equipo era saltarse las normas y en consecuencia oiremos justificaciones de todo tipo en el sentido de que han hecho bien. Sin embargo, todo el interés para el equipo, es la peor defensa porque el sentido de la norma es tratar de fomentar la competición a costa de los intereses de los equipos.

Hoy hemos encontrado en el mundo del deporte un ejemplo de unas actuaciones que encontramos frecuentemente en el mundo económico, (que traté en su día en un post), y que se basa en usar la justificación de las reglas, (los intereses de los participantes limitados para salvaguardar o mejorar un sistema), para saltarse las reglas.

Pero el caso es que además resulta que en la retransmisión del gran premio, hemos visto frecuentemente al presidente del Banco Santander, y hay una cosa que me preocupa y mucho. No me refiero al papelón de Lobato, que se refiere a este personaje como Don Emilio Botín, que es algo que extraña, porque es la primera vez que oigo el Don en la boca de un periodista deportivo.

Pero desde luego en este caso, lo que me preocupa es la sensación de que está claro que a Emilio Botín, (me va a perdonar lobato que le quite el don), pudiera tener algo que ver en esta actuación. La verdad es que está claro que a la entidad le interesa que Alonso sea el campeón mundial, desde luego mucho más que Massa, (a pesar de que en Brasil también tenga negocio). Y está claro que el Banco Santander ha puesto mucho dinero en Ferrari, (tanto que ha logrado que la marca cambie el diseño de los coches, poniendo un blanco para poner el logo).

¿Podemos descartar que el patrocinador, que estaba con el equipo haya presionado a Ferrari?. Puede ser que alguien diga que soy un conspiranoico, (quizás sea cierto), pero ¿en serio podemos descartarlo?. El hecho de los mensajitos, todas las pruebas y toda la chapuza que ha sido la maniobra, no la puedo explicar desde un equipo que tuviese mínimamente planeado esto. La chapuza de la orden, la petición de perdón a Massa por radio, el mensaje en el que se le llamaba magnánimo. ¿Por qué no se hizo en los boxes?. Tardando un par de segundos más en cambiar las ruedas a Massa se hubiese solucionado. No parece muy probable que la intención inicial de Ferrari hubiese sido esta. ¿Qué cambió?.

¿Los perjuicios?. Un par de carreras antes, en una decisión en la que Fernando Alonso fue perjudicado por un cambalache, lo dijo claramente: “El público no ha venido a ver una carrera manipulada”. Y la propia entidad lo pone en el anuncio que he puesto al principio; “no se trata de ganar, sino de cómo se hace”. La sensación que queda ahora, tanto con Fernando Alonso, como con la entidad y la marca de coches es que el cómo se gana es “como sea”; da igual que sea legal o ilegal, que se cargue la competición o el sistema. Todo da igual.

Eso es lo grave de toda esta historia. Hace unos días he puesto un post acerca de la forma de ganar de la selección española, que creo que nos ha dado una lección espectacular. Hoy creo que también tenemos lección pero bastante menos edificante.

 

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